Ensayo 2 Educación rural y reforma agraria-Por Pedro Aguer*

26-04-15 |

Ningún plan social puede llevarse a cabo con eficacia si no se incorpora al mismo la educación.

Hemos manifestado la necesidad de instalar en la política un especial interés por la cuestión social agraria.

Sería irresponsable plantear este tema sin planificar de manera racional la producción en concordancia con el proceso educativo, que comprenda a la ruralidad en su conjunto.

En el medio agrario reina un desconcierto que tiene que ver con un comercio exterior preponderante, ajeno a las necesidades del pueblo argentino. Se produce para exportar. El negocio hoy, reside en la exportación.

Pareciera este ser el atalaya de la economía y, en consecuencia, nuestra cultura crece sobre la base de la frivolidad, en detrimento de los valores éticos, que contienen la dignidad del sentimiento patriótico.

Ello implica el deterioro de la identidad nacional y de la sensibilidad por los intereses de carácter popular.

El paraíso sojero, no es sólo soja. Tiene mucho de entrega, de anticultura nacional y popular. Tiene mucho de las superfluidades faranduleras, del “para todos” con que se quiere hacer creer que se piensa en el pueblo.

La soja representa, “dólares”, “euros”, “yen”. Menos amor a lo nuestro, a nuestro suelo, a nuestro folclore, a nuestro bienestar general. Menos interés por mejorar la calidad de vida.

Sin embargo, su espejismo es tal que todo el mundo piensa en sembrar soja. Reduciendo con ello toda perspectiva hacia el desarrollo social. Avanzando a paso redoblado hacia el monocultivo.

El éxodo que no sólo comprende a los jóvenes sino que abarca a toda la familia, se refleja en las taperas,  testimonio de antigua grandeza, rodeadas de ese cultivo que al mismo tiempo que genera crecimiento retrasa el desarrollo.

Crece la riqueza de una producción que sólo beneficia a las minorías, y crece con ella la pobreza en todas partes.

Crece el hacinamiento en los alrededores de las ciudades.

La despoblación del campo deja las escuelas vacías. Y hace crecer los problemas en los centros urbanizados, anárquicamente.

La política se ha desentendido de una cuestión de carácter coyuntural. Que, por otra parte se está convirtiendo en sistémico.

Gran impotencia, o más bien indiferencia, o quizás ineptitud, revela la clase política que se guarece bajo la tecnocracia. Dejando la responsabilidad en manos de ésta, que no sabe ver las cosas sino del estrecho ángulo de sus especialidades.

No se planifica la vida urbana y deviene el desorden, con un fuerte incremento de la inseguridad, cuyo crecimiento es imparable. No sólo en el aspecto delictivo sino en todos los aspectos: salud, educación, previsión, trabajo, servicios… El problema de la vivienda es casi una asociación necesaria con la corrupción, como el deportivo; como si en verdad no se pudiera compatibilizar la política con la honradez.

Y no es así, porque se puede ser político y honrado. Es cuestión de compromiso con la propia conciencia y de servicio para con la toma de conciencia colectiva.

La falta de planificación degenera en consecuencias nefastas.

Está demostrado y reconocido, es lo que se repite una y mil veces en la tribuna, en la cátedra, en todo el mundo, que sin educación es imposible ordenar la convivencia. Al menos en términos de actualidad.

El neo-liberalismo, esa vieja forma de explotación del hombre por el hombre, pero maquillada de modernidad, hizo que desapareciera el normalismo de la educación argentina. Con el pretexto de mejorarlo se lo eliminó.

Se borró del mapa a las escuelas normales de las ciudades y a las escuelas normales de maestros rurales.

Se elevó desproporcionadamente el nivel de la teoría sobre la práctica. Lo que derivó en una total desarticulación entre el fin de la educación y la utilidad de la educación, respecto de la formación del ciudadano.

Los valores morales van por un lado, imperceptibles, y la ilustración mercantilista va por otro, pero con todo el viento a favor respecto de un consumismo destructor de la personalidad y de la sociedad.

La escuela pareciera no saber qué hacer con semejante problema.

Así se ha instalado la violencia en el ambiente escolar. El docente ha perdido autoridad. El educando no sabe que es respetar.

La gobernabilidad ha sido reemplazada por un estado de cosas caótico. Bien se dice que la escuela es el fiel reflejo de la sociedad.

Se ha tratado de jerarquizar el título. Ahora los maestros son profesores. Pero se ha retrocedido en cuanto al proceso educativo. Se moderniza con la cibernética al mismo tiempo que se desvanece el estímulo por un compañerismo solidario. Se exalta la competencia como motivante del éxito, en vez del aprendizaje de compartir el proceso, para disfrutar los logros en común.

Definitivamente la consiga es competir, no compartir. Es evidente que el crecimiento científico se ha despegado totalmente del desarrollo social.

Una mirada retrospectiva a lo que hacían las escuelas formadoras de docentes, bajo la proyectiva normalista, en la ciudad y en el campo, podría ser motivo de un debate conducente a recuperar lo perdido que sea útil, fundamentalmente el sentido del respeto a sí mismo, a la sociedad y a la naturaleza.

Es imprescindible armonizar el adelanto científico y tecnológico con los requerimientos de la convivencia. “Los hombres son sagrados para los hombres, los pueblos son sagrados para los pueblos”.

La escuela rural debe centrar su esfuerzo en inducir a que el hombre se capacite para quedarse en el campo, no para abandonarlo.

En el campo se puede vivir digna y confortablemente. Es también posible que la escuela deje de ser cómplice de la expulsión que produce la tecnología mal aplicada o insuficientemente asumida, de gente que va a parar a los bolsones de la pobreza. A esto no lo ignoran los políticos, o no deberían ignorarlo.

El pueblo argentino tiene esa posibilidad. Ojala podamos disminuir la cantidad de culpables que han operado y operan en su contra. De lo cual tendremos que ocuparnos cuando pase esta efervescencia electoralista, en la que sin planificar nada la clase política está absolutamente “comprometida”.

Compromiso con la familia

Planteado en el comienzo el contexto, nos animamos  a proponer que la escuela rural se comprometa más con la vida de la familia del educando.

El Estado debe proveer educación para todos en el campo. La escuela debe entonces insertarse en una política social agraria, hasta ahora inexistente. Este es el eje del problema educacional. Lamentablemente desapareció la formación del maestro normal rural.

Podemos referirnos a lo que hacía la Escuela Normal de Maestros Rurales “Juan Bautista Alberdi” la primera en su género en Latinoamérica. A la que se sumó la Escuela “Almafuerte”, con una misma propuesta educacional.

Los futuros maestros recibían una enseñanza práctica de la producción rural. Las distintas secciones eran atendidas por el personal no docente, idóneo, con la participación directa de los alumnos. Tareas que realizaban en las horas de la tarde, pues a la mañana recibían la instrucción teórica en las aulas.

Se formaban de este modo un maestro en Alberdi y una maestra en Almafuerte, verdaderamente comprometidos con la problemática de la ruralidad.

Vino de no se sabe de qué recóndito lugar del mundo la consigna de acabar con el normalismo. Arrastrando en la desaparición al normalismo rural. Ningún reclamo, ninguna protesta en contrario fueron escuchados.

Ahora se ha jerarquizado el título. Ahora a los egresados se les llama profesores.

Pero es posible comprobar que aquellos programas que se cumplían con esmero, que comprendían la enseñanza teórico-práctica, que planteaban la cuestión desde un punto de vista rural y con un fuerte sustento pedagógico, han sido sustituidos por una enseñanza más vinculada con un sentido en el que prevalece lo tecnocrático sobre la formación humanística.

Por cierto, lo que se ha adelantado en tecnología, como la posibilidad de usar la cibernética, en especial Internet, que está llegando a las escuelas, en la ciudad de igual modo que en el campo, debe ser aprovechado por los docentes para demostrar en concordancia con un proyecto educacional adecuado, que la vida en el campo es tan digna y confortable como la vida en la ciudad.

Las vicisitudes de la vida en el campo, es cierto, no son las mismas de entonces. Lo malo es, además, que el campo se está quedando sin gente.

Los grandes pool de siembra avanzan en la sustitución de la industria de la granja familiar y de la agroindustria diversificada, conviniendo más que vivir produciendo en el campo abandonarlo y arrendarlo o venderlo definitivamente.

La familia rural es un tesoro de constitución muy lenta. El trabajador rural no se improvisa. Cuesta mucho la formación del campesino.

Pero nunca se ha reparado en la necesidad de interrelacionar la enseñanza primaria con la agrotécnica, secundaria, ni poner las carreras universitarias de las ciencias agropecuarias al servicio del productor y su familia, sino al de las multinacionales de los agroquímicos y del mercado exterior.

Pareciera que sus componentes sociológicos, científicos y económicos, circulan por distintos andariveles. Y desde este nivel de insensibilidad se ignora la importancia que tiene planificar interdisciplinariamente.

Realizar una apertura al problema, instalarlo en el seno de la política, procurando que la escuela, en vez de ser cómplice del éxodo, se comprometa con la formación del educando para que ame el terruño (“que es la patria del corazón”), para que aprenda a capacitarse para seguir viviendo en el campo con la misma proyectiva que en cualquier parte, porque en el campo se puede progresar como en cualquier parte.

Debemos rescatar la escuela primaria con docentes que se propongan aceptar el desafío que significa enseñar a los niños en el campo, alfabetizar en el campo. Debemos recuperar las escuelas agrotécnicas, y engarzar sus proyectos con los proyectos de la primaria y con los de la enseñanza universitaria, dentro de una política social agraria.

No es lo único, pero es una parte del compromiso que debe adquirir la política de nuestro tiempo, para frenar el éxodo.

Es urgente que nos pongamos a pensar que la vida en la ciudad depende de la vida en el campo.

Reforma agraria

Cada día que pasa es un día perdido en detrimento de la importancia que tiene el tratamiento del tema Reforma Agraria.

Se trata no sólo de la tenencia de la tierra sino que la tierra debe ser para el que la trabaja.

Un adelantado fue al respecto José Artigas, distribuyendo las tierras entre hombres de raza negra, indios y gauchos. Con fomento incluido, para que las hiciesen producir de acuerdo a lo que era necesario consumir, y se incrementara la industria rural. Es claro, fue un estadista, un visionario, un patriota.

Otro, Alejo Peyret, quién creó las colonias en Colón y Uruguay orientadas con una fuerte práctica de la solidaridad. En las que se producía, industrializaba, comercializaba y consumía en forma cooperativa.

A finales del siglo XIX las colonias judías en Basavilbaso y Villaguay, las aldeas ruso-alemanas en otros departamentos entrerrianos como Paraná, Diamante, y en el XX  los planes de transformación intentados por los gobernadores Uranga, Contín y Montiel; inspirados en la propuesta de Transformación Agraria de Bernardino Horne, todo lo cual ha quedado en el camino polvoriento de las ineptitudes políticas, influidas por los tecnócratas de la falsa globalización.

Nuestra Provincia se autoabastecía, las ciudades estaban rodeadas de granjas, chacras, en las que se cultivaban frutales y huertas, que hoy brillan por su ausencia.

Tenemos escuelas agrotécnicas y facultades vinculadas a la actividad agropecuaria.

Por cierto se ha avanzado mucho científicamente a medida que el campo se ha ido despoblando.

Vaya negocio. ¿No?

Lo que antes era progreso social hoy está representado por taperas (algunas quedan) y por gente mayor, con escasísima presencia de jóvenes. Los que terminarán dejando el campo porque aunque se creen organismos ministeriales y demás, nadie se anima a ponerle el cascabel al gato. De Reforma Agraria no se habla. El campo pareciera estar signado por el adelanto tecnológico en detrimento del progreso social.

No hay que perder tiempo buscando culpables en especial, ya se sabe quienes son en general. Además sería vano intento y mucho desgaste, porque saben cómo hacer para encubrir mutuamente las complicidades.

Debemos, sin embargo replantear el tema.

No debemos permitir que se ocupen de nuestro presente y de nuestro futuro las multi-supranacionales ayudadas por aquéllos.

Pues son expertas en planificar, desde la mano invisible del mercado, insensiblemente, respecto de las necesidades del bienestar general, la propiedad de la tierra saqueando a los hombres y a la naturaleza. Su objetivo es el mercado exterior y su dios el dinero.

Podemos hacer que se termine la era de que los precios se establezcan tranquera afuera, con la más absoluta indiferencia en trono al costo de producción. Sólo les interesa la especulación.

El que trabaja en el campo para estos tumores económicos pareciera no merecer ganar ni vivir dignamente, en concordancia con su sacrificado esfuerzo.

Es hora de tomar el toro por las astas.

Los que antes se oponían calificando a la Reforma Agraria como cosa de los comunistas, ya no tienen argumentos.

El Concilio Vaticano II dejó el claro testimonio intelectual de cómo la explotación de la familia rural ha estado siempre marginada de las políticas de estado y proponiendo medidas conducentes para reparar esa dañina actitud.

Debemos hablar más entre nosotros y planificar el aprovechamiento de la tecnología haciéndola accesible a las posibilidades de quienes trabajan la tierra y viven y desean seguir viviendo en el campo. No de acuerdo con los intereses del imperialismo que ha dejado de ser de las naciones hegemónicas para ser la política de la globalización concentradora del capital, exterminadora de los recursos naturales, de la armonía entre los seres humanos y los pueblos.

La Reforma Agraria no es pecado sino la más prioritaria de las necesidades. De ella depende la producción, la educación para el trabajo, y en consecuencia la paz social.

Si la gente encuentra en el campo como trabajar más y con mayor eficiencia y resultado, tendrá entre las opciones para elegir donde vivir la vida rural prefiriéndola antes que el hacinamiento en las ciudades.

Tambo cooperativo

La vida del tambero pequeño y mediano y la de sus familias es llena de dificultades y contratiempos, sobre todo cuando la explotación es realizada de manera rutinaria.

A lo que se suma la falta de higiene, dado el manejo que se torna además incómodo y esclavizante.

Empezando porque el trabajo en el tambo no tiene feriados y siguiendo porque todo el predio está prácticamente dedicado a las vacas, el toro y los terneros.

A propósito, el toro es un gran problema porque si no se lo tiene a pesebre sirve las vacas sin control alguno y puede inutilizar vientres si se entoran en el primer celo.

Por otra parte el ordeñe con ternero al pie resulta una tarea engorrosa y por demás antihigiénica.

Por lo general los tamberos pequeños y medianos no tienen recursos suficientes para encarar una adecuada selección genética, ya que no inseminan a sus vacas, usando el toro de origen no debidamente registrado.

Esta realidad adversa para el logro de resultados positivos, optimizando la eficiencia y racionalizando los recursos, puede ser revertida mediante la creación de un tambo cooperativo.

Para ello hace falta que los tamberos y sus familias de una determinada zona se agrupen, conversen y se informen acerca del sistema cooperativo, su doctrina y su práctica, en lo que hace a la administración del mismo.

Se trata de una empresa privada, sin fin de lucro por el lucro mismo sino con una orientación a lograr el bienestar y una mejora en cuanto a la calidad de vida de quienes son protagonistas directos de una producción de alto nivel económico como social, tal es la industria lechera.

Constituida la cooperativa de tamberos, para la concentración e industrialización de la leche, tenemos el primer paso.

Luego podemos informarnos pormenorizadamente de los beneficios que propone la organización del tambo cooperativo.

Partimos de la base de que las vacas y los terneros serán todos identificados de tal modo que los dueños seguirán teniendo los mismos animales que salieron de sus casas. Cada cual tendrá su respectiva ficha, cual documento de identidad, y con toda la historia de su existencia en el tambo, día a día, lo que en el tambo doméstico, por lo general, no se hace.

Se realizará un control de producción de cada vaca. Será necesaria una sola unidad de ordeñe.

Todas las instalaciones: tinglados, laboratorio, oficina, corrales, serán propiedad del conjunto; infraestructuras que en la chacra particular no se construyen o se construyen antieconómicamente, pues con una ordeñadora mecánica se pueden ordeñar cientos de vacas y la instalación de una para pocas no es posible dada la inversión requerida.

El toro se convertirá en los toros que se multiplicarán en las pajuelas conservadas en termos. Lo que posibilitará que los hijos nacidos en adelante sean genéticamente superiores a sus madres y padres. Se puede adquirir semen de animales de excelente origen nacional o extranjero de acuerdo a lo que se desee proyectar, y de las distintas razas que se empleen y las mestizaciones que resulten más promisorias para la eficiencia que se haya planificado.

Las chacras se podrán utilizar para diversificar las actividades, sembrando praderas que se usarán en el tambo en forma de rollos o de fardos, criando animales de granja, haciendo huerta, floricultura, silvicultura, quintas de frutales, apicultura, explotaciones intensivas relacionadas a la avicultura, porcinocultura, cunicultura, etc.

Los terneros y las vaquillas se criarán y seleccionaran, para incrementar la producción y para ser comercializados en caso de permitirlo el número.

Todo se hará bajo la supervisión de profesionales que velarán por la salud del ganado como asesorarán sobre la siembra de las praderas necesarias y sobre las dietas que se suministrará a los animales de acuerdo a las diversas etapas de su existencia como de producción en que se encuentren.

Nada de lo hasta aquí descripto es posible ser realizado en forma individual, sin embargo sí se lo puede hacer de manera solidaria.

No hay eficiencia sin racionalidad administrativa, ni hay economía sin conocimiento, sin planificación, sin mancomunión de esfuerzos.

Los asociados, es decir los dueños, de un tambo cooperativo, inmediatamente podrán iniciar lo que se ha dado en llamar reconversión productiva, de acuerdo a los requerimientos de un mercado cada vez más competitivo y exigente respecto de la calidad, como de la cantidad, pero especialmente de la continuidad, lo que es posible trabajando en conjunto, planificando en conjunto y controlando democráticamente el proceso productivo.

Todo esto puede ser realidad en la medida en que quienes por separado sufren los avatares de una especulación concentradora cada vez más insensible y depredadora del sacrificio de quienes trabajan la tierra y de sus familias decidan hablar más entre ellos y converger en un proyecto de cooperación en creciente.

Dice don José María Arizmendiarrieta:”en el cooperativismo siempre un paso más”.

Mediante el tambo cooperativo, sin lugar a dudas, se puede cambiar la rutina por tecnología al servicio del progreso del hombre y su familia. Y la vida en sacrifico por una vida liberada de la esclavitud. El trabajo debe ser placentero no sólo a la hora de los resultados sino durante su efectivización.

Sin la puesta en marcha de proyectos solidarios las pequeñas y medianas industrias rurales desaparecerán.

La intermediación especuladora con características globalizantes está no en la independencia que aún nos debemos, está actuando dentro mismo de nuestras potencialidades emancipadoras, destruyendo a los pueblos y a la naturaleza, y la única resistencia que los pueblos pueden oponer a su depredación es la solidaridad organizada.

A la economía concentradora en beneficio de pocos sólo se la puede combatir con la economía de la solidaridad en beneficio de las mayorías, basada en la libertad, la equidad, la fraternidad, la educación y la democracia, tal como lo establecen los Principios Universales de la Cooperación.

*Aporte al llamado de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres a la presentación de estudios sobre producción sustentable de alimentos, arraigo, biodiversidad, y uso y tenencia de la tierra.