El imperio según Noam Chomsky I

08-05-11 |

A fines de 1950, cuando Estados Unidos, terminada la segunda guerra mundial, era la primera potencia militar y económica del mundo, y tenía el 50% de la riqueza del planeta con el 6% de la población, sus planificadores estratégicos trazaron líneas de acción para mantener esa situación de desequilibrio.

A fines de 1950, cuando Estados Unidos, terminada la segunda guerra mundial, era la primera potencia militar y económica del mundo, y tenía el 50% de la riqueza del planeta con el 6% de la población, sus planificadores estratégicos trazaron líneas de acción para mantener esa situación de desequilibrio.

Ese año, el memorandum 69 del Consejo Nacional de Seguridad requirió “sacrificio y disciplina” dentro de los Estados Unidos. Sacrificio para afrontar enormes gastos militares, disciplina para mantener raya las protestas por las reducciones en gastos sociales. También había que superar los “excesos de tolerancia” que permiten demasiada disensión interna.

Se trata de normas que estaban en marcha desde 1949, cuando el espionaje norteamericano en Europa oriental fue entregado a una red dirigida por Reinhard Gehlen, que había sido jefe de la inteligencia militar nazi en el frente del Este.

Esta red fue una parte de la alianza entre Estados Unidos y los nazis que pronto absorbió a muchos de los peores criminales y extendió sus operaciones a América Latina y otras partes.

Estas operaciones incluyeron un “ejército secreto” bajo los auspicios de los Estados Unidos y los nazis que intentaron proveer agentes y material militar a ejércitos que Hitler había establecido dentro de la Unión Soviética y Europa.

En 1948 el planificador norteamericano George Kennan, considerado “una paloma” dio a conocer el estudio 23 del planeamiento de la política. Para mantener la disparidad que favorecía a los Estados Unidos en el mundo, “tenemos que deshacernos de todo sentimentalismo y ensueño. Debemos cesar de hablar de objetivos vagos e irreales como los derechos humanos, el levantamiento de los niveles de vida y la democratización. Mientras menos nos estorben consignas idealistas, mejor”.

El estudio 23 era secreto. El público debía escuchar y escucha otra tonada, casi totalmente contraria. Para pacificarlo, y esto también estaba previsto, era necesario seguir bramando consignas idealistas, pero la “paloma”

Kennan hablaba solamente para planificadores como él.

En una conferencia con ministros de relaciones exteriores de Latinoamérica, Kennan recomendaba “proteger nuestras materias primas (de Latinoamérica).

Para eso había que combatir la “peligrosa herejía” de que el gobierno tiene responsabilidad directa en el bienestar del pueblo.

Los planeadores norteamericanos llaman a esta “peligrosa herejía” que consiste en suponer que el gobierno debe interesarse en su pueblo, “comunismo”. Y esta palabra, así definida, no se vincula con el marxismo ni con ninguna ideología en particular.

Ese comunismo puede estar relacionado con la iglesia, con comunidades de base o con cualquier otra cosa. Será comunismo si se interesa por el bienestar del pueblo y pone en peligro por esa vía los suministros de materias primas a la economía norteamericana.

Una vez más, los bramidos propagandísticos van en sentido contrario, pero tan pronto observamos el camino de los hechos, por ejemplo la política norteamericana en Centroamérica y el Caribe, vemos cuáles son los pasos reales, y cómo la política sigue a Kennan mientras la propaganda dice otra cosa.

En 1995 un grupo de estudio de alto nivel declaró que la amenaza esencial de las potencias comunistas (en el sentido amplio que acabamos de referir) es su negativa a cumplir el rol de servicio que los Estados Unidos necesitan de ellas.

Este rol es el de ser complementarias de la economía norteamericana, vale decir, poner sus recursos naturales y materias primas a disposición de los Estados Unidos.

Latinoamérica nunca “creó problemas”, es decir, jamás se negó a ser “complementaria”, pero los árabes y los orientales a veces se muestran reacios.

Ya Kennan preveía en la década de los 50 las dictaduras latinoamericanas que vendrían: “la respuesta final puede ser desagradable, pero no debemos titubear ante la represión policial de parte del gobierno local. Esto no es vergonzoso porque los comunistas (los que entienden que el gobierno debe preocuparse por el pueblo) son esencialmente traidores. Es mejor tener un régimen fuerte en el poder que un gobierno liberal si es indulgente y relajado y penetrado por comunistas”.

A pesar de su recomendación de apartar el sentimentalismo y el ensueño, Kennan sabe a quiénes habla y por eso les saca un peso de encima: no es vergonzoso “reprimir” a los “comunistas” porque son traidores. Además, el fascismo impulsado desde los Estados Unidos (El régimen fuerte preferible al liberal indulgente) es lo mejor.

Ya en los años 30, el presidente Wilson recordaba que la doctrina Monroe, “América para los americanos”, significaba que los Estados Unidos consideran sus propios intereses. “La integridad de otras naciones americanas es un incidente, no un fin”. Para Wilson, esta conclusión de la doctrina Monroe era “irrefutable” pero al mismo tiempo “impolítico” presentarla públicamente.

FCC