El imperio según Noam Chomsky II

11-05-11 |

Chomsky

Continúa el extracto de los pasajes más significativos de “Lo que realmente quiere el Tío Sam”, del lingüista norteamericano Noam Chomsky, resumen de buena parte de su obra política.

EL AREA GRANDE

El “área grande” es una amplia región del mundo que debe estar subordinada a las necesidades de la economía norteamericana, según decidieron ya durante la segunda guerra mundial los planificadores del Departamento de Estado y del Consejo de Relaciones Exteriores.

Debía incluir el hemisferio occidental, Europa occidental, el Oriente, el antiguo Imperio británico, los incomparables recursos energéticos del Oriente Medio, el resto del Tercer Mundo y de ser posible, todo el globo.

los países industriales iban a ser guiados por los “grandes talleres” Alemania y Japón, trabajando bajo la supervisión de los Estados Unidos.

El Tercer Mundo tenía asignada la función principal como fuente de materias primas y mercado para las sociedades capitalistas industriales. Debía ser “explotado” para la reconstrucción de Europa y el Japón.

La guerra de Vietman surgió de la necesidad de asegurar este papel de servicio (que consiste en “complementar” la economía norteamericana mediante la provisión de materias primas). Los nacionalistas no quisieron aceptar el papel asignado por los planificadores norteamericanos y por eso debían ser aplastados.

La amenaza no era que fueran a conquistar a nadie, sino que pudieran plantear un peligroso ejemplo de independencia nacional que inspiraría a otros países de la región.

….

Los planificadores se propusieron restaurar el orden tradicional, perturbado por las consecuencias de la guerra. Lo que se planteaba como obstáculo principal era la resistencia (popular) antifascista. Luego la suprimimos en todo el mundo, instalando en su lugar a fascistas y colaboradores nazis.

A veces eso requirió extrema violencia, pero otras veces bastaba con subvertir elecciones y con negar alimentos desesperadamente necesarios. La norma se fijó en 1942 cuando el presidente Roosevelt instaló al almirante francés Jean Darlan como gobernador general del toda el Africa del Norte. Darlan fue un importante colaborador nazi y autor de leyes antisemitas del gobierno de Vichy, en Francia. En Italia del sur, primera área liberada en la guerra, siguiendo consejos de Churchill Estados Unidos instaló una dictadura de derecha encabezada por el fascista de guerra, el mariscal Badoglio.

En Italia, donde la resistencia antifascista era muy fuerte, los Estados Unidos, por concejo del planificador Kennan, estudiaron una acción militar antes de las elecciones, para no correr riesgos, pero luego estimaron que la subversión electoral sería suficiente, y eso resultó correcto.

….

Un aspecto de la supresión de la resistencia antifascista por los Estados Unidos fue el reclutamiento de criminales de guerra, como Klaus Barbie, un oficial de las SS que fue jefe de la Gestapo en Lyon, donde se ganó el apodo de “carnicero de Lyon”. Aunque era responsable de crímenes monstruosos, el gobierno de los Estados Unidos le encargó espiar a los franceses. Cuando fue traído a Francia desde Latinoamérica en 1982 para ser juzgado como criminal de guerra, su utilización como agente fue explicada por el cuerpo de contrainteligencia del ejército norteamericano: “los conocimientos de Barbie se necesitaban enormemente. Sus actividades se dirigieron contra el partido comunista francés en la clandestinidad y la resis tencia”, que fueron luego blanco de la repersión de los libertadores norteamericanos.

Cuando se hizo difícil o imposible seguir protegiendo a estos “aliados” nazis, el gobierno norteamericano los llevó en secreto a los Estados Unidos o a Latinoamérica.

Allí se volvieron consejeros militares de estados policíacos sostenidos por los Estados Unidos con frecuencia siguiendo abiertamente el modelo del Tercer Reich.

….

Los Estados Unidos declaraban constantemente que la amenaza que enfrentaban era el nacionalismo del Tercer mundo, que llamaban “ultranacionalismo”. Los documentos los caracterizaban como regímenes que responden a las demandas populares de mejoras inmediatas de los bajos niveles de vida de las masas. Para combatir estos peligros en Latinoamérica, nada mejor que los aliados nazis.

Estados Unidos se alía con los militares, calificados como “los menos antiamericanos de todos los grupos políticos latinoamericanos” y consideran que se puede confiar en ellos “para aplastar a cualquier grupo indígena que se salga de línea”. Estados Unidos había estado dispuesto a tolerar alguna reforma social, como en Costa Rica, “sólo cuando los derechos del trabajo se suprimiesen y el clima para las inversiones extranjeras se preservase”.

Los métodos políticos para lograr estos fines no son muy bonitos. Lo que las fuerzas de la contra dirigidas por los Estados Unidos hicieron en Nicaragua, o lo que hacen nuestros representantes en El Salvador o Guatemala no sólo es matanza ordinaria. Un ejemplo importante es la tortura brutal, sádica -golpear bebés contra las rocas, colgar mujeres de los pies con los senos cortados y la cara desollada para que se desangren, cortar la cabeza de la gente y clavarla en estacas.

La finalidad es aplastar al nacionalismo y acabar con las fuerzas populares que podrían traer una democracia significativa.

FCC