El Poder Financiero

15-07-13 |

Escribe: Fortunato Calderón Correa. Miembro de la Junta Americana por los Pueblos Libres.
Fuente: Observatorio Antiimperialista Manuel Ugarte. 14 de julio de 2013.-

La cuestión de la concentración financiera y el poder del dinero, debido a su homogeneidad y a su capacidad para expresar en cantidades puras todos los valores entendidos como cuantitativos, a reducir todo a su medida, viene siendo advertida y expuesta desde hace tiempo, cada vez con más urgencia.

En los orígenes de este desarrollo -o involución según se mire- por su precaria posición en Europa después de la diáspora, los judíos apelaron a los préstamos a interés, las letras de cambio, al dinero fiduciario que multiplicaba el respaldado con oro y otros procedimientos que abrieron el camino a la especulación actual,  porque era casi el único que les dejaron abierto los cristianos.

Hoy, el método no hace “distinción de  narices”, como decía Nietzsche de la lógica. Nadie deja de especular si puede y los 140 invitados anuales al Club Bilderberg, los hombres más ricos o más influyentes  del mundo, no tienen que demostrar raza pura sino poder suficiente para ser “elegidos”.

Está fuera de duda la importancia creciente del capital financiero, su carácter homoneneizador, la cuantificación que implica y  que iba a desembocar en  una dominación mundial esclavizadora, tal como Monsanto y Syngenta ya están haciendo con los agricultores y con la alimentación de la humanidad, un buen punto de partida para el control financiero total.

Pero no se trata ya de un gobierno mundial, sino de una empresa mundial y del mundo administrado como una empresa por un poder que no necesitará de los políticos. Por ahora, éstos son figurones a las órdenes del poder financiero, pero llegará el momento en que ya no serán útiles y serán invitados a retirarse del escenario.

El grupo Bilderberg nació oficialmente en mayo de 1954, cuando su reunión en Oosterbeek, Holanda, su  primera conferencia con la participación de 100  figuras del mundo económico, político, académico y mediático. La reunión se celebró en el hotel Bilderberg, de donde derivó el nombre del grupo.

El comunicado al final de la reunión decía que el propósito era  fortalecer la unidad atlántica, frenar el expansionismo soviético y  fomentar la cooperación y el desarrollo económico de los países occidentales. Hasta aquí, el relato encubridor. El propósito desnudo era  terminar poco a poco con las soberanías nacionales, estorbos para la libre circulación del capital, y transferir el poder estatal a instituciones oligárquicas supranacionales.

El ideólogo inicial del grupo fue  José Retinger. De él, el príncipe Bernardo de Holanda,  que llamó a la reunión inicial del grupo en 1954, dijo que era aquel tipo de hombres “cuya influencia es  todavía mayor”, (que la de otros más famosos), incidiendo con su personalidad en el tiempo en que vivieron, aunque no son conocidos, pese a todo, más que por un círculo de iniciados muy restringido”

La calificación de “iniciados” que merece el grupo indica algo sobre su naturaleza a la vez esotérica y profana. El esoterismo tradicional apunta ante todo a la calidad, y el grupo Bilderberg es su contrafigura, su fin propio era y es el desarrollo en el sentido de la cantidad pura, a la nivelación bajo un poder absoluto.

Retinger era un polaco aventurero  nacido en  1887. Se radicó en los Estados Unidos al fin de la Segunda Guerra Mundial  para construir el movimiento europeísta. En mayo de 1946 creó la Liga Europea de Colaboración Económica. Algunos de sus integrantes eran   John McCloy (Bilderberg, Chase Manhattan Bank), Averell Harriman (Bilderberg, Pilgrims, The Order), George Franklin (Bilderberg, Trilateral), John Foster Dulles (Bilderberg), William Wiseman (socio de la Banca Khun&Loeb), M. Leffingwelle (socio de la Banca Morgan),  y Nelson y David Rockefeller.

Luego creó el congreso de Europa y más tarde  el Consejo de Europa, entidades de raíz económica con fines políticos hegemónicos. Fue decisiva su participación en el Movimiento Europeo, una institución que trató de implantar un gobierno europeo supranacional, siguiendo el propósito que se hicieron los líderes nazis durante la guerra, siguiendo primero a Napoleón, más lejos al Sacro Imperio Romano Germánico y antes a Roma.

Todo lo que fundaba Retinger  era una expresión del poder de las oligarquías financieras con el propósito de unirlas, darles cohesión y hacerlas perfectamente consciente  de una meta y un propósito bien definido.

Para no dejar dudas, la Comisión Europea dio un informe que anticipaba que quince multinacionales se repartirán el “mercado único” europeo: Allianz A.G., Mediobanca, Lazard Partners, S.G.Warburg, Lambert Group, Swiss Re., Credit Suisse, Shearson, Credit Lyonnais, Deutche Bank, National Nederlandem, Barklays Bank, Assicurazioni Generale y Zurich Insurance.

Finalmente, Retinger concibió y creó el  grupo Bilderberg “para la unión atlántica”.

Como comentario aparte, es digno de mencionar que por el Atlántico llegó la invasión de los pueblos americanos por esa Europa que era el objeto destacado de los esmeros de Retinger, por el Atlántico se fue el oro y la plata de América a Europa y por el Atlántico llegaron a América los esclavos negros.

El Atlántico fue escenario de un comercio inicuo, a diferencia del Pacífico, por donde tradicionalmente los pueblos  comerciaban sobre la base del respeto mutuo. Retinger solo seguía la valoración histórica del Atlántico, al que los antiguos llamaban “la mar tenebrosa”.

Sin embargo, en todas estas construcciones Retinger era un tecnócrata operador, alguien con capacidad de organización que respondía a uno o varios plutócatas patrocinadores, sin los cuales no se entiende el éxito del tecnócrata.

Detrás de Retinger estaban   la casa Rothschild, el Trust Huntington,  la Banca Morgan y David Rockefeller.

Hasta 1976, el grupo Bilderberg  estuvo presidido por el  príncipe Bernardo de Holanda. La casa de Orange, la casa real holandesa, es propietaria de las mayores fortunas del mundo, y ahora es argentina gracias a la reina Máxima. Esto solo mide la incurable tilinguería y la misión de la prensa para deslumbrar con espejitos de colores.

Como organizaciones semisecretas o muy reservadas como el Grupo Bilderberg no deben ser noticia sino producir noticias cuyo origen debe permanecer oscuro, el príncipe Bernadro dejó la presidencia cuando se involucró en un escándalo con la compañía Lockheed. Fue reemplazado por  Douglas Home, titular del Foreing Office británico. Luego vinieron  Walter Scheel  y más adelante el presidente de la República Federal Alemana, que asumió la jefatura hasta 1985

Algunos miembros destacados de Bilderber pertenecen también a Comisión Trilateral y al Consejo de Relaciones Exteriores. Ejemplos son  David Rockefeller, George Bush, Zbigniew Brzezinski, Robert McNamara, Henry Kissinger, Caspar Weinberger, Bill Clinton, George Ball, asociado de la banca Lehmann Brothers, Cyrus Sulzberger, editorialista del New York Times, y Heddy Donovan, redactor jefe de la revista Time.

El príncipe Bernardo hizo referencia al carácter “iniciático” del grupo Bilderberg. Esto significa que la “verdad” esencial no es revelada a todos sino de acuerdo con la situación que tienen en la entidad. Los conocedores a fondo son los 39 miembros permanentes del “steering committe”. Luego, hacia el exterior, hay dos “círculos” más, que si queremos podemos tomar como parodia de la Divina Comedia del Dante, o más rectamente, como expresión de sus círculos infernales.

En el círculo   externo están los  miembros asistentes a las conferencias periódicas, una parte permanentes y otros invitados ocasionales. El segundo círculo interno y es el  “Bilderberg Advisory Committee”

En 1991 el Grupo, reunido en Baden Baden, Alemania, celebró la guerra norteamericana contra Iraq como un medio de sacar a los Estados Unidos del nacionalismo. El propio Henry Kissinger, el que planeó el golpe de Pinochet en Chile siguiendo su doctrina del “efecto dominó”,  celebró que la invasión haya sido acordada en las naciones unidas antes de pasar por cl congreso.  “Si los americanos pueden ser persuadidos de traspasar las decisiones bélicas a la ONU, los nacionalismos de vía estrecha de Francia, Gran Bretaña o cualquier otro país desaparecerán”, dijo jubiloso Kissinger. Como la ONU es un organismo títere de los Estados Unidos, todo cerraba a la perfección.

Bilderger, entre sus actividades lúdicas, juega a la guerra. Se trata de tener pensada y organizada la respuesta que se dará ante cualquier cuestión que moleste los fines del grupo y merezca una respuesta militar, como sabemos se hizo en Bosnia, en Libia, en Iraq, en Siria y se hará posiblemente en Irán.

Estos juegos se desarrollan en varias universidades norteamericanas, todos financiadas por una de las sociedades dominadas por los plutócratas, que lleva el nombre positivista de “The Order”. Hay también “juegos políticos” complementarios, como financiar elecciones, promover campañas de prensa, elevar y rebajar personajes políticos a medida.

Si bien las teorías conspirativas molestan porque se fundan en el dualismo maniqueo entre el bien y el mal, los débiles y los poderosos y terminan en una simplificación  que tiene alguna función tranquilizadora, algunas de sus denuncias no parecen objetables al tenor de los hechos.

Uno de los más claros es la tendencia de un grupo reducido de plutócratas a hacerse con el control de la alimentación del mundo, al punto de que si  esa tendencia sigue, los agricultores serán esclavos de las multinacioneles y nadie podrá comer sin permiso de Monsanto.

Un periodista que sigue los pasos del Grupo, adscripto a las explicaciones conspirativas, Daniel Estulin,  señaló que el Grupo Bilderberg “ necesita hacerse con el control de toda la alimentación y para ello necesita destrozar toda la economía mundial para poder reducir la población mundial” (Disminuir el número de habitantes del mundo)

La conclusión no parece del todo desencaminada desde que prácticas para reducir la población mundial se vienen practicando mediante “misioneros” religiosos norteamericanos en lugares como la Amazonia, que debe ser de los menos poblados del planeta. Más que reducir la población allí, lo que se busca es exterminar a los tribus indígenas, porque cuando desaparezcan sus tierras pasarán a propiedad pública, según las leyes brasileñas que abren el camino del exterminio.

Pero uno de los más conocidos miembros del Grupo Bilderberg, Bill Gates, tiene una fundación “benefactora y humanitaria” que ha producido vacunas contra enfermedades contagiosas que, de paso, esterilizan a las adolescentes que las reciben en el Tercer Mundo. Y obras benéficas similares han estado a cargo de fundaciones de Warren Buffet, que donó con estos fines  la mitad de su fortuna.

Ambos fueron elogiados y tomados como modelos por funcionarios del gobierno provincial como demostración de que el capitalismo tiene una vertiente “humanitaria”, cuando él mismo es un producto del “humanismo” renacentista.

“El progreso y el desarrollo de la sociedad es directamente proporcional a la densidad de población. Si hay progreso en el desarrollo tecnológico, somos muchos más, habrá más riqueza, más personas y menos comida para todos. Y para que David Rockefeller, que es una metáfora del poder, pueda comer, nosotros de alguna forma tendríamos que desaparecer”, explicó Estulin en uno de sus libros, con referencia a los dientes tan grandes que tiene Rockefeller y a su estómago tan exigente y omnívoro.

“Y esto es uno de los principales puntos de los que están hablando en la esfera de los problemas de la alimentación. No están buscando una forma de solucionar el problema, todo lo contrario: asegurarse de que matan a cuantas más personas mejor”, remató.

Una finalidad actual de Bilderberg es quedarse con los recursos de Irán. Con ese fin, la propaganda hace ver que un plan  para tener desarrollo atómico es un peligro infinito, cuando la potencia “amenazada” tiene miles de bombas, misiles, submarinos nucleares y una tendencia marcada a usarlos, y además es la única que tiró bombas atómicas sobre la población civil en Hiroshima y Nagasaki.

Los invitados a la última reunión del Grupo son, de acuerdo con las “filtraciones” habituales.

Presidente de la reunión: Henri de Castries, presidente y consejero delegado de AXA.

Paul M. Achleitner, presidente del consejo de supervisión del Deutsche Bank.

Josef Ackermann, presidente del consejo de Zurich Insurance.

Marcus Agius, ex presidente de Barclays.

Helen Alexander, presidente de UBM.

Roger C. Altman, presidente ejecutivo de Evercore Partners.

Matti Apunen, director de EVA.

Susan Athey, profesora de economía en la Escuela de Negocios de Stanford.

Asli Aydintasbas, columnista del periódico turco Milliyet.

Ali Babacan, viceprimer ministro turco para asuntos económicos.

Ed Balls, número dos de los laboristas británicos.

Francisco Pinto Balsemão, presidente y consejero delegado de IMPRESA, y ex primer ministro portugués.

Nicolas Barré, director del diario económico francés Les Echos.

José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea.

Nicolas Baverez, directivo del bufete de abogados Gibson, Dunn & Crutcher.

Olivier de Bavinchove, jefe del Eurocuerpo y exjefe de Estado Mayor de las FFAA francesas.

John Bell, profesor de la Universidad de Oxford.

Franco Bernabè, presidente y consejero delegado de Telecom Italia.

Jeff Bezos, consejero delegado de Amazon.

Carl Bildt, ministro sueco de Exteriores.

Anders Borg, ministro sueco de Finanzas.

Jean François van Boxmeer, consejero delegado de Heineken.

Svein Richard Brandtzæg, presidente y consejero delegado de Norsk Hydro.

Oscar Bronner, editor del diario austriaco Der Standard.

Peter Carrington, ex presidente honorario de las reuniones del Grupo Bilderberg.

Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo Prisa.

Edmund Clark, presidente y consejero delegado de TD Bank Group.

Kenneth Clarke, miembro del parlamento británico.

Bjarne Corydon, ministro danés de Hacienda.

Sherard Cowper-Coles, director de desarrollo de negocios internacionales de BAE Systems.

Enrico Cucchiani, consejero delegado de Intesa Sanpaolo.

Etienne Davignon, ministro belga y expresidente de las reuniones del Grupo Bilderberg.

Ian Davis, directivo de McKinsey.

Robbert H. Dijkgraaf, director y profesor del Institute for Advanced Study.

Haluk Dinçer, presidente de Sabanci Holding.

Robert Dudley, consejero delegado de BP.

Nicholas N. Eberstadt, responsable de política económica del American Enterprise Institute.

Espen Barth Eide, ministro noruego de Exteriores.

Börje Ekholm, presidente y consejero delegado de Investor AB.

Thomas Enders, consejero delegado de EADS.

J. Michael Evans, vicepresidente de Goldman Sachs.

Ulrik Federspiel, vicepresidente ejecutivo de Haldor Topsøe.

Martin S. Feldstein, profesor de economía de la Universidad de Harvard.

François Fillon, exprimer ministro francés.

Mark C. Fishman, presidente del Instituto de Investigación biomédica Novartis.

Douglas J. Flint, presidente de HSBC.

Paul Gallagher, exfiscal general de Irlanda.

Timothy Geithner, ex secretario del Tesoro de EE.UU.

Michael Gfoeller, consultor de asuntos políticos de EE.UU.

Donald E. Graham, presidente y consejero delegado de The Washington Post.

Ulrich Grillo, consejero delegado de Grillo-Werke.

Lilli Gruber, periodista italiana del canal La 7 TV.

Luis de Guindos, ministro español de Economía.

Stuart Gulliver, consejero delegado de HSBC.

Felix Gutzwiller, miembro del Consejo Suizo de Estados.

Victor Halberstadt, profesor de economía de la universidad de Leiden University.

Olli Heinonen, académico del Belfer Center for Science and International Affairs, de Harvard.

Simon Henry, director financiero de Royal Dutch Shell.

Paul Hermelin, presidente y consejero delegado del Grupo Capgemini.

Pablo Isla, presidente y consejero delegado de Inditex.

Kenneth M. Jacobs, presidente y consejero delegado de Lazard.

James A. Johnson, presidente de Johnson Capital Partners.

Thomas J. Jordan, presidente del Consejo del Swiss National Bank.

Vernon E. Jordan, Jr., director ejecutivo de Lazard Freres & Co.

Robert D. Kaplan, analista gepolítico jefe de Stratfor.

Alex Karp, consejero delegado de Palantir Technologies.

John Kerr, miembro de la Cámara de los Lores.

Henry Kissinger, presidente de Kissinger Associates y ex secretario de Estado norteamericano.

Klaus Kleinfeld, presidente y consejero delegado de Alcoa.

Klaas H.W. Knot, presidente de De Nederlandsche Bank.

Mustafa V Koç,. presidente de Koç Holding.

Roland Koch, consejero delegado de Bilfinger.

Henry R. Kravis, presidente y consejero delegado de Kohlberg Kravis Roberts & Co.

Marie-Josée Kravis, académico del Hudson Institute.

André Kudelski, presidente y consejero delegado del Grupo Kudelski.

Ulysses Kyriacopoulos, presidente de S&B Industrial Minerals.

Christine Lagarde, directora del FMI.

J. Kurt Lauk, presidente del Consejo Económico de la CDU alemana.

Lawrence Lessig, profesor de la Facultad de Derecho de Harvard.

Thomas Leysen, presidente del Consejo de Directores del Grupo KBC.

Christian Lindner, exsecretario general del Partido Liberal alemán.

Stefan Löfven, líder del Partido Socialdemócrata sueco.

Peter Löscher, presidente y consejero delegado de Siemens.

Peter Mandelson, presidente de Lazard International y exministro en los Gobiernos de Blair y Brown.

Jessica T. Mathews, presidente del Carnegie Endowment for International Peace.

Frank McKenna, presidente de Brookfield Asset Management.

John Micklethwait, director de The Economist.

Thierry de Montbrial, presidente del Instituto Francés de Relaciones Internacionales.

Mario Monti, exprimer ministro italiano.

Craig J. Mundie, consejero principal del consejero delegado de Microsoft.

Alberto Nagel, consejero delegado de Mediobanca.

Princesa Beatriz de Holanda.

Andrew Y.Ng, cofundador de Coursera.

Jorma Ollila, presidente de Royal Dutch Shell.

Omand, profesor del King’s College de Londres.

George Osborne, ministro británico de Hacienda.

Emanuele Ottolenghi, académico de la Foundation for Defense of Democracies.

Soli Özel, profesor de la universidad Kadir Has y columnista del periódico turco Habertürk.

Alexis Papahelas, director del periódico griego Kathimerini.

Safak Pavey, diputado turco.

Valérie Pécresse, diputada francesa.

Richard N. Perle, académico del American Enterprise Institute y ex subsecretario del Pentágono.

David H. Petraeus, exdirector de la CIA.

Paulo Portas, viceministro portugués de Exteriores.

J. Robert S Prichard, presidente de Torys.

Viviane Reding, vicepresidenta y comisaria de Justicia de la Comisión Europea.

Heather M. Reisman, consejero delegado de Indigo Books & Music.

Hélène Rey, profesor de economía de la London Business School.

Simon Robertson, abogado de Partner, Robertson Robey Associates y vicepresidente de HSBC.

Gianfelice Rocca, presidente del Grupo Techint.

Jacek Rostowski, viceprimer ministro y ministro polaco de Hacienda.

Robert E. Rubin, copresidente del Council on Foreign Relations y exsecretario del Tesoro de EEUU.

Mark Rutte, primer ministro de Holanda.

 

Andreas Schieder, ministro de Hacienda de Austria.

Eric E. Schmidt, presidente ejecutivo de Google.

Rudolf Scholten, miembro del Consejo de Directores del Oesterreichische Kontrollbank.

António José Seguro, secretario general del Partido Socialista Portugués.

Jean-Dominique Senard, consejero delegado del grupo Michelin.

Kristin Skogen Lund, directora general de la Confederación de Empresas Noruegas.

Anne-Marie Slaughter, profesora de la universidad de Princeton.

Peter D. Sutherland, presidente de Goldman Sachs International.

Martin Taylor, expresidente de Syngenta.

Tidjane Thiam, consejero delegado de Prudential.

Peter A. Thiel, presidente de Thiel Capital.

Craig B. Thompson, presidente y consejero delegado del Centro contra el Cáncer Memorial Sloan-Kettering.

Jakob Haldor Topsøe, directivo de AMBROX Capital.

Jutta Urpilainen, ministra finlandesa de Hacienda.

Daniel L. Vasella, presidente honorario de Novartis.

Peter R. Voser, consejero delegado de Royal Dutch Shell.

Brad Wall, primer ministro de la provincia canadiense de Saskatchewan.

Jacob Wallenberg, presidente de Investor.

Kevin Warsh, académico del The Hoover Institution en la universidad de Stanford.

Galen G.Weston, presidente ejecutivo de Loblaw Companies.

Baronesa Williams of Crosby, miembro de la Cámara de los Lores.

Martin H. Wolf, columnista del Financial Times.

James D. Wolfensohn, presidente y consejero delegado de Wolfensohn, y expresidente del Banco Mundial.

David Wright, vicepresidente de Barclays.

Robert B. Zoellick, académico del Peterson Institute for International Economics y expresidente del Banco Mundial.