El Día del Trabajador, tras nueve décadas del choque fatal

03-05-11 |

El grito obrero se extendía por todos los rincones entrerrianos, y explotó a los balazos en la tragedia de Gualeguaychú, hace hoy 90 años. Fue una jornada violenta y sangrienta. En eso le hizo honor a la fecha, aquel Primero de Mayo de 1921.

Pero cuadraba con la época porque la ebullición obrera daba a los poderosos no pocos dolores de cabeza, y la represión y los choques estaban a la orden del día.

Las luchas obreras entrerrianas comenzaron complejas y duras. Las persecuciones en tiempos supuestamente democráticos o durante gobiernos de facto fueron moneda corriente. Persecuciones, claro, desde los gobiernos o desde las patronales (generalmente más o menos lo mismo). Y a muerte.

Hoy recordamos tres sitios y momentos de esas luchas, con los versos del uruguayense Raúl Fernández, los relatos del diamantino Ángel Borda, y los sucesos de Gualeguaychú, en el aniversario 90 del sangriento ataque de las Ligas Patrióticas contra una manifestación de obreros de la Federación Obrera Departamental –FOD- en la plaza.

Disputarse el Día

Los hombres de a caballo contra los de a pie. La disputa: un paño rojo que los propietarios ya no soportaban. Y es que amenazaba sus intereses de clase, y por eso la tenían de enemiga de la “patria”.

Hablábamos hace pocas horas con el abogado Darío Carrazza, autor de la obra ¡Gualeguaychú 1921 – Plaza de muerte”, que presentó el viernes una segunda edición, en el sur entrerriano.

“Las Ligas Patrióticas fueron un primer intento de alianza de clases, y en el meeting del hipódromo aquel 1ro. de Mayo participó gran parte de la sociedad de Gualeguaychú. Fueron a festejar el ‘Día del trabajo libre’, porque decían que el trabajo libre empezó con la Constitución y que la Constitución arrancó un primero de mayo con el Pronunciamiento de Urquiza. En realidad eran sectores oligarcas que buscaban preservar intereses, pero ese era su discurso, incluso Manuel Carlés (jefe de los liguistas) empezó su discurso en el hipódromo con la expresión ‘Señores trabajadores’. Iban a disputar representatividad”.

Para Carrazza está probado que murieron cuatro obreros y un policía. Para Ateo Jordán, hijo del militante anarquista Ángel Jordán, los muertos fueron 19 pero los familiares de dos de ellos prefieren no hablar, de modo que cuenta 17.

La vieja bandera

Los obreros conmemoraban el Día de los Trabajadores en la Plaza Independencia (hoy  plaza San Martín) de Gualeguaychú, y los liguistas (propietarios, peones y muchos otros ciudadanos), también el Día de los Trabajadores Libres que hacían coincidir con el Pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, subraya Carrazza.

Las autoridades habían autorizado las manifestaciones a buena distancia, pero cientos de hombres de a caballo se fueron a la plaza y el choque se hizo inevitable.

Ateo Jordán aún conserva la bandera roja de la Federación Obrera Departamental –FOD-, que los obreros se negaron a arriar en aquella jornada fatal. La cuida, la guarda como un tesoro. Deshilachada, muy ajada porque estuvo años escondida, una y otra vez, enterrada por el propio Angel Jordán, su padre gremialista de los panaderos, para que los poderosos no se la secuestraran, hoy la bandera luce viva aún y Ateo anda incluso con una réplica para que el manoseo no termine de destruirla.

A 90 años de aquel envión de las luchas obreras, resistido por los sectores conservadores podemos mirar ya aquellos hechos con alguna distancia, y valorar los esfuerzos por la organización de las clases más desfavorecidas, y la difusión de sus derechos.

Balas y machetes

Los estudiosos de la zona ya han hablado de una sangría. Berón un balazo en el hombro derecho; Mernes un balazo en la espina dorsal; Calvares una herida en la nariz; Contreras dos balazos en la pierna derecha; Rodríguez un balazo en la espalda; Palacios un balazo en la pierna izquierda; Navarros, herida de bala; Moreyra un hachazo en la cabeza; Silva un balazo en la nuca; Peruchena herido de bala; el agente Urristi muerto instantáneamente con un balazo en la cabeza; Solari herido en una pierna; Gadea herido en la pierna; Timón un balazo en el vientre; Blanco herido de bala; Duarte dos balazos en el pulmón; Sobral herido de bala en una pierna; Aguire, balazo en el brazo; Barrios balazo en la mano…

Tremendos encontronazos habían ocurrido ya en el país. Los reclamos obreros (principalmente las 8 horas de trabajo) eran resistidos por la patronal (generalmente ingleses en la tala del monte, ingleses en las estancias de ovejas, ingleses en las fábricas, ingleses en los ferrocarriles, ingleses en los frigoríficos y en el transporte marítimo), apoyados por miembros de la burguesía y de la oligarquía argentina reunidos en las Ligas Patrióticas, de corte nacionalista, anticomunista.

En Rosario cayó la primera víctima del movimiento obrero argentino. Al austríaco Cosme Budislavich lo voltearon con una bala en la nuca en 1901. En Buenos Aires los reclamos se hicieron sangre en la llamada “Semana Roja” de 1909, que concluyó con represiones masivas ordenadas por el famoso coronel Ramón Falcón. El jefe pagaría su violencia en manos del obrero Simón Radowitzky, símbolo de las luchas populares primeras. (Como después el obrero Kurt Wilckens mataría al coronel Héctor Varela, represor de la Patagonia, por razones similares).

Los esquiladores de la Patagonia, los obrajeros de La Forestal en el norte de Santa Fe (entre los que tuvieron protagonismo militante también los entrerrianos, empezando por nuestro vecino Ángel Borda), los mensú en los yerbatales, miles de trabajadores en medios de transporte, en industrias, entraban en ebullición en la Argentina con el auge socialista en el mundo.

Eran encabezados por luchadores que serían perseguidos por la ley de residencia, dictada para disuadir a los trabajadores inmigrantes con la amenaza de expulsión del país.

Como Budislavich, Radowitzky y Wilckens, sobresalieron los nombres de José Font (el carrero entrerriano apodado Facón Grande asesinado en la Patagonia), Eusebio Mañasco (obrero yerbatero, el mensú), y varios más.

La “Semana Trágica” de 1919 se llevó casi mil vidas, desde las movidas obreras en la fábrica Vasena, y el año 21 llegaría con alta temperatura a Villaguay primero y con sangre, a Gualeguaychú en seguida y con más sangre.

Fuente: Diario UNO

 

El tajo auroral

El socialista uruguayense Raúl Fernández publicó en 1942 su obra “Payada de un federal”, en la que enlazó las proclamas independentistas de la banda roja Artiguista con las protestas obreras. Toda una novedad.

Algunos versos: “Las arcadas de aversión/ que mi altivez desencajan/ cuando las frentes se bajan/ hasta los pies del mandón./ Los enormes desalientos/ en que se hunde mi entereza,/ al no hallar una pureza/ a prueba de ofrecimientos”.

“En mí vuelcan su basura/ de miasmas insoportables,/ los hogares miserables/ que tejió la desventura…/ De hogares tristes, proscriptos,/ donde el frío entra en los huesos/ y la madre acalla a besos/ el hambre de sus hijitos./ De hogares negros, insanos,/ ¡hogares no, cuevas viles/ donde forjan sus perfiles/ los desperdicios humanos!”.

De estas inquietudes hondas pasa Raúl Fernández al origen de las luchas sociales: “El artiguismo, tal cual/ es teoría y es acción,/ él es la revolución/ de Mayo en su faz social”.

Y luego de explicar las motivaciones de la banda roja en la independencia, muestra que también expresa las luchas obreras: “Rojo, color de pasión/ de protesta justiciera,/ hoy la universal bandera/ de la humana redención:/ con su brochazo de fuego,/ cruzó el gaucho el patrio emblema,/ porque era un eco su lema/ del inmenso humano ruego”.

Fernández, estudiado por el profesor Jorge Villanova, explica en el mismo poema las Instrucciones del año XIII, y vuelve: “Fue con estas ‘Instrucciones’/ que marcharon mis paisanos/ a derrocar los tiranos/ e impedirles sus traiciones./ Ellas cumplen el prodigio/ -regla histórica no hay duda-:/ ‘la chusma mugrienta y ruda’/ salvando nuestro prestigio./ Ellas forjaron la hueste/ con su temple federal,/ aquel del tajo auroral/ cruzando el blanco y celeste”.

La primera huelga de hacheros

En una vasta extensión, el bosque estaba raleado. Era un obraje en huelga. Estaba silencioso; los hacheros habían dejado numerosos árboles tumbados, sin desgajar. En los hoyos cavados para descubrir las raíces, el agua estaba teñida de rojo por el tanino que afloraba de los troncos rajados. Dispersos y sin concierto se amontonaban, cercanos a la huella de los carros, infinidad de postes labrados, estacones y recortes troceados.

Fue la primera huelga de hacheros en la provincia, algo insólito para aquella época.

Ocurrió en los campos de la Compañía XX… El capital extranjero y vernáculo afirmaba allí la dura garra, indiferente a la belleza del bosque y al dolor del hachero.

Y era una primavera estremecida y total, fuerte, y salvaje. Era también la portadora, insensiblemente alegre, del mensaje vital ante cuyos designios toda pena queda ignorada.

Los hacheros tenían hambre y necesidad de justicia. Habían avizorado un camino y hacían uso de él. El camino era la lucha, lucharon pues, por medio de aquella huelga en cuya acción pusieron toda la energía de que eran capaces.

Hasta aquí, un fragmento del relato de Ángel Borda sobre una huelga en el cuento “El Chevo”. El final será duro y premonitorio.

La obra “Perfil de un libertario” del diamantino Borda es un monumento a las luchas de los trabajadores.

A Borda no le cuesta, él mismo ejerció los más diversos oficios y siempre en lucha y perseguido, junto a sus compañeros anarquistas, y además de olfato muestra un singular talento para el relato.

Lo de Borda no tiene desperdicios. “Hoy he insultado al capataz./ ¡Por fin soy un hombre y he vencido/ la cobarde timidez que me aplastaba!/ Lo mandé al reverendísimo carajo/ y le hubiera aplastado la nariz”.

Y luego: “Entiendan bien señores ricachones:/ den gracias a sus dioses cogotudos/ y rueguen por la salvación de los pescuezos/ sus cabezas, sus barrigas y sus millones”.

Una biografía de Borda recuerda que se entregó a las luchas obreras desde su juventud, estuvo con los hacheros en los sucesos de La Forestal y fue organizador de recordados movimientos sindicales en el país.

Dice La Vanguardia del 27 de marzo de 1980 bajo el título Sensible baja: “Genuino hijo de la tierra entrerriana, con sangre india en sus venas, desde muy joven interpretó los anhelos del pueblo trabajador. Sin perder su condición de trabajador  modesto, Borda cultivó su espíritu empapándose en la literatura y el arte y redactó manifiestos, relatos, ensayos y memorias”.