Zurdo y Verdad, igualados en sus patas largas…

16-07-12 |

El litoral entero estará en el teatro de Paraná, convocado por el libro sobre Miguel Martínez, el espíritu del Zurdo, y una selección de artistas jamás reunidos en una noche así. Martes de música, martes de Martínez.Todos por la música en Paraná. Actuarán desde las 21 horas en el Teatro, con entrada libre y gratuita: Carlos Negro Aguirre, Ernesto Méndez, Silvina López, Marino Frezetti, Chela Martínez, José Bulos, Juan Martín Caraballo, Gustavo Reynoso, Flavio Valdez, Ariel Cardoso, María Silva, Alfredo Ibarrola, Tamvos, Coro de la UNER dirigido por Abel E. Schaller; y se apreciará un anticipo de la película El Zurdo, de Claudia Regina Martínez.

Confluencias para una velada histórica en el Teatro 3 de Febrero

En el escenario, los poetas, los cantantes, los amigos, los músicos. En el auditorio, los vecinos, los amigos también, los compañeros; los amantes del arte y del ambiente sano. Aquí y allá los defensores de la América libre, los cultores de la isla al natural y la rueda de mate.

Será una noche inolvidable en el Teatro 3 de Febrero. Hay que estar allí. Tal vez esta dosis vigorosa nos ayude a comprender, sin discursos, la honda complejidad de la entrerrianía, el tremendo mensaje del litoral a través de su hijo, Miguel Ángel Martínez, el Zurdo, y de su mentor y amigo, el poeta nogoyasero Juan Manuel Alfaro.

Tenemos que estar en el teatro. Hay que invitar a los jóvenes, hay que invitar a los viejos, será una prueba de lo que puede la lealtad al arte y al pueblo, resumida en un hijo de Paraná que Juan Manuel Alfaro pinta desde adentro en su obra.

Nos invitan los músicos, nos invita Alfaro, pero nosotros seremos también los autoconvocados porque la bandera Zurdo Martínez nos expresa a todos: paranaenses, santafesinos, entrerrianos, orientales, correntinos, latinoamericanos en suma. Tierra adentro, costa, entre bulevares, barrio. La cita es este martes a las 21 en el Teatro. Increíble: el encuentro más caro al corazón, y gratis.

Si alguien quiere conocer las honduras de Paraná en América, de los entrerrianos en su salsa, aquí está su oportunidad. Hay otras, pero esta será única.

Y será una noche de dolor también, por qué negarlo, pero la ausencia física de Miguel Ángel Martínez provocará una extraordinaria presencia espiritual del Zurdo entero, con su arte y su prédica y su ejemplo. Entonces será una noche de alegría y de vida.

La guitarra y el canto con fundamento, pero también la austeridad adentro y afuera, y el compromiso con los pájaros, los peces, las flores; la naturaleza y su música.

¿Quién no se siente convocado para este martes? Cualquiera que toque dos acordes en la guitarra estará allí. Cualquiera que guste del chamamé, cualquiera que disfrute los versos nuestros, la charla en la orilla, la sombra de un sauce; cualquiera que putee contra el colonialismo, cualquiera que se chifle una milonga en la vereda, cualquiera que se quiera conocer y quiera amar sin recetas. Nadie afuera.

Universidad de Alsina

Los jóvenes que fueron y son la energía que inspira al Zurdo, las mujeres a quienes les cantó los “Recuerdos del portezuelo”: la convocatoria es amplia, es para todos.

“Nunca le dije nada, pero qué lindo; siento un dulzor amargo cuando me acuerdo… Parezco mucho y soy poco, esperemos y esperemos”.

Don Ata sabrá disculparnos, pero deje nomás: los Recuerdos del Portezuelo son hoy del Zurdo; este canto al amor callado suena entrerrianísimo y dice mucho por estos pagos en la voz grave del solista paranasero. Con esas letras de Yupanqui enseñó el Zurdo a amar y respetar a la mujer, y en ella al pueblo, desde esa universidad enorme en la pequeña casa de la calle Alsina, que interpela a tantas burocracias porque se circunscribe a un living de tres por tres y un patio para respirar (donde otros ven tapiales) la libertad y la dignidad de los que allí habitan. Sencillita la receta académica: un rincón y un mate.

Hay que ir al Teatro este martes, hay que calentar hasta la última de las butacas para devolverle al Zurdo el calor que prodigó. Hay que sacarse de encima las divisiones tontas, pasajeras, los prejuicios, y ver en este encuentro la unidad cierta y posible.

Allí estará el litoral en América, allí el Paraguay, allí el Chaco, allí Formosa;  allí la Misiones de Ramón Ayala, allí el Río Grande do Sul del Contrabantista ‘e frontera del oriental Pancho Viera porque allí estará hondamente el Uruguay también de Sampayo; allí la Corrientes cambá, allí el Entre Ríos de Víctor Velázquez, la Santa Fe del Chacho Müller y Julio Migno. Y allí por supuesto la Patagonia que supo meterse en el mundo zurdeño y le ayudó a nuestro artista a mitigar alguna indiferencia de sus vecindad.

El libro y la amistad

Músicos de hoy evocando a los de ayer, temas de siempre, arte sin fronteras y sin tiempo, todo para una velada que plantará un mojón inolvidable en el cancionero del litoral.

El Zurdo, la obra recién salida del horno del poeta Juan Manuel Alfaro (La dama con el unicornio), será la excusa perfecta y Miguel Ángel Martínez, el Zurdo, estará con nosotros sobre el escenario, qué duda cabe.

Alfaro escribió El Zurdo al lado de su amigo de modo que estamos ante una biografía cabal, casi diríamos una autobiografía y no sólo porque Miguel Martínez pudo repasar esas páginas en la tranquilidad de su sillón de totoras, sino por los años y las intensidades que compartieron el escritor mediterráneo y el músico orillero.

Ellos dos, con otra media docena de paranaseros, amigos de la poesía, la guitarra, la isla, el pescado frito, en fin, la vida en la naturaleza. Y mucho de eso hay en el nuevo libro publicado por la Editorial de Entre Ríos, mucho de eso decimos, porque la obra de Miguel Martínez y su vida misma se multiplican en cada uno de los artistas, amigos, discípulos, compañeros y familiares que compartieron vivencias, melodías o debates con el gran artista de Paraná y pilar, además, de la resistencia a la penetración cultural imperialista en este suelo. (Severo en ambos asuntos severo, cuando no empacado).

Llegan los que están

No hay que decirlo, siquiera, pero para la velada ya vienen llegando los que nunca se fueron: Atahualpa Yupanqui, Walter Heinze y el Polo Martínez en primera fila, con Aníbal Sampayo, el Chacho Muller, Suma Paz, Marcelino Román, Linares y otro puñado de artistas a quienes el Zurdo Martínez se supo hermanado.

Al saber del encuentro de este martes a las 21 nos vienen la voz, los gestos, las obstinaciones por qué no decirlo, de ese Miguel Martínez que celebraba la vida fogoneando el arte universal, la identidad latinoamericana y la salud del ambiente, y fusilando, sin pelos en la lengua, los atropellos del capitalismo y la mediocridad y la corrupción que, a su juicio, van de la mano.

Nos vino su disposición para escuchar, para preguntar, siempre tratando de encontrarle el meollo al asunto, metido hasta el tuétano en el Abya Yala que él llamó América Criolla, como aprendió de Marcelino.

Miguel Martínez era yupanquiano antes de nacer. Desde antes que naciera Atahualpa, incluso, si se puede. Y compartía con Suma Paz y pocos más la simbiosis con el mundo de Yupanqui.

Decenas de escenarios y aulas lo escucharon decir América, decir Yupanqui, decir El canto del viento. Bien cerca de las Minga Ayala, bien lejos de los gobernantes.

Esa confluencia de amor al arte, amor a la naturaleza, amor a la identidad regional sin chauvinismos y sin límites ficticios; amor a la unidad de los pueblos de este continente y amor a la emancipación, con firmes convicciones anticapitalistas, esa confluencia fue y sigue siendo una fuente de inspiración para los lugareños que incluso crearon un centro de estudios para explorar y cultivar esas líneas, y lo fundaron con el Zurdo un 23 de mayo. En esa fecha murieron Atahualpa Yupanqui y el Chacho Müller, dos guías.

Melodías de la costa

El espíritu zurdeño está presente en los encuentros del Foro Ecologista, la Asociación Añangarecó de la isla Curupí, la Junta Americana por los Pueblos Libres, la Asociación Gremial del Magisterio, la Asociación Mariano Moreno, la Fundación Yupanqui, y de no pocas instituciones y tenidas artísticas, más aún si se dan en la costa, o en las ruedas de mate en La Soñada junto al arroyo Las Tunas: allí se está insinuando la Escuela Libre Zurdo Martínez, con debates sobre Artigas, Yupanqui y el Zurdo, la identidad regional, el capitalismo, temas cosechados en el centro de las inquietudes de Miguel Martínez.

Si como dicen nuestros pueblos antiguos, en una rueda de mate se hacen presentes los antepasados y por eso uno no puede enrarecer el aire que respira con macanas, lo que tendremos este martes en el Teatro será esa rueda de mate, a invitación de la familia del Zurdo y Juan Manuel Alfaro, y con una selección de artistas nuestros como quizá nunca se reunió, de modo que nos estamos poniendo en ambiente porque los homenajeados seremos nosotros.

Ya le estamos hincando el diente a la obra de Alfaro pero la verdad, tuvimos acceso a algunos de sus borradores que revelan una recopilación bien ajustada al genio del artista.

Sus composiciones musicales, varias de sus letras preferidas, sus desvelos políticos; las influencias artísticas que recibió y dejó, el contexto artístico en que se desenvolvió, los latiguillos de sus conversaciones referidos al arte o a su gran desvelo: la unidad de los pueblos latinoamericanos, con un norte bien definido: Cuba revolucionaria.

Textos de Guillermo Alfieri, Juan Falú, Abel Schaller, Ana María Martínez; versos arrancados a los pájaros por el propio Zurdo que nos legó el verbo curupisiar… La obra de Alfaro hace justicia.

Empezando por Aguirre

Escuchamos a Carlos Aguirre, el Negro, con Cecilia Todd en el teatro. Qué artistas, los dos, qué velada linda. Arte y más arte, nada de lugares comunes. Arte.

A la Todd la conocemos hace cuántas décadas y sabemos de su voz suave hecha para cantar a Juan L. Ortiz  (no sé si lo cantó alguna vez, pero podría); lo mismo que su personal selección de ritmos y letras y melodías de la honda Venezuela.

No hizo más que ratificar sus dotes excepcionales y fue un gusto saber que el paso de los años no hace mella en su voz delicada.

Confesaremos en cambio que al Negro lo teníamos ahí, como esperándolo, qué torpes; y que fue el Zurdo mismo el que nos advirtió que estábamos ante un talento excepcional.

Buen momento, pues, para arrepentirnos de nuevo (ya lo hicimos) y pedirnos disculpas. El Negro Aguirre presentó con la Todd un par de temas propios sobresalientes, que si no fuera por el mercado reinante debieran sonar en todas nuestras radios y así los chiflaríamos en la vereda y los compartiríamos en las ruedas de mate. A tal punto nos ha impactado su obra, que ya no podremos dar los nombres de un par de artistas entrerrianos de la música si no decimos Negro Aguirre.

Los sonidos del piano, los acordes de su guitarra, su voz inconfundible con un amplísimo registro, su libertad desafiante para componer y para entregar una obra…

Hay uno con letra de Walter Heinze que él musicalizó y que aconsejamos particularmente. De verdad que el Negro, embajador de la entrerrianía, está para no perdérselo.

Y lo decimos porque esta columna se refiere al homenaje que los poetas, cantantes y músicos realizarán al Zurdo, provocados por la obra de Alfaro, y resulta que de entrada leemos en el anuncio los nombres que el Zurdo seleccionaría, sin lugar a dudas, porque no desaprovechaba un momento para aplaudir, así, en rueda de amigos, a los jóvenes artistas que admiraba, como Aguirre, Marino Frezetti, Silvina López, y qué decir de su hija Chela, entre otros que no enumeraremos porque siempre nos faltará alguien.

Él entendía que los Eduardo Falú, Juan Falú, Omar Moreno Palacios; los Yupanqui, los Heinze, tenían continuadores en los rincones menos esperados, y que si Temperley dio un Carlos Moscardini, Oro Verde un Ernesto Méndez, Paraná un Mauricio Lafferrara, por nombrar algunos de los que mencionaba con frecuencia.

Poesía, música, amor, convicciones, y un compacto de amigos del arte y del Zurdo para honrar a la patria grande. Nadie espere que se lo cuenten: hay que estar allí.

Por el “Cielito de la provincia”, por la “Madrugada del pescador”, por “La barca encostada”, hay que estar allí. Por “Paraná, mi pueblo”, por el “Fogón de ausencia”.

Con las patas en el suelo, repetía el Zurdo, pero aquí diremos con las patas largas. Si los artistas de ocasión, las cositas a la ligera, tienen patas cortas como la mentira, este martes podremos comprobar cómo el arte nace con patas largas y no precisa atajos, ni palmadas lisonjeras ni mercadeos para trascender.

Diario UNO, 16/07/2012 –  Daniel Tirso Fiorotto