Ensayo 12: Otro mundo es posible-Por Grupo de reflexión ambiental Mingaché *

10-05-15 |

Necesitamos una nueva educación, no los maquillajes que hemos venido haciendo desde hace unos 20 años, absolutamente nueva, revolucionaria.

El presente trabajo camina los bordes de la informalidad. No puede considerarse un ensayo, ni quiere quedarse en una monografía focalizada. Además, es pensamiento del grupo que lo origina, la necesidad de salirse de las clasificaciones tradicionales e intentar otros caminos. El contenido parecerá disperso por diverso, pero tiene un hilo conductor que es la invitación del título a pensar y generar otro mundo posible.

Comenzamos con una reflexión crítica sobre el saber jerárquico, en especial el científico-tecnológico y positivista-progresista.

Hacemos un breve mención sobre lo que consideramos, siguiendo las ideas de Leonardo Boff, el principio femenino, y la necesidad de reanimarlo en la sociedad actual como una forma de salvarnos del desastre que se avizora.

Intentamos explicar por qué creemos que la ciencia y el método científico han conformado en nosotros una estructura de pensamiento que no nos permite ver otras formas de interpretación de la realidad.

Discutimos las “certezas” del método inductivo y la separatividad de las ciencias.

Proponemos la necesidad de formar comunidades de vida que rescaten la subjetividad por encima del “objeto”, la alteridad por encima de la diferenciación, la alegría y la fiesta participativa.

Analizamos con una extensa cita de Santiago Alba Rico de qué manera el Capitalismo y el Mercado nos privan de las maravillas perdurables y nos convierten en mercancías consumibles.

Realizamos una breve enumeración de los problemas en los que creemos se ve reflejada esta forma de pensar en nuestra provincia de Entre Ríos.

Finalizamos apoyándonos en las formas de interpretación de la realidad desarrolladas por algunos pueblos originarios de América para proponer el rescate del sentido comunitario, de los saberes diversos, el animarnos a pensar diferente al bombardeo propagandista del modelo imperante, la promoción de una educación diferente, liberadora, desde el interior de uno mismo.

Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.
Hermann Hesse.

Jerarquización del saber y dominación

Nuestra experiencia cotidiana es capaz de generar en la memoria unas formas particulares de interpretar la realidad, de modo que cada uno de nosotros podría explicar lo que observa de modos muy diferentes a los demás. Es en el intercambio, en el diálogo, en el debate con otras personas donde ponemos a prueba nuestras interpretaciones personales y las sostenemos, las confirmamos o las modificamos, las adaptamos o las descartamos.

Sin embargo si mi interlocutor tiene sobre mí alguna especie de autoridad, especialmente cuando no es impuesta por él sino más bien reconocida y aceptada por mí, tenderé a pensar que sus ideas son más brillantes, más acabadas y por ende más correctas que las mías, mi visión del mundo comenzará a parecerse cada vez más a la suya, aceptaré sus explicaciones sin discutirlas y dejaré de pensar por mí mismo. Lo más probable es que esas ideas que ahora acepto como verdades se hayan elaborado en algún debate, pero entonces dejarán de mejorar y se establecerán como paradigmas inmutables, al menos en la pequeña tribu o clan al que pertenezco.

Hasta es posible que, llegado el caso, uno llegue a luchar por ellas y exponer su vida si le dicen que otros, de otras tribus las ponen en juicio; porque mi chamán, aquel que me convenció, se acostumbró a tener razón y ahora no quiere abrir el debate con el líder de la otra tribu. Uno debería permitir que se enfrenten los chamanes, que peleen entre ellos, pero entonces, si el chamán muere ¿quién nos guiará? ¿Quién pensará por mí?. Me convenceré (o me convencerán) de la necesidad de que yo vaya el frente y él se quede en retaguardia manteniendo vivas nuestras ideas.

Ocurrirá alguna vez que surja en mi entorno alguien que no esté tan de acuerdo con lo establecido y proponga cambios que se muestren como positivos, especialmente si provocan alguna mejora en el estilo de vida y entonces cambiaremos de chamán sin que ello implique un verdadero progreso en la calidad de las interpretaciones de la realidad, salvo que aceptáramos el paradigma de que una verdad es más verdadera cuando nos hace más cómoda la vida.

Es seguro que las distintas cosmovisiones de cada cultura ancestral tuvieron una génesis diferente, pero podemos suponer que algunas se fueron ordenando de esta forma, con discusiones y reyertas en un lento proceso de jerarquización hasta que alguna suposición se hizo creencia, tradición, cultura, forma de vida, religión; al decir de Rossi, en “estrategia de vida para subsistir y crecer grupalmente en determinados entornos”i

Existieron (y existen) culturas en las que el ansia de dominio, de poder, de jerarquías no tuvieron cabida, donde cada uno era reconocido por aquello que podía ofrecer a la comunidad, por aquella habilidad o destreza o capacidad que lo hacían valioso para el grupo. El mismo Rossi cita el asombro de Darwin ante la “perfecta igualdad” de los selk’nam, que muestra su incapacidad cultural para comprenderlos. ii

Nosotros heredamos la visión de Darwin, fuimos forjados a fuego en la idea de la autoridad, la organización jerárquica, la selección natural competitiva, la supremacía del más apto, la separación de clases. En la tradición que heredamos principalmente de la cultura europea  colonizadora, alguien puede valer más que otro por algún motivo, no importa cual: la fuerza física, la fuerza mental, la cuna, el número de seguidores, la tecnología, la calidad de las armas, el conocimiento, la simple arrogancia o, en los últimos siglos, el dinero. El hecho es que uno está más arriba y puede más y tiene más derechos y puede vivir mejor que otros.

La Historia que estudiamos en la escuela está llena de hechos de dominio: guerras, ocupaciones territoriales, imperios, esclavitudes, colonizaciones, movimientos independentistas, etc.

Todos hemos vivido o conocido anécdotas, aún en nuestros días, que ilustran este poderío de unos sobre otros: un maestro que no te dejó pintar el sol azul porque él entendía que sólo en amarillo podía ser un sol; el profesor que no quiso debatir la poca importancia que la Química podía tener en tu vida; el sacerdote que te dijo que Dios castiga ferozmente y que era preferible cortarte una mano antes que masturbarte, cuando vos necesitabas un Dios Padre Bueno que supiera perdonara tus tontos errores de “adolescens sapiens”; el policía que exigió ver tus documentos por que le resultó rara tu traza, cuando vos volvías cansado del trabajo a tu casa; el intendente que destruyó el parque en el que diste tu primer beso, para construir el monumento por el que quería ser recordado. Qué decir de la relación patrón – empleado.  Hasta los casos más horrorosos de nuestra historia en los que grupos de elite, autoproclamados “defensores de los altos valores de la patria”, pensadores “iluminados”, usurparon el poder (con el consentimiento o la triste ignorancia de muchos de nosotros) y torturaron y desaparecieron a miles de argentinos que en su mayoría sólo cometieron el pecado de pensar diferente.

“El poder es una de las características fundamentales de lo masculino en el hombre y en la mujer. El poder en la forma de dominación, representa una patología. Por eso, nuestra civilización, estigmatizada por la dominación en casi todas las áreas, produce la inflación de lo masculino, del patriarcalismo y del machismo.” Explica Leonardo Boff. “Son productos del patriarcado el tipo de ciencia que practicamos y el tipo de desarrollo que operamos. Ambos son reduccionistas, fragmentados y excluyentes de la naturaleza y de la mujer. En esta forma, el poder-dominación no deshumanizó sólo a los hombres, sino también a las mujeres. Los hombres acentuaron su dimensión de ánima y no permitieron que las mujeres realizaran su dimensión de ánimus.” Continúa analizando con su particular profundidad.

“Como consecuencia de este error, queda claro que la cuestión de lo masculino, al día de hoy, reside en lo femenino denegado, reprimido o no integrado. Para ser plenamente humano, el hombre necesita reanimar en él su femenino, y reeducar su lado masculino. Solamente entonces pueden ambos, hombre y mujer, mantener relaciones civilizatorias, humanitarias y realizadoras del misterio humano femenino-masculino. La gran tarea civilizatoria, tal vez la más urgente en la actualidad, consiste en rescatar el principio femenino… no hablo de la categoría femenino/masculino, sino del principio femenino/masculino….”

Y seguimos citando. “Lo masculino se relaciona no solamente al hombre, sino también a la mujer. Lo femenino no adquiere relevancia sólo en la mujer, sino también en el hombre. Ese femenino representa el principio de vida, de la creatividad, de la receptividad, del enternecimiento, de interioridad y de espiritualidad en el hombre y en la mujer. Por lo tanto, se trata de un principio inclusivo y seminal que entra en la constitución de la realidad humana…

La inclusión del principio femenino obligará a toda la cultura masculinizante a cuestionar el paradigma instaurado, en el que radica el poder-dominación, hoy seriamente en crisis. El pensamiento de la crisis, en el interior del mismo paradigma, no puede traer soluciones. El veneno que mata no puede ser el remedio que cura. Los únicos que pueden ofrecer algo alternativo y terapéutico son aquellos que fueron vistos como incapaces de pensar, por no ser suficientemente racionales y productivos. Los que pretendían traer las luces (los iluministas) nos condujeron a las tinieblas actuales. Los que se proponían difundir la razón, la ciencia y la técnica por todos los cuadrantes nos están conduciendo a lo peor, a la destrucción y a la desaparición.

El principio femenino es sanador y liberador, pues se mueve en otro paradigma y opera con otra lógica. Su paradigma básico es la vida, el no-poder; el respeto y la veneración por la vida, y no la agresión y la dominación. La lógica de la vida no es la reducción y el aislamiento… La lógica de la vida es la complejidad, es la tela de interacciones en todas las direcciones y en todos los lados, es la sinergia y la relación con el Todo.

Ahora bien, lo femenino consiste en la capacidad de vivir lo complejo, de elaborar síntesis, de cultivar el encantamiento del universo, de cuidar de la vida, de venerar el misterio del mundo, de elaborar un desarrollo con la naturaleza, y no contra ella, de alimentar l’ esprit de finesse para balancear l’ esprit de géometrie.

Lo femenino -porque obedece a la lógica de lo complejo y porque naturalmente es inclusivo- representa el único camino para la humanidad, para un planeta sustentable…

El principio femenino propicia una economía política de la vida, devuelve importancia a la naturaleza, rescata el sentido de la Tierra como Gran Madre, superorganismo vivo, Gaia y Pachamama. Se transforma en un camino no violento de interpretación y transformación del mundo, en un refuerzo de todos los procesos sinergéticos que respetan la diversidad y que en ella buscan convergencias que interesan a todos, el bien común humano y sociocósmico.” Concluye diciendo este conocido pensador ambiental y espiritual.iii

¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada?

Proverbio Alemán

Supremacía del Método y Modernidad progresista

Como ciudadanos modernos, racionales, positivistas, aceptamos el poder, la jerarquía del “conocimiento científico”, porque es ordenado, metódico, porque algunas de sus afirmaciones se pueden demostrar experimentalmente, porque es más “racional” que el conocimiento intuitivo vulgar, es decir del vulgo, del pueblo aún no formado por la ciencia. Pensamos con Descartes, que la razón, la medición y el método todo lo pueden; creemos con Laplace que si conozco lo suficiente y soy suficientemente inteligente como un “diablillo”, puedo calcular todo y predecirlo todo. Este determinismo, esta simplicidad de la relación lineal entre causa y efecto nos gustó a tal punto que se nos hizo carne, se nos ganó en la base misma de la estructura de nuestro pensamiento y dejamos de discutirlo. Aquello que nació como una forma alternativa de pensamiento revolucionario, en oposición a las verdades de fe del Medioevo, terminó por  convertirse en otra verdad de fe.

Se nos fue ganando la idea de que la modernidad manda, que lo nuevo es mejor y no puede ser discutido, que oponerse al avance tecnológico es ser un retrógrado, que no se puede vivir en el siglo XXI con las ideas, el estilo o las tradiciones del siglo XIX, que el progreso es infinito, que siempre se puede estar mejor, que lo único que necesitamos es estar actualizados, conseguir el dinero con qué poder pagar la última tecnología y aprender rápido cómo funciona.

Si no podemos hacerlo, si no podemos seguir el ritmo a elección, entonces nos dejamos llevar por la corriente para estar en la cresta de la ola, para no quedarnos en el tiempo, no pensar, no parar, no opinar distinto, permitir que el Gran Hermano, la economía de mercado,  resuelva las cosas por nosotros y conformarnos con las migajas que caen de la mesa, como los perros de la mujer del Evangelio.

Es cierto que varios pensadores como Ilya Prigogine, Edward Lorenz, Edgar Morin entre otros, desarrollaron ideas alternativas, pero pareciera que estas no logran entusiasmarnos, no nos gustan; tal vez porque nos generan inseguridad, porque el “caos” nos desequilibra, porque la “complejidad” nos complica, porque el “efecto mariposa” se parece mucho al azar, porque los “fractales” son extraños. El hecho es que, a pesar del tiempo que tiene ya el Principio de Incertidumbre, seguimos siendo deterministas y creyendo ciegamente en esta ciencia que es cada vez más una tecnología de mercado, una herramienta  utilitaria del modelo, que una forma genuina de búsqueda honesta de la compleja y esquiva verdad.

Nos acostumbramos a este progresismo productivista, a esta modernidad avasallante, como la rana del cuento, a la que le calentaron el agua lentamente y no supo cuando salirse de la olla para ponerse a salvo. Nos subimos al Titanic, aún sabiendo que rumbeamos al naufragio; no encontramos (y la verdad es que lo buscamos muy poco) el modo de bajarnos, de “salir hacia el costado” como nos propone el Flaco Claret.iv

Si en algún instante logramos detenernos, si podemos parar la pelota y pensar, no sólo nos verán como bichos raros, sino que nosotros mismos nos sentiremos extraños. ¿No es esta, acaso, la principal crítica a Román Riquelme, que para la pelota y piensa demasiado para los ritmos que exige el fútbol de hoy?. Sentiremos que estamos solos aún cuando sepamos que son muchísimos los que quieren parar y muchos los que lo están logrando.

Sólo algún arresto de orgullo personal, de elevada autoestima, cultivada por quienes han tenido una actividad intensa y han logrado resolver de alguna forma positiva su interacción con el entorno, su relación con el cosmos, permite que subsista alguna resistencia, algún empaque, no contra el progreso o la tecnología en sí misma sino más bien contra su avasallante modo de imponérsenos.

Quién no escuchó alguna vez a un albañil decir que el arquitecto se equivocó en el diseño, o al arquitecto decir que el albañil no sabe interpretar el plano y a un tercero, ni arquitecto ni albañil, en un intento de parecer moderno, preferir un bodoque de cemento en lugar de una casa de barro, aunque sepa que en esa zona todas las modernas construcciones de cemento se rajaron mientras que las antiguas de barro siguen intactas. Quién no ha escuchado a un agricultor comentar con desdén las innovaciones del ingeniero y al ingeniero reírse solapadamente de las ideas anticuadas del agricultor y a un tercero, probablemente el hijo del agricultor, con pretensiones de modernidad, acordar con las ideas del ingeniero aunque de ellas resulte que se deberá ir a vivir al pueblo, porque no puede seguir respirando el aire del campo.

Este “desplante”, este pararse en sus convicciones, suele ser enérgico y audaz cuando la refriega es con el otro, con el igual, con una cara visible, pero se vuelve tenue, opaco o hasta desaparece, cuando se trata de oponerse al modelo mismo. Es como si, casi sin darnos cuenta de la incongruencia, dijéramos: este científico, o aquel ingeniero no son creíbles, la ciencia es la que sabe.

Uno de los conceptos que aún aprenden bastante bien los chicos de la escuela secundaria argentina y entrerriana, es el Método Científico, el de Descartes, el que Francis Bacon definiera en el siglo XVII como experimental e inductivo. Vamos a demorarnos un poco en analizar este concepto de la inducción racional. El Diccionario de la lengua española de la RAE, en su 22ª edición,v nos dice que la tercera acepción del término “inducir” es: “Extraer, a partir de determinadas observaciones o experiencias particulares, el principio general que en ellas está implícito”.  Wikipedia, que no admite autoría porque se considera una especie de enciclopedia universal y libre, nos dirá que esa visión es obsoleta, pero aún así sigue sosteniendo que “Esos tipos de razonamiento (los inductivos) pueden ser descritos como aquellos que indican algún tipo de apoyo o aval a la conclusión, pero no una implicación lógica. En otras palabras, son razonamientos que sugieren verdad, pero no la aseguran.”

No parece que esta forma de razonamiento esté tan obsoleta como lo pretende Wikipedia, la cual, por más libre que sea, no puede escapar a esta corriente de modernismo declarativo, a esa necesidad que sentimos todos de que los demás piensen que somos modernos.

La comunidad científica siempre aceptó que la “inducción” era el talón de Aquiles del Método, que no se puede garantizar la verdad. Sin embargo hubo una época de auge cientificista en la que, no sólo la propusieron como indiscutible, sino como la única válida, despreciando otras fuentes y hasta humillando a quienes pretendieran otros caminos de acceso a la verdad. Entonces creímos que para entender mejor el conjunto había que desmenuzarlo, seccionarlo, separarlo en cada una de sus partes constituyentes, y en la medida que alguien pudiera especializarse en una de esas partes, la entendería cada vez mejor hasta llegar al conocimiento total. Perdimos de vista el conjunto, llegamos a entender como una humorada la conocida frase que caricaturiza al conocimiento científico “un filósofo es aquel que no entiende nada de todo, un científico es aquel que lo entiende todo de nada” para hacer referencia al alto grado de compartimentación y especialización del conocimiento moderno. Además decidimos vernos a nosotros mismos como un objeto de estudio y dejamos de ver al otro como hermano.

Algunos fracasos en la pretensión de explicar la realidad como simple secuencia de causa y efecto que siempre podía ser medida y explicada, llevó a pensadores más libres por caminos alternativos, en muchos casos novedosos y en otros revalorizando formas de construcción tradicionales que se mostraban tan eficientes como la ciencia a la hora de explicar fenómenos complejos.

“Alteridad no es diferenciación, es reconocer al otro por lo que tiene de común conmigo mismo, este es un concepto que genera comunidad.” Nos decía Jorge Rulli en uno de nuestros encuentros.vi Y Claret reclamaba “no quiero más… socios en la sociedad sino comunidad.”vii Pero la ciencia nos enseñó que debíamos observar al “hombre-objeto”, construir una hipótesis de trabajo “objetiva”, experimentar con el “objeto-hombre” y luego inducir principios generales del tipo “todos los hombres…”. Pareciera que cuanto más crecíamos como sujetos de derechos al amparo de las múltiples luchas históricas, más nos hacíamos objetos de investigación, biológica, sicológica, sociológica, filosófica, económica; hasta el mercado nos investigó y nos declaró “consumidores” convirtiéndonos en una mercadería más, utilitarios y hasta funcionales al modelo. Si todo puede ser usado, entonces ya nada es sagrado.

La perseverancia en el ser es la ruina del capitalismo.

Santiago Alba Rico

Asombro y Maravilla.  Lo Sagrado

En una búsqueda de explicaciones que no llegamos a alcanzar,  nos suele ocurrir que veamos figuras imaginadas en los objetos en un efecto de “pareidolia”,  como la “Isabel” de Juana de Ibarbourou en aquel fantástico “Chico Carlo”, que leímos de niños, podemos ver un mundo en una mancha de humedad y llenarlo con nuestras propias fantasías. Todas las culturas han visto símbolos de su mitología en las distintas disposiciones de las estrellas; la extrema fijeza de las figuras vistas en las constelaciones les permitía por un lado, otorgar la antigüedad necesaria al mito y por otro, pasarlo de generación en generación casi sin alteraciones.

La ciencia moderna nos explicó qué eran las estrellas, que las constelaciones son sólo construcciones de nuestra imaginación, amplió nuestros horizontes, destruyó creencias, lo cual es muy bueno, pero a la vez nos dejó sin magia, sin asombro, sin mística y la acelerada modernidad nos dejó sin tiempo para la contemplación. Actualmente nos cuesta reconocer en ningún objeto su carácter de sagrado, no vemos su “hierofanía”, su “mirabilia” como refiere Santiago Alba Rico.

En una impecable publicación que él tituló “La Ciudad Intangible”viii Alba Rico nos dice que “las ’cosas’ admiten tres posibles relaciones, respecto de las cuales todas las demás son variaciones: podemos comérnoslas, podemos usarlas, podemos mirarlas” y agrega, “… a los ‘víveres’ – las ‘cosas de comer’- es a lo que llamamos ‘objetos de consumo’, en latín, consumptibilis, expedientes puros de la inmanencia de la vida. No hay que olvidar que ‘consumir’ quiere decir originalmente ‘destruir’… una ‘sociedad de consumo’, organización sin precedentes en la historia, sólo podría ser una sociedad regida… por el ‘hambre’ y la ‘guerra’…” ya que “La forma de guerra más radical que el hombre libra contra las cosas es la de tratarlas como alimentos…. Comer es inmediatez, inmanencia, impaciencia. el hambre es rápida, no deja tiempo, no permite que se constituya el objeto, no se detiene. El hambre está en guerra con la materia… Lo específico del ‘consumo’ es la necesidad de una destrucción sin medida y una renovación sin reposo”. Y seguimos transcribiendo para no perdernos la riqueza de Alba Rico. “Las cosas, a demás de comérnoslas, podemos usarlas. El uso, frente a la guerra del consumo, constituye una negociación. Los objetos de uso o fungibles (fungibilis) han dejado atrás el infierno de la infinitud sin poder aspirar todavía a la eternidad… oponen resistencia a la corriente del tiempo pero terminan por sucumbir a él… son ‘útiles’ y no ‘víveres’…las usamos despacio… duran, son duras, se desgastan. Las atacamos tranquilamente… para retrasar lo más posible su regreso a la naturaleza; y acumulan por eso y se llevan consigo, grabadas en sus lomos, toda una serie de manías privadas y de caricias culturales… No en vano son estas víctimas de la duración, tan prosaicas, tan irritantemente positivas, las que han permitido a la arqueología reconstruir el pasado del hombre”.  Finalmente nos dice Santiago que, junto a los consumibles y a los fungibles, tenemos “las ‘cosas de mirar’… mirabilia (‘dignas de ser miradas’), palabra latina que ha dado lugar a la española ‘maravillas’… cosas que hay que tener siempre presentes, ante las que hay que detenerse y que… las sociedades han confiado a la ´eternidad’. En los dos extremos del arco, igualmente peligrosos, comer y mirar se dan la espalda en una contradicción sin posible acuerdo… Todas las culturas del mundo han puesto a cubierto del trabajo, de la circulación, del uso, ciertos objetos privilegiados, cosas de puro mirar, en el ámbito de lo que llamamos ‘culto’ o ‘arte’, como medida precisamente de un mundo no dominado por el hombre sino por las relaciones entre los hombres y el ‘exterior’… entre la naturaleza y la cultura, entre la sociedad y los dioses, entre los vivos y los antepasados. Sólo las ‘maravillas’ sirven para representar el poder del gobernante o el de las fuerzas sobrenaturales, la continuidad de las generaciones o los imperativos de la costumbre: sólo ellas pueden ‘reunir’ o ‘juntar’ a los individuos aislados en el ‘estado de naturaleza’; y es a eso precisamente a lo que llamamos ‘simbolizar’”. Más adelante nos aclara que la diferencia entre las cosas de comer y las de mirar puede ser completamente convencional y arbitraria en las distintas culturas y sociedades pero en todos los casos, “lo que caracteriza a las ‘cosas comidas’ es su inutilidad para ‘simbolizar’, mientras que las ‘cosas no comidas’… dejan de pertenecer… al orden da la naturaleza para pasar a formar parte del… mundo sobrenatural”.

Hasta aquí una notable diferenciación de las cosas, pero no abandonaremos aún La Ciudad Intangible porque en el mismo libro encontraremos la explicación del porqué lo estamos citando con tanta extensión.

Alba Rico opone al conocido mito griego del Rey Midas de Frigia, que no podía comer porque todo lo que tocaba se convertía en oro, otro mito menos conocido pero que será una clara ilustración de la “condición humana contemporánea”, el mito de Erisictón, a quien los dioses castigaron por atentar contra la madre Tierra, a padecer un hambre insaciable. “Ningún otro mito identifica tan claramente ‘infinitud’ y ‘consumo’ –en el horizonte de la muerte que es su dueña- como el destino de Erisictón” nos dice Rico, “Abocado a no detenerse ante nada para satisfacer su propio apetito… después de sorber arroyos y tragar troncos, comerse todos sus bienes (casa, muebles, vestidos) y vender a su propia hija, termina –en una metáfora que es al mismo tiempo una advertencia- por devorarse a sí mismo entre terribles gritos de dolor”. Ya en el capítulo 5 del libro, Alba Rico nos trae a la actualidad. “…desde el punto de vista cultural o antropológico hay que decir que el capitalismo, en cuanto que relación social de puro intercambio de mercancías, amenaza, por primera vez en la historia esta diferencia. Es decir, la mercancía no distingue entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar. Bajo el modo de producción capitalista accedemos a todas las cosas, de la tierra a la imagen, de los cuerpos a las ondas, de la semilla al saber, a través de la forma mercancía… Por un lado, la comida está hechizada… el fuego ha sido desplazado del centro doméstico… reemplazado por la televisión… para ser confinado en la periferia… comida pret-a-porter, objetos muertos, de cultura, tan ‘rocosos’ como los de Midas, puros signos… joyitas para comer con los ojos o símbolos de materialidad indiscernible (el fast food)… comemos bisutería… ‘marcas’ de la cultura humana sin ninguna relación… con la naturaleza… el capitalismo convierte todos los objetos, incluso los comestibles, en obras de arte… el problema es que este recinto de puras cosas de mirar, es el Mercado, es decir, el lugar destinado al ‘consumo’ o, si se prefiere, a la destrucción… Lo que caracteriza al Mercado es, en efecto, la velocidad de Erisictón, la rapidez del hambre que desprecia las cosas y las formas… Nada dura, nada arraiga en el cosmos… las cosas se suceden a tal velocidad que no nos da tiempo a agarrarlas… Todo nuestro horizonte vital está dominado por las diversas variantes de obsolescencia inducida o programada… De la aceituna a la catedral, la perseverancia en el ser es la ruina del capitalismo… La empresa Monsanto, que comercializa granos transgénicos, ha concebido un montaje genético de nombre Terminator que impide la fertilidad de las plantas y obliga por tanto a comprar todos los años nuevas semillas” completa con este ejemplo que de alguna manera une nuestra situación actual, el modelo productivista destructivo en el que hemos embarcado a nuestra Argentina de las últimas décadas, con su visión universal de un modelo capitalista de mercado que produce para destruir. No ha de ser casualidad.

Estos serenos campos fueron selva y ternura
de cantos extrañados en los días sin hombres….

En ceibales y costas quedan rumores de antes
y viene hasta mis noches como una queja antigua.
Persiste un rudo encanto que me despeja el alma,
entre arroyos ocultos y en las calladas islas.

Carlos Mastronardi

¿Y por Entre Ríos, cómo andamos?

Sin diferencias que se hagan notar… quizás no pueda haberlas, la globalización nos gana desde adentro de nosotros mismos. La tierra en posesión de cada vez menos dueños y en la mayor parte de los casos con dueños que no la conocen, que no la quieren, que no la respetan. Ubicándonos desde  una visión economicista deberíamos decir que no la adquieren con dinero producido con la producción del campo y es por lo tanto una inversión de dinero cuya función es producir más dinero sin que importe el cómo. Si la soja es la producción más rentable, pues hagamos soja; soja para “alimentar a una población mundial que crece”; con producción industrial extensiva que es “más moderna”; con la última tecnología satelital, con las máquinas más grandes; cultivando toda la superficie posible; eliminando el monte hasta la costa misma del arroyo que se llevará todos los tóxicos, a costa de su propia salud, como una gran cloaca agrícola; expulsando a los pobladores, productores hacia las ciudades donde vivirán “más cómodo”; envenenando a quienes deciden quedarse porque en el campo tienen su vida, envenenando sus animales, su leche, sus verduras, sus escuelas, sus hijos. Las imágenes que suelen verse de los métodos de desmonte en ciertas regiones del país mediante grandes máquinas topadoras que arrasan con todo a su paso y que hemos tenido oportunidad de ver también en nuestras ciudades entrerrianas, a cargo de maquinaria municipal, son un claro ejemplo de lo que hace el modelo progresista de mercado con nuestras formas de vida, arrasar, desolar todo a su paso, sin ningún lugar para opciones diferentes.

A pesar de contar con científicos, como Juan de Dios Muñoz, que supieron pensar diferente, ver la tierra madre, entender la verdad del árbol más allá del método y la sistematización, vislumbrar el ser del agua, la provincia de todos los verdes no puede distinguirse del sistema hegemónico: no debate, sólo acepta el pensamiento de una difusa autoridad tecnocrática impuesta a contrapelo de la realidad. Así nos estamos quedando con un solo verde, el de la soja. Los demás son relictos: relictos de pastizales, relictos de montes, relictos de bosques en galería, relictos de aldeas y comunidades, relictos de resistencia social, relictos de aquel “espíritu indomable” que supo gravitar hondamente en la conformación del país. Vestigios de aquel impulso ancestral que a pesar del vendaval modernizante del capitalismo perdura en las pequeñas comunidades y busca regresar desde las grietas del modelo, como el espinillo, horcón del monte, ese árbol agreste y empacado que espera enterrado en semilla a que lo dejen nacer y vuelve a poblar los campos que dejan de infestar Monsanto y nuestra soberbia.

Ambientalizar el desarrollo y los modos de vida significa descolonizar el conocimiento y descontaminarlo de las inmundicias que naturalizó el engañoso fenómeno del Progreso.

Escuela de Educación y Formación Ambiental CHICO MENDES. Rosario. Argentina.

Desaprender para aprender

En el cielo nocturno del verano austral, donde los griegos imaginaron el cinturón de un gigante cazador, los guaraníes veían una bandada, donde los europeos creían ver unas extrañas deidades, algunos los pueblos del Abya Yala vieron abejas, y las llamaron “Eichú Jasy” o “Eirusú Jasy”. Eran señales: gracias a ellas podían orientarse en el espacio y en el tiempo, por eso debían ser identificadas, nombradas, de modo que su conocimiento pudiera pasarse de generación en generación; indicaban puntos cardinales y anunciaban el comienzo del año y el ciclo agrícola anual. Por eso eran motivo de fiesta. “…Su aparición en la primavera austral o Araguyjé, era celebrada alegremente porque expulsaban a Ró, el triste invierno. Cuando la Eichú Jasy aparecía en el crepúsculo matutino sobre el horizonte noroeste comenzaba la gran fiesta. Se realizaba una ruidosa celebración acompañada de tambores, angú apú y de flautas, mimby tara”.ix

La fiesta comunitaria, la comunidad de fiesta, la celebración compartida, símbolo de la obra compartida, que era una importantísima manera de sostener y alentar el espíritu comunitario y que el mercado sustituyó por el “show”, el espectáculo en el que el pueblo es espectador, simple observador de algo que no construyó, que lo entretiene, y no simboliza nada, más allá de lo que está viendo u oyendo, al modo del antiguo circo romano, para mantener contento (que no feliz) y obnubilado al populacho.

Quizás por eso, pensadores de orígenes doctrinarios diferentes, como Monseñor Eduardo Lozano, obispo católico de la diócesis de Gualeguaychú y Jorge Rulli, militante nacional de la ecología política nos han advertido en diferentes oportunidades la carencia de fiestas genuinas y nos han marcado la necesidad de recuperarlas.x

Nosotros, habitantes acríticos de la modernidad, ya no confiamos en esos mitos primitivos, pero cual si fuésemos fieles creyentes en la mitología griega, podemos nombrar a Orión, a las pléyades y las constelaciones del zodíaco; y hasta solemos creer que nacer bajo el augurio de una cualquiera de ellas nos determinará.

Pero más importante es que ¡no las vemos!. Muy pocas personas tienen actualmente el tiempo, la posibilidad o las ganas de sentarse a admirar el “cielo nocturno del verano austral”. Muy pocos pueden identificar nuestra Cruz del Sur. Pensamos que ya no lo necesitamos, tenemos relojes, brújulas, GPS, informes climáticos, una tecnología variada a disposición nuestra para marcarnos el rumbo en el tiempo y el espacio. Las miran los astrónomos, claro que bajo el embrujo del Método y del análisis y de la ciencia; las miran para auscultarlas, no para admirarlas, no son “maravillas” sino “objetos de estudio”. Ellos pueden demostrar que las fases de la Luna no son más que un juego óptico producido por las diferentes posiciones relativas de nuestro satélite y el Sol, que no tienen ninguna relación ni influencia sobre el crecimiento de las plantas. Yo les creo, no tengo motivos para dudar, pero entonces ¿por qué el perejil crece mucho mejor si  lo siembro en el menguante de febrero, cuando al caer el día las Eirusú Jasy ya están altas en el cielo?

Al diseccionar, al sistematizar, al especializar, necesariamente perdemos de vista el Todo, la complejidad del conjunto que no es sólo la suma de las partes, dejamos de ver la “Gaia” de James Lovelock para ver sólo el potrero que debo fertilizar, el campo que voy a fumigar, la hormiga que necesito eliminar, el árbol que voy a talar, el arroyo donde volcaré los efluentes, la calle que se debe pavimentar. Aislados, sin relaciones ni interactividad. Es evidente que necesitamos una nueva educación, no los maquillajes que hemos venido haciendo desde hace unos 20 años, absolutamente nueva, revolucionaria. Esta nueva educación debe mirar la realidad de otra manera, debemos desaprender, porque de lo contrario no habrá quien pueda encarar este proceso diferente. No es cuestión de pedagogías alternativas (si bien pueden ser necesarias), no es cuestión de mejoras en los salarios (que sin dudas son necesarias), no es cuestión de organización escolar, ni de grupos más pequeños o de cambiar “Geografía” por “Ciencias de la Tierra” o “Fisicoquímica” por “Física y Química” o de modificar el énfasis de uno u otro contenido. Es nuestra visión de la realidad la que debe cambiar. Si seguimos viendo los bienes naturales como recursos, aunque incorporemos la Ecología como asignatura o “espacio curricular” o “recorrido pedagógico”, los chicos no sabrán qué es lo que necesitamos cuidar. Si seguimos enseñando que la Argentina es una República Ideal con una clara división de poderes, nuestros gurises crecerán con la idea de que es correcta la actual connivencia del Congreso y la Justicia con el Poder Ejecutivo. Si insistimos en referirnos a la producción petrolera o minera como panaceas de la economía de un país, no podremos mostrarles las aberraciones de la minería a cielo abierto o de la fractura hidráulica.  Si no mostramos con claridad el avasallamiento del gobierno nacional sobre las autonomías provinciales, los alumnos creerán que esta forma de organización política es federal. Si nosotros mismos estamos convencidos de que es “sustentable” la agricultura industrial en gran escala, no podremos mostrar otras formas de agricultura: tradicionales, alternativas, ecológicas, biodinámica.  Si un Intendente sostiene que el Municipio es una empresa y lo conduce como tal, haciendo gala de su “discrecionalidad”, además los ciudadanos votamos como si eso fuera correcto y no podemos mostrar su incoherencia en las aulas porque estaríamos siendo sediciosos, nuestros estudiantes no tendrán oportunidad de debatir formas más democráticas y participativas de gobierno.

Algo de esto nos dice el profesor Carlos Galano, refiriéndose a La Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental, organizada por la UNESCO, en Tbilisi, Georgia,  en 1977: “ Frente a la lógica de la separatividad y a una economía especializada en el dominio y el beneficio, las recomendaciones de Tbilisi focalizan la mirada en el sentido ético y equitativo de los procesos productivos, respetuosos del  ambiente, comprendiendo la complejidad del  mundo y del conocimiento, obligando, estimulando un radical cambio de percepción y una poderosa transformación de los sistemas educativos vigentes, todavía configurados de espaldas a la sustentabilidad ambiental y fragmentados en irreconciliables feudos disciplinares.”xi

“¡RUNA ALLPACAMASKA!”, “El hombre es tierra que anda” termina diciendo Atahualpa Yupanqui en el texto que da nombre a uno de sus libros. Este es un camino que necesitamos recorrer, “hacer andando”, pensar sin dejarnos enajenar por la hegemonía del modelo, sin creernos ciegamente la jerarquía de las “ciencias”; mirar con sentido ético los procesos productivos, desafiar el sistema establecido de mercado y competencia, ser capaces de “salir al costado”, generar lazos  comunitarios que nos salven del individualismo, reencontrarnos con “el otro”, descubrir la alteridad, reaprender conductas y hábitos sustentables, recuperar los saberes ancestrales que permitieron a los hombres y al Hombre adaptarse y vivir plenamente integrados al ambiente, volver a la tierra; comprender que “desarrollo” no implica “crecimiento”; valorar el ser, el estar, el “estar siendo” de Rodolfo Kusch en oposición al “tener” que nos propone el modelo.

Otro mundo es posible, comencemos a soñarlo, a pensarlo y construyámoslo.

Grupo de Reflexión ambiental MINGACHÉ / Larroque – 2014

Norberto Fiorotto – María Rosa Álvarez – Rubén Cayetano Kneeteman – Silvia Leonor Ricalde

*Aporte al llamado de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres a la presentación de estudios sobre producción sustentable de alimentos, arraigo, biodiversidad, y uso y tenencia de la tierra.