BICENTENARIO DE LA BATALLA DEL ESPINILLO

22-02-14 |

En el bicentenario de la Batalla del Espinillo, los miembros de la Junta Americana por los Pueblos Libres nos reunimos hoy a orillas de este arroyo que le dio nombre para saludar a nuestros combatientes que supieron interpretar el mandato de la historia milenaria de este suelo y nos alumbran un camino.

1814 – 22 DE FEBRERO – 2014


Rueda de mate en el bicentenario de la Batalla del Espinillo


*Vida al federalismo artiguista que hoy la oligarquía gobernante pretende sepultar, o falsear. Basta de neo unitarismo.

*Recuperación de la soberanía originaria para garantizar la unidad con los pueblos hermanos de Nuestra América.  unidad. No uniformidad. División jamás.

*Vida comunitaria según la tradición milenaria de Abya yala.

*Respeto a la biodiversidad y a la interacción hombre – naturaleza.

*Sumak Kawsay – Buen vivir.

*Economía sustentable con austeridad, libre de la trampa consumista.

*Educación para la emancipación.

*Vida a los estudiantes y los trabajadores. Que seamos ¡tan ilustrados como  valientes!

*Vida a la república agraviada.

*Basta de plutocracia y de multinacionales, brazos del imperialismo.

*Muera el latifundio, basta de capitalismo colonial.

*No al fraude de los pagadores seriales de deudas fraudulentas.

*Guerra a la corrupción de gobiernos en sociedad con el gran capital.

*Conciencia frente al apego del poder por el relato falso.

*Trabajo digno y sostenible para todos. *Por la definitiva independencia.

¡FEDERALES!, NO SIERVOS

Venimos como quien vuelve por aire limpio.

Esta fecha histórica y este lugar nos ayudan a tomar conciencia de nuestra condición, y a analizar serenamente las causas de una situación inquietante que padecen hoy los pueblos de la región amenazados por las cadenas del capitalismo globalizado. Nos preocupa muy particularmente la encerrona a la que son sometidos tantos jóvenes, privados de una dimensión integral de la vida; privados de ámbitos para cultivar el conocimiento, de trabajo genuino, de un lugar en relación con la naturaleza, cuando no hacinados, desterrados, abandonados, y en algunos casos asaltados por los estupefacientes.

El 22 de Febrero de 1814 echó raíz definitivamente el federalismo en estos pagos. Federalismo es la potencia de la fusión entre la unidad y la libertad de los pueblos, con el respaldo de una honda historia comunitaria (jamás capitalista, y prevenida de cualquier forma de esclavitud).

Fruto de aquella rebelión contra un poder unitario y arbitrario nació Entre Ríos como región soberana.

Al cumplirse 200 años de esa gesta de la resistencia, que se condensa en la Batalla del Espinillo, venimos a renovar el compromiso con la independencia, en la línea de las Instrucciones del año 13. Y contra los atropellos de la metrópolis, que la oligarquía se empeña en continuar y profundizar por distintas vías. A eso se debe el hambre en muchas familias, los desarraigos en amplios sectores de nuestra población y el desquicio en el ambiente.

Venimos a poner nombre a los nuevos invasores. A denunciar las nuevas intrigas y los modernos engaños que pretenden preservar el régimen de opresión del capital financiero. ¿Estamos dispuestos a mirar profundamente y ver aquí, en el litoral, los tentáculos de esa opresión?

La Batalla del Espinillo es la expresión de la identidad antigua y viva de este suelo, que subyace a las fronteras actuales. Los orígenes de esa identidad se pierden en el fondo de la historia milenaria de Abya yala, nuestro continente, y no reconocen límites tampoco entre la cultura y la naturaleza. Por eso nuestro enfoque de la vida  contiene el canto del pájaro, la voz del poeta y el estruendo del combate por el bien común.

Como hecho violento, la batalla es un eslabón en la cadena de luchas por la emancipación, en el centro de la revolución liderada por José Artigas.

PAISAJICIDIO

La independencia que nos debemos hoy está asociada a la tradición de las culturas de Abya yala. Hay una relación indivisible entre la especie humana y la naturaleza, una complejidad maravillosa que el régimen establecido y sus intereses espurios y sectarios ignoran y destruyen.

Las luchas por la libertad del hombre se extienden a la libertad y dignidad del paisaje (del que somos parte, y en donde nos complementamos). Lo decimos porque los gobiernos están encaminados al paisajicidio. Un paisajicidio que mata al hombre.

Bajo los designios de la oligarquía (atada al imperialismo) que tiene una cabeza inmensa en Buenos Aires y extiende sus tentáculos a todos los rincones, la metrópolis desvió en estos 200 años los objetivos de la nación. Buenos Aires jamás debió ser la capital. La revolución federal tenía razón también en esto.

Dijo José Artigas: “La soberanía particular de los pueblos es el único objeto de nuestra Revolución”.

La soberanía originaria de nuestras regiones llamadas provincias es la soberanía de los pueblos integrados en el paisaje. Nada allí es superfluo ni deleznable. Urge recuperar esa legítima soberanía originaria de nuestras regiones para ponerla al servicio de la unidad de los pueblos antiimperialistas de Nuestra América. Soberanía para la unidad. Nunca para la división y los desencuentros.

El unitarismo rivadaviano y mitrista (que sigue con distintos nombres en el gobierno y domina el sistema) carece de aptitudes para estimar esa unidad. Busca confundirnos y dividirnos. Es un régimen político que subordina a los pueblos del país, y que a su vez está subordinado a los intereses de las potencias. El unitarismo debe ser combatido, como la oligarquía que lo sostiene y que se impone por la fuerza del dinero, las intrigas, los incumplimientos, el soborno y otras estafas.

El sistema económico, como la recaudación y la distribución de fondos, son expresiones de un fraude mayúsculo a nuestra historia. La coparticipación es fruto de un golpe de estado. Naturalizarla es un gravísimo error. También es un fraude la manipulación de las leyes al servicio de los sectores de poder y contra sectores populares, obreros, pequeños productores, desocupados y clases medias.

La oligarquía es una pesada herencia que suele gobernar también a través de una burguesía acomodada, enquistada en partidos mayoritarios que se turnan, convertidos en instrumentos del sistema. A no engañarse: algunos de nuestros gobernantes no son miembros de la oligarquía ni regentean multinacionales, pero son sí sus mejores operadores y socios.

Los impuestos acumulados sobre los alimentos, en cualquiera de los eslabones de la cadena, constituyen el mejor ejemplo de que los gobiernos trabajan para cuidar intereses de los ricos.

La soberanía es una meta para el buen vivir de todos (sumak kawsay) y en relación de intercambio en paz con los pueblos del mundo. Debe ser entendida en su dimensión espiritual, territorial, cultural y social, empezando en términos prácticos por reunir los esfuerzos de nuestras comunidades para la expulsión del inglés de las Malvinas (del mismo modo que hace 200 años nos exigimos luchar por la libertad de territorios hermanos bajo el imperio de España o Portugal).

También nos llama a expulsar mecanismos o actitudes propias del capitalismo, como el consumismo, de nuestras comunidades y hábitos. Y eso sin descuidar la tradición libertaria de esta región. La oligarquía centralista no doblegará, con sus falsas historias pagas, 500 años de resistencia a muerte, y tampoco doblegará el mandato de la revolución federal: que los desamparados sean los privilegiados.

El imperio prepara sus sistemas bélicos, incluso en nuestro propio territorio como ocurre en Malvinas, para arrasar con los pueblos que se le opongan. Sus socios irrumpen en nuestras vidas con dinero y propaganda, y nos degradan con dos plagas muy efectivas: la ignorancia y el divisionismo. Para eso invade medios masivos, instituciones, incluso la escuela puesta al servicio del sistema (esto sin menospreciar el esfuerzo y el talento de tantos trabajadores, que podrían ser una base para la necesaria educación libertadora). El régimen nos quiere quietos, mientras deposita los huevos con los que pretende eternizar su parasitismo.

Uno de los problemas más graves de la actualidad, el energético, punto neurálgico que revela la enfermedad del sistema, debe ser estudiado a la luz de las tradiciones genuinas de la humanidad en el Abya yala. En la Liga de los Pueblos Libres podemos aprender de la austeridad del Protector José Artigas, contra la destrucción que impone occidente; y de la armonía del hombre en la naturaleza, que no deja margen para el extractivismo y la contaminación.

No es difícil advertir, así, el carácter reaccionario de los gobiernos de hoy.

De la energía también hablan nuestras inquietudes por la soberanía alimentaria, la biodiversidad, la diversidad productiva, los cultivos orgánicos y en cercanía y el reparto de la tierra para una economía sustentable, temas de nuestra Convocatoria a la presentación de ensayos en homenaje a la Batalla del Espinillo.

El capitalismo le hace propaganda a las tecnologías y máquinas impuestas por el mercado, al alto consumo, la ganancia, en fin: al llamado primer mundo. Pero la juventud de nuestras comunidades está en el conocimiento, la gauchada, el arte en todas sus manifestaciones; está en el deporte, la solidaridad, la cooperación, las mateadas, el trabajo digno, la meditación serena y agradecida, los oficios transmitidos de generación en generación, la economía sostenible, la vida austera ligada al pastizal, el humedal, el monte, y los ríos.

El arte mismo está expuesto a trabas, cuando el estado se dedica a promover una ruidosa seudo cultura farandulera y centralista, con fondos millonarios para la banalidad, en el mismo sentido que el capital privado, y bien lejos de Yupanqui. No olvidemos que don Atahualpa llama a dar al pueblo lo que merece, o sea, lo mejor.

También la vida comunitaria está jaqueada por varios flancos, porque en algunos barrios usados para depósitos humanos se han liberado espacios al narcotráfico, nada menos. Y sabemos que una violencia así no se alcanza sin aliados en el gobierno. Paraná es ejemplo de esa sociedad que denunciamos y deploramos.

Este régimen se expresa con brutalidad en el dominio del hombre por el hombre, en la marginación y el destierro, y en la degradación de nuestros ecosistemas. Y se sostiene bajo la mirada huidiza, sino el aliento, de políticos, empresarios, catedráticos, medios masivos y economistas, y también de curas, obispos, pastores y rabinos que atienden consecuencias y no causas. Con honrosas excepciones.

La deuda externa e interna que cruza la historia argentina y se hace particularmente nociva desde la dictadura de Videla hasta el año 2014 enhebra a todos los gobiernos. Esta modalidad de dominación no puede estar ausente del debate independentista. A diferencia de lo que hacen estos gobiernos, corresponde la investigación y denuncia para no pagar el fraude, para que los responsables del saqueo se hagan cargo, y para dejar al desnudo los propósitos del estado.

Este bicentenario nos encuentra escandalizados por gobernantes, multi-nacionales, banqueros, empresas varias y corporaciones que son socios en la rapiña. Esto y no otra cosa es el capitalismo, o consecuencia del capitalismo, un sistema económico fundado en la apropiación privada del trabajo social.

UNIDAD  VS  UNIFORMIDAD.

La unidad de los pueblos de Abya yala es un bien heredado que debe ser rescatado y cultivado. Su complejidad no admite manipulaciones. Esa unidad se expresaba muy bien, antes de la invasión europea, en la vivencia del espacio vital ‘Pacha’, en la interacción de la especie humana con las demás especies, con las pampas, los ríos, las selvas, las montañas, el mar, y en el trabajo comunitario. Es habitual que el imperialismo busque confundir unidad con uniformidad. La unidad es nuestra esencia antigua y vigente, la uniformidad, la ruina de nuestros pueblos. El argumento de que el invasor trajo un idioma que es fuente de unidad se cae solo, cuando vemos que en nuestra región, a la hora de buscar nombres de organizaciones o grupos que manifiesten identidad, vamos por el guaraní, el quechua o el mapuche, entre otros. La unidad es una condición primordial que jamás puede atribuirse a hechos aberrantes como el colonialismo y la esclavitud.

De ahí las expectativas y los estímulos que genera en nuestros corazones la imprescindible extirpación de las fronteras ficticias, que balcanizaron a nuestras culturas por obra de la oligarquía y su amo, el imperialismo.

La confederación de los pueblos de Nuestra América debe gestarse punto por punto, frontera a frontera. En eso colabora esta rueda de mate en el Espinillo, incompatible con las estructuras coloniales. Porque el mate es un símbolo que se eleva sobre los reduccionismos de la modernidad, es decir: por encima de las fronteras del tiempo y el espacio, y con diversos modos de acceso al conocimiento que el europeísmo ha desacreditado por siglos.

El mate nos devuelve al mundo de armonía donde la especie humana del Abya yala desconoce los títulos de propiedad particular sobre grandes superficies porque aquí el hombre es de la tierra, no la tierra del hombre. Y menos aún acepta patentes sobre semillas toqueteadas en su genética. Esas son repudiables expresiones del genocidio de occidente.

Aún en este régimen, las familias que hacen notables esfuerzos para desplegar su vida en una superficie equivalente a una “unidad productiva” o menor están jaqueadas o ya fueron echadas por gobiernos y grandes grupos que pujan por una economía a gran escala hecha para pocos.

Debemos desenmascarar una a una las instituciones nacidas al amparo de este régimen unitario. Instituciones que, bajo diversas caretas (y a veces incluso simpáticas), sirven a la oligarquía porque medran en su sistema. Y abrir espacios a otras organizaciones y normas no escritas. En este punto, alarma el estado calamitoso del sistema republicano por el que tantos hermanos dieron la vida.

LA BANDA ROJA

El mejor homenaje a los héroes del Espinillo radica en prometer, ante los ecos del combate, que la sangre derramada enarbolada en nuestra bandera de banda roja no fue en vano. Por eso, a los invasores llegados hoy por distintas vías no les creemos nada.

No al imperialismo yanqui. No al imperialismo europeo. No al imperialismo chino. Le decimos que no a cualquier expresión del imperialismo, venga de donde venga. Tolerancia cero con los regímenes coloniales. Los que nos quieren ver occidentales y sojuzgados, y los que han naturalizado ese engaño, tienen, como nosotros, otro mundo para descubrir. Este mundo no esconde sus victorias en el campo de batalla pero no se agota allí. Nacimos hace miles y miles de años, integrados al paisaje, y nos dimos la categoría de región soberana hace hoy dos siglos en la resistencia.

La resistencia a los atropellos está en nuestro ADN y vuelve a expresarse una y otra vez. La emancipación es una consigna del siglo XXI con milenios de respaldo.

Nuestra época actual es un tiempo de relatos falsos que nos exige una especial condición para el discernimiento. Dice el centenario Nicanor Parra, hermano de Violeta: “REVOLUCIÓN/ REVOLUCIÓN/ cuántas contrarrevo-luciones/ se cometen en tu nombre”.

Advertidos del vicio de las declamaciones, entendemos también que nuestro horizonte no se limita a lo histórico: estamos ante una fecha inaugural, menospreciada por siglos. Esta síntesis nos invita a una meditación existencial.

No se trata solamente de blandir la espada, de emprender batallas en el campo enemigo para asegurarnos nuevas frustraciones.

Tampoco es que estemos deseando algo mejor para el futuro confiados en los cantos de sirena del llamado progreso, ni que añoremos un pasado supuestamente mejor. No. No debemos dejarnos arrear por los que toman consignas nobles como excusas para vivir de proselitismos y cargos bien pagos.

Venimos a los pies de estos árboles a reconocer que frente a la maraña de intereses y tecnologías y apuros y burocracias y proyectos; frente a la sobreabundancia de promesas y macaneos y bravuconadas con que nos tienta la modernidad, nuestra respuesta empieza por entregarnos a la naturaleza como principio, desde donde fluye lo demás. (Dicho sea de paso: el sentido espiritual de la naturaleza se corresponde con el agua limpia y sana, jamás con las cloacas de las industrias y de los rocíos de agrotóxicos, ni con la mayor extracción inescrupulosa y el derroche de gas y petróleo).

Venir a este sitio equivale a lavarnos de antropocentrismo. Equivale a reconocer que la complejidad de la naturaleza, a la que pertenecemos como una gota de agua pertenece al mar, no nos pide soluciones tecnológicas, industriales, plásticas, a la medida del hombre, sino que nos invita a regresar a su seno, a deponer las armas frente al monte y al suelo, y reintegrarnos de una vez por todas. Compañeros: en breve nos enfrentaremos a la disyuntiva vital de volver a nuestras raíces o desaparecer.

Venimos en una suerte de éxodo, como en los viejos tiempos. De nada sirven para este viaje las limusinas que nos preparan Monsanto, Cargill, Walmart, los pooles socios de los gobernantes; Barrick Gold, Chevron, Shell, Telecom, los dueños y señores del dinero, los mentirosos de turno adictos al manoseo de las banderas populares, los propietarios del mundo y del país. Ellos nos quieren en un camino que no es el nuestro y, en el mejor caso, consumidores de sus porquerías.

Pero, compañeros, ¿será que nuestros pueblos dieron su sangre para que nosotros seamos buenos consumidores de la colonia? ¿Qué disparate es ese?

No pelearon aquí para que nosotros sigamos reproduciendo los mismos combates eternamente. Lucharon para la independencia. Eso significa romper las cadenas que nos imponen de afuera y que nosotros nos colocamos desde adentro. Para eso hay que salir del círculo vicioso. No estirar indefinidamente las condiciones, porque hay un límite a corto plazo y es la destrucción.

La naturaleza ya no tendrá elasticidad para soportar nuestros juegos, y el imperio se habrá impuesto con sus vicios, sus perforadoras y caños extractivos. Nos hará a un lado junto a los miles de millones de personas y otros seres que estorbamos en su “destino manifiesto”.

EL RESPLANDOR

Estamos en una encrucijada. Este lugar nos alumbra con un resplandor único. El Espinillo es una puerta al conocimiento de nuestra condición. El umbral de un viaje que cada uno de nosotros debe emprender hacia ese mundo sin tiempo, ni viejo ni nuevo, el mundo que expresa la Liga de los Pueblos Libres pero que es el universo mismo.

Compañeras y compañeros: este arroyo luce un nombre de árbol, del más común de los árboles del espinal, el árbol que vuelve, el obrero de los renovales. Ante la tala rasa, el espinillo vuelve una y otra vez. Como vuelve Artigas para entrar en nuestras casas, en nuestros corazones.

El litoral es un jardín, no nació patio trasero de nadie. Las culturas antiguas y siempre jóvenes de Nuestra América saben cómo protegerlo.

Vivan nuestros pueblos trabajadores que sólo se inclinan ante la Pachamama.

Vivan los poetas, los músicos, los estudiantes que reconocen en el litoral un modo de ser en el mundo, vivan las organizaciones hermanadas en la conciencia independentista y comunitaria.

Muera el capitalismo. Muera el colonialismo. Muera la plutocracia. Muera el unitarismo. Abajo las fronteras trazadas por la violencia de la oligarquía.

Viva el federalismo desde el pie. Viva la soberanía originaria recuperada y puesta al servicio de la unidad.

Vivan las mujeres y los hombres de la siempre viva Liga de los Pueblos Libres. Vivan nuestros combatientes de la revolución federal.

Amigos: vuelve el espinillo con sus flores. La juventud de los pueblos vuelve.

Compañeras y compañeros: ¡Artigas vuelve por el otro lado!

A orillas del Espinillo, Entre Ríos, 22 de febrero de 2014.

Junta Americana por los Pueblos Libres –JAPL–.

 

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