Ensayo Nº10 La energía:un repaso desde el litoral-Por Fortunato Calderón Correa y Norberto M. Fiorotto

05-05-15 |

El uso y abuso de la energía en el mundo actual se ha convertido en el cuello de botella de la civilización moderna.

Los hombres son dioses muertos de un templo ya derrumbao,

ni sus sueños se salvaron, sólo una sombra ha quedao.

Atahualpa Yupanqui

Esta obra trata de la austeridad, como condición necesaria para dar un margen de posibilidad a las energías alternativas que no aceleren la degradación de la sociedad humana.

Hablaremos del uso de la energía, claro, para los alimentos y otras necesidades básicas (tantas veces confundidas con necesidades fantasiosas impuestas por la propaganda). Hablaremos de la subsistencia de la diversidad biológica y del paisaje, y allí de la especie humana.

Las potencias están succionando la Tierra, sea a través de leyes de los estados o emprendimientos de las multinacionales socias, con sostén militar. (Un pozo de petróleo es a los Estados Unidos lo que una presa al tiranosaurio). Pero el problema no se circunscribe a los sectores de poder. La civilización moderna naturalizó el peligroso camino de la ganancia, la propiedad privada, el consumo extremo, la competencia por la acumulación, la explotación para mantener la tasa de ganancia, y va aceptando, no sin protestas, sistemas de producción y consumo incompatibles con la vida, con alta demanda energética.

Distanciada del mundo austero y de la naturaleza y la armonía y la complementariedad, distanciada del vivir bien, el sumak kawsay, la modernidad colabora en el agotamiento de las fuentes de energías que el planeta no recupera y que van en franco declive.

La modernidad se ha enviciado en posponer el abordaje y la superación de los problemas, y los problemas se apilan hacia el futuro. El sistema exige un uso despiadado de la energía, que tomó el atajo del combustible fósil aún sabiendo que es pan para hoy y hambre para mañana, y que al borde de un agotamiento anunciado halló una “tabla de salvación” en la fractura hidráulica, con riesgos extremos para lo acuíferos profundos, la red de ríos y arroyos, la salud, el paisaje, la estabilidad, porque entre sus probables consecuencias no se descartan los movimientos sísmicos. (Respecto de la riqueza en agua de la región litoral, hay que advertir que ya está amenazada y atacada por los químicos usados para la agricultura en los últimos 20 años, herbicidas e insecticidas con efectos acumulativos de consecuencias impredecibles sobre la potabilidad).

El sistema presiona para obtener energía de cualquier lugar, sin reparar en los efectos en la naturaleza, la cultura, la vecindad. La humanidad toma esa energía del futuro. Está agotando en un breve lapso lo que podrían aprovechar las próximas generaciones y las demás especies.

Hemos entrado en un círculo vicioso del que ya no saldremos con los parches y las declamaciones que antes sirvieron para posponer las soluciones.

Los habitantes del litoral, de la cuenca de los ríos Paraná y Uruguay, observamos el deterioro creciente de la salud ambiental provocado por un régimen que se escuda en el pretexto de facilitar la vida humana, pero aquí con un agregado: la coincidencia del mayor extractivismo, el mayor deterioro, y la expulsión de las personas, a un tiempo.

No ponemos en peligro el ambiente para dar lugar a la población en aumento sino para facilitar los negocios y negociados de un régimen dominado por multinacionales y otros grupos concentrados que hacen de nuestro territorio una zona de sacrificio, que destierran a los vecinos. Sin árboles, sin animales, sin mujeres y hombres, sin aire limpio, sin agua pura, con comunidades desarraigadas.

Analizaremos, entonces, la energía y lo haremos desde el litoral. Pondremos atención en la petróleo dependencia actual, expresada aquí en el gasto descomunal de combustibles fósiles para la siembra, la cosecha y el transporte de grandes volúmenes, en la duplicación del parque automotor en sólo una década, y en los anuncios de más represamientos, o de exploraciones para encarar la explotación mediante fractura hidráulica.

También haremos foco en las fuentes alternativas, y principalmente en las razones del uso desmedido de energías, lo que nos empuja a elegir un mal entre varios, como si ya estuviéramos resignados a que la ambición del hombre moderno no tiene límites.

Es decir: haremos hincapié en el necesario cambio para pasar a una vida austera, como un camino posible a la recuperación de la armonía perdida.

La armonía como principio alumbrará caminos abandonados, incluso en la vida práctica, cotidiana.

Hemos fijado la atención en las máquinas que gastan energía de manera insostenible, y a la vez expulsan trabajo humano, de modo que colaboran con un régimen que destierra a los trabajadores o los hacina en los barrios, concentra la propiedad de los medios y acorta la vida en el planeta.

Examinamos la posibilidad de reemplazo de ciertas máquinas por la antigua tracción a sangre, y advertimos de inmediato que a la nota discordante de la máquina en la biodiversidad le sumábamos la otra nota discordante por la manipulación de especies con claro sentido antropocéntrico y utilitarista, es decir, con la humanidad dispuesta a la intervención desmedida e ignorante a pesar de la petulancia “científica” en la complejidad de la naturaleza.

Y es que la superabundancia de ciertas fuentes de energía agotables como el petróleo llevó a un crecimiento de la humanidad en cantidad y al planteo de derechos propios de un mundo petrolero, al punto de hacer de la especie humana un monstruo voraz. Ignoramos cómo reaccionará ese monstruo el día que le falte el petróleo.

En el Abya yala (América) la humanidad rinde homenaje a la naturaleza, pide permiso, por lo menos donde han quedado fibras de las antiguas culturas de este suelo.

Pero la modernidad ha dicho “esto es mío”, sin pensar mucho en el de al lado ni en el que vendrá y menos en su propia ignorancia. Y así ha naturalizado insostenibles derechos de propiedad, de intervención y de gastos.

Pasamos entonces a habitar un planeta atacado. Dinero, lucro, capital financiero, estados al servicio de ese capital financiero; represas, diques, plantas atómicas, desechos, riego con químicos, monocultivos, erosión del suelo, intervención genética, megaminería, fractura hidráulica con un cóctel de venenos; pretensiones desmedidas, gastos suntuarios, consumismo a la enésima (gravísimo), hacinamiento humano, paisajicidio en suma (diría Gonzalo Abella), y en el paisajicidio: genocidio, biocidio.

En la región hay organizaciones civiles sin fines de lucro que buscan conocer y generar conciencia contra la fractura hidráulica, contra las fumigaciones, contra las industrias sucias, contra los transgénicos, contra la fisión nuclear, contra los represamientos, contra la megaminería, en fin: contra la civilización moderna, aunque a veces no sea dicho.

Paren de fumigarnos, No al fracking, Gualeguaychú no va a aflojar, El delta no se toca, Monsanto mata, El agua vale más que el oro, Los glaciares no se tocan, Fuera Chevrón, Fuera Goldman Sachs, Barrick miente, Soja para hoy hambre para mañana, El Famatina no se toca, son algunos de los lemas repetidos, como Sin maíz no hay país, gritos de advertencia que se apilan en las calles.

Todas estas luchas están cruzadas por el problema energético que la humanidad creó.

La vida no será posible a corto plazo, si continúa el despilfarro actual de energía y el deterioro ambiental que la especie humana acelera.

El ser humano, reducido a consumidor y asumido como tal, ¿puede cambiar de fuente de energía y a la vez convertirse en austero?

Este aporte al conocimiento y al debate, realizado desde los centros de estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL-, y  Grupo de Reflexión Ambiental Mingaché, busca desentrañar las causas del riesgo actual y puntualizar algunas alternativas para el vivir bien o buen vivir, sumak kawsay, echando raíces en tradiciones de los pueblos de Abya yala.

No nos resignamos a cerrar el debate sobre los efectos de la tecnología en la vida, y menos nos resignamos a cerrar filas con la fe en el progreso.

Naturaleza pródiga

En nuestra región tenemos una condición excepcional, por caso, y es la cantidad de ríos y arroyos y acuíferos profundos.

Sólo el territorio entrerriano cuenta con 7.700 ríos y arroyos, a lo largo de 41 mil kilómetros.

La Argentina multiplica por 4 la disponibilidad de agua de un país rico en este recurso. En el litoral, Entre Ríos multiplica por diez, y más, la disponibilidad de la media nacional. Los datos surgen de estudios de la Dirección de Hidráulica de Entre Ríos.

El imperialismo ya puso la mira en estas riquezas.

Muy lindos los arroyos, anudados dan la vuelta al planeta. Pero si nos descuidamos los van a anudar para ahorcarnos. Lo decimos con las mismas prevenciones que han tenido los pueblos asentados sobre minas de oro.

Como también somos productores de granos, el tema de los biocombustibles nos pega de lleno. En el documento titulado “En defensa del maíz y la vida”, la Junta Abya yala por los Pueblos Libres declaró al maíz, semilla inviolable y venerable, y fundamentó por qué deben preservarse las variedades y no deben aceptarse ni la manipulación genética ni su uso para fabricar combustibles.

La leyenda del rey Midas, que pidió que todo lo que él tocara fuera convertido en oro y le fue concedido al punto de no poder comer sino oro, y la de Erisictón, que en su afán de progreso cortó un árbol sagrado y fue castigado con el vicio de la voracidad, hasta comerse a sí mismo, son advertencias que dan en el clavo.

Analizaremos problemas, intereses, proyectos, conceptos vinculados a la energía, y distintas fuentes de energía, a manera de introducción para comprender la complejidad del asunto. De allí se podría avanzar hacia un plan integral que podría considerar, sobre una base de austeridad y de sustentabilidad (subrayamos esto), porciones de energía proporcionadas por los biodigestores, el viento, el sol, los ríos y arroyos (con pequeñas centrales flotantes), sin descartar algo de petróleo en la transición, por nombrar algunas; incluso quizá la fusión nuclear cuando esa técnica esté al alcance (ya veremos las prevenciones); y así la energía de las olas, las mareas, la luna, tal vez con ayuda también de la tracción a sangre en tanto no moleste a los que ofrecen sus músculos (incluido el hombre), y hasta un poquito con leña llegado el caso.

Es decir, la variedad de fuentes y el servicio por zonas, no concentrado, daría un complejo elástico, articulado y de mínima invasión en el paisaje.

No hay que obviar las construcciones de edificios apropiadas para evitar el consumo de energía en acondicionadores, ventiladores, calefactores; la infraestructura vial para facilitar el desplazamiento a pie y en vehículos como la bicicleta; la revisión de la matriz productiva para achicar distancias y disminuir el consumo y la dependencia de ciertas energías y ciertas máquinas; y la elasticidad de la comunidad para soportar y afrontar situaciones imprevistas y adversas con actitud.

Nos interesa plantearlo en la región, considerando nuestras características geográficas e históricas en el litoral, para zafar de las imposiciones del modelo del progresismo infinito. Pero más nos interesa señalar la necesidad de un cambio diametral en el modo de vida para que esa base de vida austera no sea una declamación.

Tal vez de esta lectura, y de nuestros intercambios, pueda surgir un modo de “soberanía energética” que involucre la sustentabilidad y por supuesto, la soberanía alimentaria y la independencia, que deseamos compartir con los pueblos de Abya yala, primero, y con el mundo.

Cuello de botella

El uso y abuso de la energía en el mundo actual se ha convertido en el cuello de botella de la civilización moderna.

La complejidad creciente de todas las relaciones hace que cada cosa dependa del conjunto mediante lazos a veces mal conocidos, si no desconocidos completamente. (Como ocurre en la naturaleza).

Mantener el todo en buen funcionamiento es algo que ya nadie puede garantizar, ningún estadista ni especialista.

Un fallo en internet puede provocar una catástrofe, lo mismo que un corte de energía eléctrica prolongado o, más previsiblemente, el agotamiento de algunas fuentes de energía, como el petróleo, antes de que otras puedan reemplazarlas.

La tendencia a arrebatar recursos del tercer mundo que muestran los países más poderosos provoca guerras, tendenciosamente caracterizadas como preventivas, contra el terrorismo o por la democracia o la libertad.

Como dijo el humorista paranaense Ricardo Leguízamo, en la guerra de Iraq los Estados Unidos fueron a buscar armas químicas. No había ni un fuyí vape, pero en cambio encontraron petróleo. ¡Qué suerte tuvieron! ¡Cómo premia Dios a los buenos!

La busca pretextada de armas químicas puede afectar a cualquier parte del mundo, y las potencias centrales pueden seguir con buena suerte. Como dijo Napoleón “Dios está de parte de los grandes batallones”. Las potencias depredadoras pueden seguir con buena suerte entonces y encontrar reservas de agua, gas natural de esquistos como en Entre Ríos, oro como en Famatina, minerales valiosos para fabricar celulares como en Afganistán, etc.

El mundo como lo conocemos: ciego voluntario, consumidor exacerbado, amigo del dispendio de pocos a costa de la miseria de muchos, escaso de conciencia y de solidaridad, seguirá su curso hasta donde pueda. Las alternativas existen, pero las posibilidades de frenar el impulso que nos arrastra son casi nulas. De todos modos, repasar qué deberíamos hacer, o mejor cómo deberíamos comportarnos para no acompañar un proceso autodestructivo aplaudiéndolo, no será inútil.

Y qué importante pensarlo desde nuestra región.

Mientras tanto, un habitante de Europa o de los Estados Unidos usa 16 veces más energía que un habitante del Tercer Mundo, y emite seis veces más dióxido de carbono, el gas del efecto invernadero.

El modo de vida tradicional

El escritor español Antonio Medrano recomienda en “El modo de vida tradicional” actitudes propias de todas las culturas tradicionales pero relegadas desde hace 500 años por la civilización occidental, que se enfrenta ahora a los resultados de sus actos confundida y sin soluciones.

Ya que la obra de Medrano es un resumen accesible y sin tecnicismos, vale la pena entresacar algunas ideas que anclan en principios universales:

1) El hombre ha de regirse por las mismas leyes que regulan el grandioso edificio del universo. Esto significa llevar una vida, sana, natural, ordenada, sencilla, sobria y equilibrada, absteniéndose de cualquier cosa que sea antinatural, de todo lo frívolo y superfluo, de lo que no es necesario o es perjudicial, de lo que sea artificio y ficción engañosa (así, por ejemplo, el ingente cúmulo de necedades, necesidades artificiales y problemas inventados que genera la civilización consumista).

2) Hay que ordenar la propia vida en todos sus aspectos: la mente, las ideas y los sentimientos, el horario y el calendario, las actividades que se realizan durante el día, las cosas que utilizamos y configuran nuestro ambiente vital.

3) Se impone huir del desorden, de las situaciones caóticas, del lujo y la extravagancia, de lo excesivamente rebuscado o complicado. La naturalidad y la sencillez son el ideal del modo de vida tradicional, pues sólo una vida sencilla, austera y sin excesos puede ser una vida libre y auténtica, en la que arraigue la verdad.

En síntesis, una vida arraigada en la verdad, libre y auténtica, es austera necesariamente, huye de los excesos, de las extravagancias, de los lujos, de los rebuscamientos y complicaciones inútiles, del consumismo, y valora cada cosa más por lo que es y menos por su utilidad.

Semejante vida no necesita hacer dispendios escandalosos, obscenos, de la energía que necesitan otros meramente para conseguir agua o preparar la comida y no necesita ocuparse por instaurar la igualdad ni la justicia porque ellas están implícitas en aquello donde semejante vida arraiga.

Vivir bien no es hacer alarde de poder ni de capacidad de consumo ni dispendio de energía, cara, cada vez más difícil de conseguir, que implica medios destructivos como fracking, megaminería, represamientos, monocultivos. Es vivir de acuerdo con normas de austeridad que brotan de adentro.

Una anécdota daba cuenta de la experiencia de un jovencito que enviado por sus padres había ido a visitar a su abuelo que trabajaba en una granja. El chico, hecho al modo de vivir de las ciudades norteamericanas, competitivo, amante del confort, de la multiplicación tecnológica y de los logros fáciles, le preguntó al abuelo cómo fue que se quedó a vivir en el campo. El viejo miró el prado, el arroyo a los lejos, contempló el paso lento del ganado, la brisa que movía la copa de los árboles y les arrancaba una melodía virginal, y le dijo: “cuestión de suerte, hijo mío”.

Perfeccionados en los defectos

La historia de la degradación de la energía por acción humana comienza posiblemente en el neolítico, cuando la invención de la agricultura hizo necesario disponer de mucha más energía que en la época de los recolectores y cazadores.

La valoración “progresista” de este cambio es equívoca, como lo muestra bien el arte rupestre. Este arte es uno de los fenómenos más difíciles de explicar del pasado remoto, justamente porque no está en línea con la idea habitual del progreso.

Los autores eran los hombres de las cavernas, que tenemos por primitivos apenas humanos, en el primer peldaño de una evolución que llega mediante un mejoramiento sin pausa hasta nosotros, que nos sentimos en la cima al cabo de un largo camino. Pero aquellos primitivos eran capaces de un arte perfectamente figurativo y realista, dinámico y vivaz, no geométrico, muy alejado del arte infantil, más próximo al de los agricultores que siguió.

Los niños dibujan más lo que conocen que lo que ven, ponen las figuras de perfil con los ojos de frente o demasiado grandes porque son importantes como motivo.

El arte de los hombres de las cavernas era impresionista, casi fotográfico, sutil, mucho más “evolucionado” que el de los agricultores que siguieron, que dibujaron figuras de las que no se puede decir con certeza sin son varones o mujeres.

Pero lo que debe retener nuestra atención es que el agricultor que siguió al cazador comenzó a usar mucha energía para sus cultivos y su ganado y que en la actualidad usamos per cápita 100 veces más energía que él.

Otros dirán que el cultivo con fines alimenticios o de vestimenta es una adaptación del hombre al medio y que la cuestión se convierte en peligrosa cuando empieza a acumular y desarrolla su ambición de acopio y con ella la especulación y el lucro.

Hace 10.000 años éramos siete millones. Hoy somos 7000 millones, y como cada uno usa 100 veces más energía, en redondo usamos 100.000 veces más energía.

Sin embargo, el neolítico trajo la institución del gobierno y las tiranías, agrupó la población en aldeas y ciudades, estableció cultos, instituyó la propiedad privada, la explotación laboral y la desigualdad de sexos y otras maldiciones que nos acompañan, perfeccionadas. Una larga práctica nos ha perfeccionado en los defectos.

La lucha por la energía viene creciendo a medida que crece el peligro de colapso energético y ha llegado al nivel de las guerras por las fuentes de petróleo, como fue el caso de Iraq.

En la planificación original de los Estados Unidos para después de la segunda guerra mundial estaba evitar el acceso del Japón a las fuentes de energía, para impedir su desarrollo o mantenerlo bajo control estadounidense.

Una de las consecuencias fue el desarrollo de las centrales nucleares en el Japón. También los planificadores norteamericanos se propusieron convertir a Alemania en un estado agrícola, como Polonia, pero luego desistieron porque vieron la necesidad de crear un estado fuerte en Europa para oponerlo a la Unión Soviética.

Alemania industrial usa muchísima más energía que hubiera usado aquella Alemania agrícola, y mantiene una población mucho mayor que la que hubiera mantenido aquella. El flujo de la energía es también un hecho político.

Actualmente la guerra por el petróleo, Iraq es la segunda reserva de petróleo del mundo e Irán la tercera, se llama “guerra contra el terrorismo” y toda ella es una suma de mentiras creada y convalidada por los gobiernos occidentales.

Buceando en el pasado

Los pueblos recolectores que subsisten todavía en el siglo XXI pueden tener una calidad de vida de que carecemos nosotros, que usamos muchísima más energía que ellos. Deben temer que la civilización moderna los alcance un día porque entonces desaparecerán físicamente o serán borrados para incorporarlos a la periferia de nuestro estilo de vida.

Dos ejemplos de actitudes tradicionales se pueden citar tomando ejemplos de la antigua China y de la Bolivia actual, del taoísmo y la doctrina perenne que subsiste en el altiplano:

El libro de Chuang Tse data del año 2300 antes del presente, por lo menos. Recoge la tradición taoísta, hasta donde es posible. En el capítulo 12 “Cielo y Tierra” expone un diálogo entre un funcionario, Tzu Kun, y un hortelano que trabajaba su campo en la provincia de Chin.

A la ribera del río Han el hombre había preparado el terreno y estaba llevando un jarro con agua del manantial que había construido para poder regar la tierra. Sudaba y bufaba, empleando mucha energía con pocos resultados. Tzu kun le dijo:

-Hay máquinas que pueden regar 100 campos en un día, con muy poco esfuerzo pero con excelente resultado. ¿No quisieras disponer de una, maestro?

El hortelano lo miró y le dijo:

-¿Cómo funciona eso?

-Están hechas de madera, sólidas en la parte trasera y ligeras en el otro extremo. Llevan el agua allí donde se quiere regar o a donde se quiere hervir la que sobra.

El hortelano se irritó, después se rio y dijo:

-Le oí decir a mi maestro que cuando tienes máquinas surgen cierto tipo de problemas; cuando tienes cierto tipo de problemas te encuentras con el corazón abrumado. Cuando tienes el corazón abrumado su pureza y sencillez se ven alteradas. Cuando la pureza y sencillez se ven alteradas el espíritu se alarma y en un espíritu alarmado no hay lugar para que se instale el Tao.

No ignoro la existencia de tales máquinas, pero me sentiría avergonzado de usar una de ellas. (A veces reaparece este pensamiento cuando no podemos conectarnos a internet, no responde la compu o nos quedamos sin batería en el auto)

Tzu Kung no dijo nada, parecía confuso. Al cabo de un tiempo, el hortelano quiso saber quién era.

-Un discípulo de Confucio

-¿Sois entonces, señor, uno de esos individuos que muestran de tal modo sus conocimientos que aparentan ser hombres sabios, tratando de impresionar a todo el mundo con su superioridad(…) con la esperanza de convertirse en seres famosos?

Más os valdría olvidaros de vuestra respiración y de vuestro espíritu y despreocuparos del cuidado de vuestro cuerpo. Así os sería posible progresar. Pero tal como estáis, que no podéis cuidar de vos mismo, ¿cómo pretendéis gobernar el mundo? Marchaos, señor, y no alteréis mi trabajo.

Más de 2000 años después, en “El pensamiento indígena y popular en América”, Rodolfo Kusch narra un encuentro con un viejo campesino aymara en un ayllu cerca de Oruro, en Bolivia, donde llegó con un grupo de estudiantes para hacer un trabajo de campo.

Acosaron a preguntas al viejo, que estaba acodado en una pirca mientras era el hijo el que las respondía. El abuelo se daba vuelta de tanto en tanto y contestaba con sonrisas apenas esbozadas, pero decía poco. Hablaba sobre todo acerca de los ayllu, o comunidades, o de los ayni, o sistemas de prestación.

El abuelo advertía la falta de lluvias y los inconvenientes que provocaba. Cuando la entrevista terminaba, uno de los estudiantes preguntó porqué no compraba una bomba hidráulica, con el argumento que asociado con vecinos obtendrían un préstamo y habría instituciones dispuestas a ayudarlos.

El rostro del viejo se volvió más impenetrable y más todavía cuando los estudiantes le decían que la bomba lo favorecería y engordaría el ganado.

El hijo, un poco como para ser diplomático, aseguró que irían a Oruro y tratarían de comprar la bomba.

Kusch dice que la distancia que los separaba del viejo era un metro, “pero era mucho más”. En realidad era la que separaba al hortelano chino del funcionario confuciano, la que va de una cultura tradicional centrada y armónica a una civilización descentrada e inarmónica, que solo ve beneficios y que a pesar de no poder resolver sus problemas ya está gobernando el mundo. Los estudiantes pensaron que se trataba de un problema de conocimiento. Si el abuelo conociera la bomba la adoptaría, solo había que cambiarle la mentalidad, informarlo, convertirlo al pensamiento occidental.

La distancia es abismal, es la que va desde una sociedad normal, basada en principios de orden superior, a una civilización sin principios, cuyos científicos son cada vez más ideólogos inconscientes de las bombas y máquinas de riego y han liberado para que devasten el mundo fuerzas sin control, como malos aprendices de brujo.

Si tenemos en cuenta el proverbio que dice que un camino de 1000 leguas comienza con un paso, el primer paso que se da hacia la explotación del mundo con máquinas, con la idea de que todo debe estar supeditado al hombre, se entiende porqué el abuelo boliviano y el granjero chino no querían dar el primer paso con pleno conocimiento de que implica comenzar a andar el camino que lleva a Chernobyl y Fukushima, a Monsanto, al envenenamiento de la tierra, al efecto invernadero y finalmente, por no vivir en armonía, a no tener para dónde disparar, a un mundo asfixiante y amenazante, donde todo es espiado para que nada escape al lucro.

La tecnología debe ser revisada, y sobre todo por su escala. Los chicos definen tecnología en la escuela como la actividad del hombre destinada a satisfacer sus necesidades … pero ¿cuáles necesidades?

¿Es la ciencia lo que dice ser?

A continuación, reproducimos una cita de “La crisis del mundo moderno”, de René Guenon, publicado en 1927.

“Las ciencias modernas no tienen carácter de conocimiento desinteresado. Incluso para los que creen en su valor especulativo, éste no es más que una máscara bajo la que se ocultan preocupaciones completamente prácticas pero que permiten guardar la ilusión de una falsa intelectualidad.

….

En esas condiciones, la industria no es ya sino una aplicación de la ciencia de la que debería ser totalmente independiente. Aquello a lo que el mundo moderno ha aplicado todas sus fuerzas es el desarrollo de la industria y del maquinismo. Al querer dominar a la materia y plegarla a su uso, los hombres no han conseguido más que hacerse sus esclavos. Han reducido sus ambiciones intelectuales a construir máquinas hasta terminar por convertirse en máquinas ellos mismos (…)

Hoy desempeñan un papel inmenso tanto en la existencia de los pueblos como de los individuos los elementos de orden económico; la industria, el comercio, las finanzas (…) porque parece que la única distinción que subsiste entre las gentes es la que se funda sobre la riqueza material. Parece que el poder financiero domina toda política (…) Nuestros contemporáneos están persuadidos de que las circunstancias económicas son casi los únicos factores de los acontecimientos históricos y se imaginan incluso que siempre ha sido así.(…)

Una de las más notables consecuencias del desarrollo industrial es el constante perfeccionamiento de los ingenios de guerra y el incremento de su poder destructivo en formidables proporciones. Eso solo debería bastar para aniquilar los delirios pacifistas de los admiradores del “progreso” moderno.

El “humanitarismo” que está de moda ciertamente no merece ser tomado en serio, pero es extraño que se hable tanto del fin de las guerras en una época en que hacen más estragos que los que nunca han hecho”. Hasta aquí Guénon.

Sin negar algunos méritos de los artefactos industriales sin los que los modernos se sienten incapaces de vivir –y eso debería hacerlos reflexionar, porque es el producto de una sugestión propagandística aplastante sobre ellos- es fácil advertir porqué el hortelano de Chin despidió al confuciano como alguien que no podía manejar su vida y pretendía gobernar al mundo, como los financistas y los políticos modernos; y porqué el viejo aymara en lugar de correr a comprar la bomba hidráulica, siguió mirando la Puna envuelto en el silencio.

Los hombres nos hicimos esclavos de nuestros propios deseos y por ende de la aparatología y los procedimientos tecnológicos que, creemos, nos satisfacen.

Ya no somos habitantes, o personas, o ciudadanos, o pobladores, o vecinos, o hermanos, o socios, somos “consumidores”. Para la sociedad actual si no consumo no soy. De ahí que nos preguntemos, una y otra vez, si en medio de este modelo consumista es posible ahorrar energía.

Dónde estamos

La civilización moderna ha creado condiciones de explotación y dominio de la naturaleza mucho más potentes que las que hayan existido nunca antes. Por esa vía le ha sido posible aumentar la población humana, que a su vez presiona cada vez más sobre los medios de subsistencia, obligando a nuevos inventos que permitan responder a la presión.

Es entonces un círculo vicioso que necesariamente deberá terminar, y posiblemente de manera desastrosa cuando no sea posible extraer más y más recursos o se produzca una reacción por así decir “natural de la naturaleza” que responda de manera contundente al avasallamiento de que está siendo objeto.

Entonces será el fin para buena parte de la humanidad actual, que se verá obligada a la austeridad a la fuerza, mediante la aparición de un tipo nuevo de barbarie.

Sin embargo, siempre tuvo a mano la solución de la sabiduría, que abandonó hace en realidad muy poco para tomar el camino desviado de despilfarro y abuso que parecía muy promisorio y luego, cuando dejó de serlo, fue obligatorio porque era necesario para una elite de plutócratas cuyos intereses mezquinos deciden el destino de todos.

Dime qué necesitas y te diré quién eres

La energía es un aspecto crucial de nuestra civilización, que de continuar con la tendencia a la depredación, la dilapidación, la concentración de riqueza en muy pocos y la generación de pobreza para muchísimos, cada vez más, tiene un futuro poco promisorio.

El agotamiento de las fuentes de energía por un uso inmoderado, casi suicida, fundado en el consumo de cosas inútiles recomendado por la publicidad, es uno de los puntos en que si no hay cambio voluntario, consciente, ordenado, habrá un cambio impuesto por las circunstancias en condiciones que no podremos elegir, tal como los dinosaurios no eligieron su propia ruina.

La diferencia es que sin dudas ellos no provocaron el desastre que los extinguió pero nosotros no estaremos exentos de responsabilidad en el nuestro.

Las necesidades según pasan los años

Por necesidades humanas se entendía en otra época conseguir alimento o protegerse del frío y también, y quizá en mayor medida en las culturas tradicionales, las necesidades fundadas en la vida comunitaria y en las relaciones con el ambiente.

La antropóloga española Yayo Herrera hace notar que resultaría muy sorprendente que un anuncio comercial de televisión sugiriera comprar algo sólo en caso de necesitarlo, o que anime a desear menos aparatos electrónicos, o que inste a dialogar con amigos en lugar de tranquilizarse con psicofármacos.

El modelo en vigencia entiende exitoso producir mucho sin importar para qué. Las necesidades que no broten del estómago brotan de la fantasía, y para estimular la fantasía consumidora está la publicidad. El economista norteamericano John Kenneth Gailbraith hacía notar que nadie publicita lo que es realmente necesario, sino justamente lo innecesario. A nadie hay que decirle que debe respirar o dormir, pero sí que necesita por ejemplo comprar tal marca de desodorante para ser irresistible en los lances de amor.

Hay economistas que dicen que lo necesario es lo que tiene demanda; pero no dicen que para mantener esa demanda es preciso un aparato publicitario enorme, que genera necesidades fantasiosas que quedarían en el olvido tan pronto cese el bombardeo publicitario.

Energía malbaratada, gente maltratada

Este frenesí de producir inutilidades no se sostiene sin un gasto enorme e inútil de energía, como tampoco la publicidad, y sin ellos no se sostiene la civilización moderna, que es casi por completo, y cada vez más, producto de un monumental engaño.

Finalmente, hay marginales a los que la publicidad invita a la mesa y los induce a consumir mil cosas de mil formas; pero los expulsa sin piedad si osan arrimarse.

El resultado es que toman lo que se ofrece de cualquier manera: se vuelven delincuentes tan pronto estiran la mano para tomar lo que se les ofreció y como respuesta se trazan políticas contra ellos.

Es preciso distinguir lo superfluo, lo insustancial, lo innecesario, de las necesidades genuinas, limitarse a éstas y no llevar al paroxismo el uso de los bienes naturales ni de la energía.

La propaganda comercial es proteica, toma mil formas, incluso las del adversario, para cumplir su fin de vender. Se debe beber una marca determinada de agua mineral para proteger los bosques del Chaco, se debe beber un refresco famoso para ayudar a los pobres del Tercer Mundo, se debe cambiar el auto para generar trabajo en las fábricas.

Vivir mejor o vivir bien

Dejando de lado insinuaciones interesadas en mantener un estado de cosas insostenible, hay que distinguir lo que es necesario de lo que no lo es y aplicar los recursos a producir lo necesario para vivir bien, no exceder los límites en busca del “vivir mejor”.

El que vive bien no quiere vivir mejor, un deseo incolmable que en realidad lo lleva a vivir peor.

El vivir mejor indica de modo inequívoco un desequilibrio que se suma a otros desequilibrios similares de todos los que ansían “vivir mejor” hasta llegar a un mundo desquiciado en que todos viven mal. Unos porque quieren consumir y no pueden y otros que pueden pero deben hacerlo aislados y a la defensiva de los terribles peligros de la calle.

El punto de vista que impone la publicidad, que parece indiscutible, no es el único. Durante siglos las sociedades humanas han establecido qué es lo importante, y han visto la felicidad en reducir el radio de las necesidades, que aumenta inversamente el radio de la libertad, y han consumido sólo lo necesario para evitar las formas de dependencia que llevan a la infelicidad.

Hemos llegado a construir una aldea global que depende del suministro de información instantánea y que de manera también instantánea -y es un peligro de la velocidad- puede sufrir una catástrofe con solo un virus informático más devastador que otros, o con un fallo en el suministro de electricidad que provoque una reacción en cadena incontrolable, o con el agotamiento de las reservas de petróleo, o cualquier causa más o menos imprevisible, que demuestre cuán frágil es nuestro mundo.

Se podría definir lo necesario como aquello cuya falta haría imposible la vida digna, con la aclaración que es un mínimo muy variable de cultura a cultura, de época a época, de personalidad a personalidad.

Señores de sus necesidades

No ha habido en la Argentina personas más libres que los gauchos, señores de sí mismos a diferencia de los peones que vinieron después, que podrían tener alimento y seguridad mientras estuvieran al servicio del patrón. Y sin embargo, aquella condición soberana que los gauchos no cambiaban por nada, venía acompañada por consumos ínfimos, que podían agenciarse sin ir al supermercado. En la pulpería, a cambio de unos cueros, obtenían algo para los “vicios”: el tabaco, la yerba, unos tragos y nada más. Los gauchos eran austeros, ascéticos. Si todos fuéramos como ellos o como tantas culturas indígenas americanas, o como los ascetas de la India, la civilización basada en el consumo cesaría porque se quedaría sin asunto, carente de interés, un artefacto curioso de un pasado extraviado que no conviene reanimar.

Entre las necesidades más genuinas están las derivadas de la vida de relación. Un niño a quien nadie nombra ni acaricia puede desarrollar enfermedades por carencia de afecto que se hubieran evitado sin ningún uso de la energía física, pero poniendo en juego cualidades que tienden a adormecerse y a parecer superfluas.

Las necesidades físicas serían las primeras, y las de relación posteriores, pero no es preciso jerarquizar en este ámbito, porque todas están presentes siempre. En el caso de las físicas, el enorme exceso de nuestra civilización, ha hecho de la gente autómatas ligados a aparatos sin los que no se sienten capaces de vivir o al menos suponen que de ellos depende la felicidad. Ha producido generaciones de aplastados por bienes inservibles o destruidos por drogas peligrosas que han entrado en los circuitos del consumo.

Las necesidades reales son las de alimento y abrigo, la seguridad, la disminución del riesgo de enfermedades, la compañía, desarrollar la creatividad, tener reconocimiento, ejercer control sobre la propia persona.

Todas estas necesidades se pueden satisfacer con enorme consumo de energía o casi sin consumo alguno.

Los alimentos pueden venir de la caza o la pesca, como hacían los hombres del paleolítico, que perdieron la felicidad cuando conocieron a la civilización moderna, o mediante la agricultura industrial inspirada por Monsanto o Syngenta.

La seguridad se puede conseguir viviendo en armonía con el medio, sin ver peligros donde no debe haberlos y estableciendo relaciones recíprocas con los demás sin competitividad ni caer en tentación de superarlos.

Otra manera de conseguirla, mucho más engorrosa y menos rendidora, es pagar centinelas y compañías privadas de seguridad, aislarse en los ghettos que son los barrios cerrados donde queda anulada la perspectiva existente en otras sociedades de practicar favores mutuos o ayudarse cuando les sobreviene una desgracia.

El transporte, sea para satisfacer el gusto por caros viajes, o para llevar de aquí para allá grandes volúmenes, es otro tema central en el estudio de la energía. Para el caso, la producción, la recreación y el comercio en cercanía ofrecen una solución sencilla.

Cazar elefantes o tocar la armónica

Herrera dice con cierto humor que distraerse es una necesidad, pero no es lo mismo tocar la armónica que dedicarse a cazar elefantes para pasar el rato (como el rey Juan Carlos). “Hay quien es ávido de estimulaciones fuertes, pero no es lo mismo practicar funambulismo que hacer rallies en zonas protegidas, que destroza el ecosistema, requiere mucha energía de origen fósil, contamina. Por lo tanto, no da igual”.

“En la actualidad las llamadas sociedades desarrolladas no discuten sobre las necesidades. Se discute acerca de la producción, de las inversiones, de las subvenciones, pero no de las necesidades. Valga como ejemplo decir que han sido eliminadas de los manuales clásicos de economía. Tampoco se habla de las necesidades en los estudios que se realizan en la escuela. No es un tema en los telediarios o en las tertulias de los medios de comunicación.

El primer paso para suprimir la discusión fue decir que sería muy difícil ponerse de acuerdo pues “eso de las necesidades es muy subjetivo”.

El segundo paso consistió en decir que ya que no hay necesidades objetivas, “se considerará necesario aquello que sea demandado”.

El tercer paso fue invisibilizar el hecho de que una buena parte de la demanda está provocada por la manipulación publicitaria.”

“Hágase un amigo” y “Coma a diario” no necesitan publicidad; pero el mercado convierte todo en dinero, monedatiza. Si el agua es accesible y gratuita, será negocio deteriorarla, hacerla escasa e inducir a comprarla en bidones.

Joan Manuel Serrat, que trabajó como tornero y como perito agrícola antes de descollar con la canción popular española, contó en una entrevista que abandonó una empresa donde trabajaba de muy joven porque vio que no se trataba de matar a la mosca del mediterráneo sino de hacerla inmune al veneno para poder vender otros venenos.

La revolución verde

La agricultura tradicional, que conserva desde el Neolítico los granos de la cosecha anterior para la próxima, es declarada obsoleta y atrasada, palabras que merecen todavía condenación por oponerse al “progreso” y se instala en su lugar la agricultura industrial con venta de semillas que se autodestruyen y prohibición de conservar las de la cosecha anterior.

Al final, todos vivimos pendientes de la necesidad, todos somos “necesitados”, pero no ya al modo de los pobres a los que se aplicaba antes la palabra. Nadie es libre por haber reducido el radio de sus necesidades. Ahora la libertad consiste en la tarea imposible de satisfacer todas las necesidades, las reales que son pocas y las imaginarias que son interminables.

El poder del deseo

Ya los antiguos conocían el poder deletéreo del deseo pero quizá no supusieron que caeríamos en la paradoja de considerar a las sociedades más ricas como las atacadas por la insatisfacción crónica provocada por el gran esclavizador que es el mercado.

Algunos ejemplos de cómo una mejora se convierte en esclavitud son los automóviles. En las grandes ciudades ya no se puede ir caminando ni siquiera a la panadería y en los Estados Unidos el que usa sus piernas cuando todos usan el auto es un marginal. El auto se convirtió en una necesidad, lo contrario de una libertad. En la medida en que el auto se convirtió en necesario, no liberó sino esclavizó.

Los zapatos fueron inventados como una alternativa a andar descalzo. Hoy, quien anda descalzo es un mendigo y encuentra quien diga, llena de piedad “piesecitos descalzos, cómo os ven y no os cubren, Dios mío”, con lo que el sentimentalismo marcha en la dirección del mercado.

La crisis de la energía impondrá la necesidad de limitarse, muy a pesar de los consumistas. Quizá una alternativa a la destrucción sin misericordia sea ver como satisfactorias cosas que lo fueron pero no lo son, por la propaganda, y admitirlas de nuevo porque hacen posible un mundo sostenible.

Algunas medidas domésticas para ahorrar energía

La dilapidación de recursos que produce el modo de vida devenido mundial es ante todo responsabilidad de un criterio insostenible fundado en el lucro, defendido a ultranza por un grupo mínimo de personas, capaces no obstante de imponerse a todos los demás.

Sin embargo, ejercitar el ahorro de energía puede ser saludable sobre todo porque nos haría ver qué poco se perdería renunciando a cosas superfluas o poco necesarias.

Cada uno en su casa puede ahorrar recursos no renovables que se usan para producir energía: una lámpara fluorescente consume el 20% que otra a filamento que produzca la misma iluminación.

No negaremos que la reducción del consumo suele ser complicada, porque la mismo mercado nos ha metido en un brete. Las lámparas fluorescentes compactas pueden ser una forma de ahorro de energía, pero no es seguro. Hay muchas cosas que no sabemos de las mismas y, ante la ausencia de controles, las empresas pueden hacer cualquier cosa como por ejemplo que no rindan lo que deben, que no duren lo que deben, y además tienen mercurio. Ya no sabemos qué hacer con las pilas con mercurio, pero poco se habla de las lámparas con mercurio. Tampoco sabemos bien lo que se gasta de energía en los procesos de fabricación. Por último lo que hemos hecho muchos, al cambiar las antiguas incandescentes de Edison por estas modernas, no es ahorrar energía sino producir más luz.

Pero volvamos a la idea. Un lavarropas de bajo consumo implica un gasto que es la mitad que el de un lavarropas común.

Una heladera de bajo consumo gasta hasta el 80% menos.

Una aislación correcta de paredes, techos y ventanas disminuye el gasto de calefacción hasta el 80 por ciento.

El conocido procedimiento de tender la ropa al sol y al viento no implica ningún consumo de energía que no sea la del sol o el viento.

El uso de papel reciclado disminuye el empleo de energía a la mitad.

Tapar la cacerola y regular la llama disminuye el consumo al 20%. Hay que considerar que es la temperatura la que cocina los alimentos, por lo que una vez que el agua hierve y permanece a 100 grados, es inútil aumentar el tamaño de la llama. Así solo se conseguirá transformar el agua en vapor más rápido, pero no aumentar la velocidad de cocción.

Subir un grado la temperatura del termostato de la heladera disminuye el cinco por ciento del gasto de energía

Los calentadores solares de agua con apoyo de gas natural disminuyen el consumo el 60%.

Los ventiladores de techo consumen el 2% de la energía de un acondicionador de aire

Viajar en colectivo y no en automóvil implica ahorrar el 80% de energía. Conducir el auto a 90 kilómetros por hora en lugar de a 110 baja el gasto de combustible el 20%

Usar un auto chico en lugar de uno grande bajo el consumo casi a la mitad. Y tomar la precaución, útil también para la seguridad, de inflar los neumáticos correctamente, merma el consumo el 10 por ciento.

Andar en bicicleta o caminar, comprar fruta y verdura de mercados locales que no hayan sido transportadas, pollos de campo que no se iluminen por las noches, frutas y verduras de estación que no hayan sido refrigeradas por meses, o propias de casa, tener una maceta con perejil, otra con orégano, arreglar con los vecinos la posibilidad de viajes en conjunto, bajar la iluminación de rutas y calles…

La energía según la física

La energía en su definición física más sencilla, sin considerar los aspectos ecológicos, es la capacidad de producir trabajo, con más generalidad de producir un cambio en el estado de cualquier sistema físico.

Si tenemos una fuerza F que se desplaza una distancia L, el trabajo se define como el producto escalar de F por L. Esto significa que si la fuerza y la distancia están en la misma dirección, el efecto es máximo; pero si la fuerza en perpendicular a la dirección, el producto será cero y el trabajo, nulo.

La energía es un concepto de la mente humana, que se puede definir, incluyendo el calor, también como todo que es capaz de cambiar las propiedades de la materia.

Por ejemplo, si tenemos cierto volumen de gas en un recipiente cerrado, al calentarlo aumentará la presión, o si el recipiente se puede expandir como un globo, aumentará el volumen. Si se comprime de modo que disminuya al volumen, aumentarán la presión y la temperatura del gas. Tanto el calor como el trabajo mecánico de compresión o de expansión son energía. (Por ejemplo el proceso dentro del cilindro de los motores a explosión, que hacen andar a colectivos, autos y camiones).

Todo cambio de propiedades de la materia se produce implicando energía, también nosotros mismos. Para “entrar en calor” hay que mover los músculos; los estudiantes saben que al cabo de varias horas de estudio, sobre todo antes de los exámenes, se les “calienta la cabeza”.

Para reponer la que gastamos para movernos, trabajar y mantener el cuerpo a 36,6 grados, debemos alimentarnos, ingerir alimentos que el cuerpo puede metabolizar usando la energía de enlace de las moléculas de los alimentos para convertirlas en nuestra propia energía.

La energía mantiene la vida y ésta exige una gran circulación energética a través de las estructuras vivas para mantenerse. La vida dilapida energía, en mayor medida los animales de sangre caliente que los de sangre fría, que usan el calor del sol para calentarse y no el de los alimentos, y menos los vegetales, que en este sentido son máquinas mucho más eficientes. Comparado con un lagarto, un pájaro “vive comiendo”.

La vida misma, a nivel físico, se puede considerar como una serie muy complicada de procesos de intercambio de materia y energía entre el ser vivo y su medio ambiente, un continuo transformarse y transferir energía de un sistema a otro con la finalidad de sostener el equilibrio del ser vivo, la homeostasis.

Un árbol absorbe luz a través de sus hojas en todas las frecuencias menos el verde, que es devuelto al medio y por eso la vegetación se ve verde, el único rango de radiación luminosa que la planta no usa.

La fotosíntesis es la capacidad de la planta de usar la luz para producir con el dióxido de carbono del aire y con el agua y los nutrientes del suelo la materia de su propio organismo y almacenar energía en los enlaces químicos entre los átomos de las moléculas orgánicas. Luego la planta usa esa energía para producir hojas, ramas y frutos.

El principio es el mismo para las máquinas. Un motor de combustión interna convierte la energía de la nafta, derivada del petróleo, es decir, producto fósil del cuerpo de plantas y animales prehistóricos, en calor. Mediante las bielas y el cigüeñal transmite esa energía al eje y a las ruedas, convertida en energía mecánica.

La conservación de la energía

El fundamento se conoce como primer principio de la termodinámica, que es simplemente el de la conservación de la energía, de modo que una forma de energía se puede transformar en otra, en particular el calor en energía mecánica.

El físico inglés James Prescot Joule lo formuló observando lo que acontecía cuando se taladraba un cañón: “El consumo de una cantidad dada de trabajo, no importa su origen, produce siempre la misma cantidad de calor”.

El principio establece que la energía puede cambiar de forma, pero no puede surgir de la nada ni perderse en la nada. Su suma total es constante de tal modo que si sumamos toda la energía que existe después de una transformación, siempre terminaremos con la misma cantidad con la que comenzamos, pese a los cambios de forma.

Esta idea vale para todas las experiencias que podamos hacer en la Tierra. Se puede extender a todo el universo, pero aquí ya no es experimentable. La teoría astronómica de un universo en inflación, en que se estaría creando constantemente materia y energía, la contradice por completo, pero tampoco es verificable.

Sin embargo, en los límites de nuestra experiencia, el principio de conservación de la energía es fundamental para la comprensión de la naturaleza.

(No descuidamos aquí lo que propuso la Teoría de la Relatividad y demostraron acontecimientos posteriores:, que la masa puede convertirse en energía y viceversa por lo que podemos generar energía aniquilando masa y aniquilar energía generando masa).

Evitar el despilfarro

Un punto esencial para la crisis energética planetaria actual es el problema de la degradación de la energía, a la que el concepto termodinámico de entropía dio por primera vez una formulación cuantitativa como “medida del grado de desorden”.

La energía que llega a la tierra, de la que deriva toda otra en nuestro planeta, lo hace en forma de radiaciones, de las que una es la luz visible. Pero deja la Tierra predominantemente en forma de calor, que respecto de la luz es una forma degradada de la energía.

Una máquina térmica, como una máquina de vapor o un motor de combustión interna, trabaja transfiriendo energía de una fuente caliente a una fuente fría.

Dentro del cilindro la mezcla que estalla está a unos 400 grados, pero los gases de escape, si bien calientes todavía, a una temperatura mucho menor.

Si bien la energía total se ha conservado, no se ha conservado utilizable de la misma manera. A 100 grados la fuente de calor es menos eficiente que a 400, se ha degradado al punto de que el rendimiento de una máquina térmica que deba tomar calor de una fuente a temperatura relativamente baja rinde menos que otro que lo toma a una fuente a mayor temperatura. La energía existe pero no está tan disponible.

Cuando se habla habitualmente de ahorrar energía no se hace referencia a cantidades totales porque como sabemos la energía no se pierde, sólo se transforma, de modo que no puede tratarse de no perderla, porque es imposible.

Se trata, y este punto es esencial, de no degradarla, de buscar la manera de usar a conciencia y con conocimiento, de modo que evitar un despilfarro que consista en una degradación de magnitud innecesaria de recursos escasos.

Hay que tener en claro que toda transferencia de energía a partir de la luz del sol, por ejemplo a los animales, a los combustibles, a las máquinas, la transformación en electricidad y de éste en iluminación o calefacción, implica una degradación de la energía. Nuestro cuerpo emite calor, todo movimiento implica rozamiento y elevación de la temperatura, por ejemplo los neumáticos, etc, etc.

Otro ejemplo es la cadena trófica, en la que el pasar de productores a consumidores hay también degradación de la energía.

El sudor de tu frente

El hombre dependió durante casi toda su historia de la energía muscular, que dejó incluso su rastro en la ciencia, porque el concepto mismo de “fuerza” está tomado del esfuerzo de brazos y piernas para quitar obstáculos o del esfuerzo de animales de tiro.

El problema al que estamos enfrentados ahora es que el uso de formas externas, no somáticas, de energía, por ejemplo de los combustibles fósiles, ha hecho posible mantener una población humana atada a esa explotación, y naturalizando una situación que no se sostiene.

Pasamos a depender de la energía exterior de tal modo que cualquier cosa que la afecte nos afectaría a nosotros de manera decisiva. Y justamente estamos ante la perspectiva de acabamiento de los combustibles fósiles, echando mano de nuevo al carbón, que había sido abandonado a favor del petróleo, o a la explotación mediante el fracking del gas de esquistos, que conlleva graves peligros.

Mientras tanto, si no hay a mano ninguna otra forma de energía que pueda reemplazar a la de los combustibles fósiles en un lapso prudencial, ¿habría un “bache” catastrófico?

En este punto se impone analizar las alternativas de decrecimiento, buscar mayor eficiencia energética, indagar en sistemas que disminuyan la dependencia energética, y algunas formas de prepararnos para enfrentar las crisis.

La energía nuclear, que podría constituir la alternativa por las cantidades que permite obtener y por estar disponible la tecnología, está siendo abandonada debido a gravísimos eventos como los de Chernobyl y Fukushima, que evidentemente no son completamente evitables.

Es, pues, una alternativa engañosa, y no faltan quienes la proponen para reemplazar la petróleo dependencia, sin considerar con mayor detenimiento la vía de la austeridad, antes que avanzar con fuentes de altísimo riesgo.

Animémonos y vayan

Un problema importante es que cualquiera puede entender la crisis que enfrentamos y los riesgos que asumimos, incluso que haya que tomar medidas para corregir una situación que puede ser insostenible, pero nadie quiere cambiar su estilo de vida ni poner en cuestión su propia situación de consumidor-degradador de la energía. Las dificultades se relacionan con la valoración del estado a que ha llegado la civilización actual como el mejor posible, debido a la idea del progreso indefinido, y la idea de que el futuro traerá nuevos avances que permitirán resolver las dificultades actuales y nos pondrán en un estado superior por la vía del mejoramiento general.

Toda energía deriva del sol

Los telescopios permiten conocer detalles de la formación de las estrellas y las galaxias a partir del polvo interestelar, acontecimientos que implican masas inimaginables de materia y energía, pero en los que estamos involucrados porque esos son también nuestros orígenes.

Cuando el sol se formó congregó la materia y la energía de que está hecho también nuestro cuerpo. Todos nuestros átomos estuvieron alguna vez en el centro del sol, somos polvo de estrellas y toda la energía que usamos, sin excepción, es de origen solar.

Y atómica además, porque toda forma de energía terrestre deriva de la fusión de átomos de hidrógeno para producir helio en el sol.

El sol provoca los vientos, la evaporación del agua superficial, la formación de nubes y lluvias, los saltos de agua y proporciona la energía para las reacciones de fotosíntesis sin las cuales nuestra vida sería imposible, ya que en última instancia dependemos de los vegetales para alimentarnos ya sea directamente o a través de los animales herbívoros.

La escasez de carbono en la Tierra y el hecho de que sea un elemento esencial para la vida, ya que la química de la vida es la química del carbono, hace que su rotación deba ser rápida y que todos los seres vivos se lo disputen, lo que se traduce en el hecho de que todos deban morir y que se coman los unos a los otros.

La energía solar es responsable de las reacciones químicas que permiten el desarrollo de vegetales y animales, que con sus cuerpos descompuestos, con el paso de millones de años, se han convertido en petróleo y en carbón. Pero el sol es fuente de las energías renovables como el viento, las olas y la biomasa.

El sol irradia su energía en todas direcciones, pero una parte ínfima llega a la tierra, como la luz de un foco que alumbrara una pelota de diez centímetros de diámetro desde un kilómetro.

La radiación solar interceptada por la Tierra es 4500 veces toda la energía que consumimos, es la principal fuente de energía renovable a nuestro alcance y la que produjo indirectamente toda la energía no renovable.

La radiación solar se transforma en calor en aparatos tales como los termotanques solares y en electricidad en los paneles solares. Dicho de otro modo, la radiación solar se puede transformar en electricidad mediante tecnología fotovoltaica y mediante artefactos que calientan agua aprovechando la radiación directa.

Las células fotovoltaicas convierten los rayos solares en energía eléctrica y están entre las más prometedoras de las energías renovables. Ya se usa en relojes y calculadoras, por ejemplo, pero también se han hecho funcionar automóviles experimentales con ella y hay casas provistas de paneles que producen energía para la iluminación. Además se emplea en el alumbrado público y en equipos como los boyeros eléctricos para el campo, en viviendas aisladas y como fuente de energía para los satélites y sondas enviadas al espacio exterior.

A pesar de ser limpia, no contaminante y libre de ruidos, un limitante por ahora es el costo de los paneles, de modo que su participación en el total de energía consumida es marginal.

El sol está disponible para las mayorías. En la Argentina, solo una minoría bien dispersa goza de una puesta de sol, de un amanecer, porque las grandes ciudades concentran la población hacinada, y no sólo en los barrios marginales. Y son millones los que trabajan con luz artificial, escondidos de los rayos del sol, o apilados en barrios sin siquiera caminos internos que permitan el ingreso de la luz solar… Se impone, pues, un cambio de hábitos y en la distribución demográfica.

Las promesas solares

Recientemente se anunció una alternativa a tener en cuenta para el almacenamiento de la energía solar. Los paneles que convierten en electricidad la energía radiante del sol obligan a usar la energía a medida que se convierte o a almacenarla en baterías, lo que resulta caro.

El secreto, de acuerdo con el anuncio, es mediante un proceso simple almacenar la energía obtenida de los paneles solares. Se trata de usar el principio de la fotosíntesis para descomponer el agua en oxígeno e hidrógeno, gases que se pueden almacenar y recombinar cuando se necesite la electricidad, sin dejar otro residuo que agua.

El dispositivo haría posible el uso masivo de la energía del sol como fuente prácticamente ilimitada.

Las reacciones químicas implicadas son bien conocidas, lo que hace falta es un catalizador que las haga posible a velocidad razonable y bajo costo.

El invento anuncia dos catalizadores: uno que produce oxígeno a partir del agua, y otro que produce hidrógeno también del agua, sustancia compuesta justamente de hidrógeno y oxígeno.

La energía solar térmica se puede utilizar mediante receptores en que circula un fluido que absorbe el calor o mediante el bioclimatismo, es decir, el diseño de viviendas y edificios, de modo de disminuir las necesidades de calefacción y refrigeración.

El sueño de la energía libre, la Jauja energética

Nikola Tesla, en las primeras décadas del siglo XX, inventó o creyó inventar la utilización de las energías telúricas, prácticamente inagotables y gratuitas, mediante una torre desde donde se podría transmitir a distancia sin cableado. Pero entonces el banquero John Pierpoint Morgan le retiró el apoyo económico. Tesla murió pobre y olvidado, cubierto por una fama de excéntrico y sospechoso cultivada intencionalmente.

El viejo Morgan sabía que Tesla, quizá sin proponérselo, ponía en riesgo sus lucros en la industria del cobre, donde el banquero tenía un monopolio muy rendidor relacionado con la fabricación de conductores eléctricos.

Los entusiastas de Tesla afirman que descubrió que haciendo vibrar la energía a cierta frecuencia la carga eléctrica de la tierra hace aumentar sin límite la energía que se podría transmitir sin conductores. Era una perspectiva que alarmó e indujo a hacer un alto en las contribuciones económicas para frenar las investigaciones.

Los recursos de Tesla mermaron hasta desaparecer y debió enfrentar un freno casi absoluto de sus experimentos por falta de dólares.

Pero continuó como pudo sus investigaciones. Construyó una torre de 60 metros en Colorado Springs y logró que encendieran 200 lámparas eléctricas al mismo tiempo con lo que llamaba “la bobina de Tesla”

Aunque es difícil aceptarlo, Tesla en punto a la energía pudo haber caído víctima de la más atractiva y acrítica de las utopías. El país de Jauja de Bruegel el Viejo o el País de las Delicias de El Bosco, son cuadros pintados en una época de terrible padecimiento popular.

Jauja, el país de la Cucaña, fue al fin del Medioevo el reino del revés; pero del revés de los sufrimientos que ya se abatían sobre la gente común con la disolución de las relaciones sociales antiguas. Para los hambrientos Jauja era un paraíso donde las paredes eran de turrón, las torres de pastel pintadas con mermelada y las nubes de azúcar. Los cerdos caminaban hacia el asador con un cuchillo clavado en un costado.

Un sueño que no dejó de alimentar la imaginación si no el estómago, y que seria posible hoy mismo si la energía fuera de libre acceso para todos e inagotable, como la energía libre de que se habla de nuevo en nuestra época.

El sueño de la energía libre reapareció muchas veces, algunas con fundamento, otras como ideas bizarras fácilmente desechables como las que implican el movimiento perpetuo.

Una de las descripciones a que este viejo sueño dio lugar lo muestra en toda su potencia de arquetipo capaz de fascinar el criterio en este ejemplo de una supuesta energía subatómica, escondida en los entresijos de la mecánica cuántica que tanto cuento ha suscitado: “La energía taychon es una energía ordenadora y armonizadora de todos los campos electro-magnéticos que rodean el cuerpo, así como el nivel físico, emocional, mental y espiritual. Al ordenar todos los niveles, se experimenta un aumento en la energía y resistencia física; claridad mental, tranquilidad, mayor intuición y armonía en todos los niveles. Mayor absorción de vitaminas y minerales, mejora la meditación, aumenta la función cerebral y disminuyen los síntomas de dolores generales en el organismo produciendo una sensación de bienestar”. ¡Lástima que no sea verdad tanta belleza! No será verdad, pero es tan lindo que hay quienes están dispuestos a creer en taychon nada más por su poder para suscitar el sueño individual de felicidad.

Pero es cierto que el mismo día que Tesla murió, el FBI requisó todos sus materiales, laboratorio, notas, cuadernos y los guardó bajo siete llaves hasta ahora. Todo lo que se relaciona con él pasó a ser secreto de estado y así se mantiene.

La idea de Tesla vuelve de tanto en tanto. Muchos de sus prodigiosos inventos están patentados, pero las patentes duermen en cajones desde que algunos empresarios las compraron, no para aplicarlas sino para no aplicarlas.

¿Teorías conspirativas? Un mundo que prioriza patentes y ganancias, y en donde un imperio dominado por el capital financiero es capaz de colocar gobiernos y voltearlos, o inventar excusas para atacar a un país en busca de energía, permite que las sospechas de maniobras perversas adquieran alto grado de verosimilitud.

El poder detrás del trono

La energía libre de Tesla prometía hacernos vivir en un mundo de superabundancia que sin dudas necesita de otros cambios para realizarse.

Los banqueros han conseguido que un depósito de 1000 pesos se convierta en 10000 con el solo expediente de prestarlo varias veces y no tener retenido en sus bóvedas más del 10% del total del depósito. Así, cuando alguien recibe un préstamo hoy en día lo único que pasa es que en su cuenta figura acreditada la suma sin que nadie haga nada más: no se imprime dinero ni se hace ningún movimiento ni transferencia. Pero el tomador debe empezar a pagar intereses por un dinero que en realidad no existe. Se dice que la mercancía de los banqueros es el dinero, pero ellos cobran por algo que no tienen: son estafadores. Cuando han prestado suficiente cantidad de dinero, sabiendo que no lo recuperarán de modo de provocar una catástrofe calculada, elevan las tasas de interés, La actividad económica que propiciaron merma, hay menos empleos y menos salarios, pagar los intereses se hace cada vez más difícil y finalmente sobreviene el desastre, como en Europa desde 2008.

Entonces los banqueros ejecutan las garantías y se quedan con lo que desde el principio sabían que era lo verdaderamente valioso: los casas, los campos, las industrias. A cambio de nada. Y además, hacen que los gobiernos los “salven” con enormes cantidades de dinero, que no pasan ni cerca de los que verdaderamente lo necesitan. Con cada burbuja se empobrecen más los pobres y se enriquecen más ellos.

Hace un siglo se creó la Reserva Federal, el Banco Central de los Estados Unidos. Desde entonces el poder financiero les ha permitido a los que lo detentan repetir este proceso varias veces, de modo que Morgan, Rockefeller, Vanderbilt, Carnegie y algunos otros, como Goldman Sacks hoy día, tengan en sus manos producir las “burbujas” que deseen para arrasar con todo una y otra vez y concentrar cada vez más poder.

La Reserva Federal es una entidad privada que por ley está fuera del control del Estado y tiene la facultad de imprimir billetes. Eso se llama “emisión monetaria” pero si lo hace otro privado cualquiera, se llama “falsificación”.

Eduardo Galeano describió la situación de manera inmejorable en “Patas Arriba”: “cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, se llama “ajuste de cuentas” y se llama “plan de ajuste” la ejecución de un país endeudado” cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate; si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol”… “Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres y contra los pobres de todos los países con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas…”

El poder financiero sale al campo

La última maniobra que han urdido es hacer que toda la industria de la alimentación pase por sus manos, mediante un procedimiento más o menos similar al del dinero. Las semillas están patentadas, nadie puede sembrarlas ni usar las de la cosecha anterior sin ser un delincuente. Un perfeccionamiento es hacer semillas que se autodestruyen (ya amenazaron con eso), de modo que retenerlas sea imposible. El que quiera comer debe comprarle el derecho a Monsanto.

Otro tanto se ha hecho con la industria farmacéutica, en que hay indicios de que usan vacunas para provocar infertilidad en las mujeres y que uno de los fines de los agrotóxicos es crear generaciones humanas infértiles. La finalidad es la lucha contra el exceso de población, que a sus ojos afecta a la humanidad. Quizá porque si es muy numerosa es más difícil de controlar.

En estas condiciones, si se dispusiera libremente de energía y se terminara el negocio del petróleo, que está en manos de los mismos banqueros que mantienen alto su precio, nada nos permite pensar que aquella libertad no se convertiría también en esclavitud.

Existen enormes cantidades de dinero en circulación. En su momento, José Martínez de Hoz dijo que tomó los préstamos que constituyeron la deuda externa argentina para absorber parte del exceso de liquidez mundial. Esa deuda es una forma de esclavitud por exceso. En manos de los banqueros, la energía libre se arreglaría para ser ella también una esclavitud.

Cuando la riqueza genera miseria

Uno de los problemas de nuestra América es la abundancia de recursos naturales. Ya Balzac notaba que la belleza podía ser un presente griego para las mujeres pobres. De manera similar, las riquezas naturales de Nuestra América suscitan el interés usurario de las potencias centrales, que se apresuran a tomar posesión de ellos para mantener un modo de vida suicida.

El potencial energético de los recursos naturales de Nuestra América sería suficiente para cubrir en más de 22 veces la demanda eléctrica de la región en 2050.

Se trata de un informe del Banco Mundial, que responde a intereses bien conocidos: el poder financiero. El Banco recomienda “oportunidades de inversión”, que por otro nombre son créditos que pagan los pueblos con los que se soborna a gobiernos para que los usen las empresas dependientes de los banqueros, por ejemplo Chevron.

Antes de que aprobarse el acuerdo entre Chevrón e YPF con cláusulas secretas, el gobierno argentino subió el precio del petróleo crudo de modo de asegurar a Chevron la transferencia de 6000 millones de dólares. Y la empresa que devastó la cuenca del Amazonas en Ecuador promete invertir 1000 millones…

El Banco Mundial no demora sus recomendaciones, pero las disimula bajo un lenguaje de aspecto técnico: “hay que eliminar las actuales barreras institucionales del mercado para garantizar un cambio de modelo energético”. En otras palabras, renunciar a las soberanías nacionales para que la transferencia de energía se haga tan fácil y “limpia” como la de capitales. El “anzuelo” es “mitigar los efectos del cambio climático en el hemisferio”.

El Banco estima con ojos brillantes lo que podría producirse con los recursos solares, geotérmicos, mareomotrices, eólicos y la biomasa disponibles en los países del Sur.

Actualmente, Nuestra América produce más de la mitad de su energía de fuentes que no son combustibles fósiles, por ejemplo energía de represas hidroeléctricas o centrales atómicas, en comparación con el 18% del resto del mundo, que es más dependiente del petróleo y del gas natural

El Banco llama a no engañarse, y recalca que desde el punto de vista financiero, conociendo los bueyes con que ara, las tecnologías de energía “limpia, son cada vez más atractivas y su coste esta descendiendo. Además, hay que fijarse en los beneficios sociales de utilizar estos recursos, que son considerables para el Estado y para la sociedad en general”.

El informe se explaya luego ampliamente sobre esos presuntos beneficios sociales de las explotaciones que recomienda. Es “relato” dirigido a los gobiernos y pueblos que serán engatusados u obligados, según sea necesario, porque lo que queda una vez que pasó por ejemplo una megaminera por un país es naturaleza muerta, regiones desoladas, ciudades fantasmas, miseria y tierra arrasada, como el Nordeste brasileño después de la caña de azúcar.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático ha sugerido esa solución al cambio climático: reducir en forma abrupta las emisiones de CO2 a la atmósfera. Esas emisiones derivan de la utilización de los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural). De ahí la necesidad de un nuevo modelo energético con energías limpias, no contaminantes, pero ¿quién controlará esas energías? ¿Qué solución será si no va acompañada de políticas para la emancipación? ¿Y qué solución, si no entramos a la vez en un modelo de austeridad?

Energía de biomasa

Cada año, la vegetación que destruyen los incendios en la Argentina permitiría satisfacer la demanda total de energía eléctrica del país, de acuerdo con un informe de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires

Según el estudio, la Argentina es uno de 57 países del todo el mundo que podrían satisfacer la totalidad de su demanda de electricidad a partir de la energía que se libera en incendios de vegetación, incluyendo los naturales y los producidos de mano humana, por ejemplo en desmontes.

Potencialmente se podrían generar 154 terawatios-hora de electricidad por año, más que el consumo total de 2008, que fue de 110 teravatios-hora. (Un terawatts-hora es una unidad de energía equivalente a mil millones de kilowatts-hora).

No es posible usar todos los incendios ni toda la masa vegetal para convertirlos en electricidad, pero los números a que alude el estudio permiten estimar la magnitud del recurso

La investigación muestra que esta fuente de energía podría reducir las emisiones de gases con efecto invernadero al reemplazar a los combustibles fósiles en la generación termoeléctrica.

La utilización de biomasa vegetal constituye una recirculación de carbono y no un aporte neto de CO2 a la atmósfera, como cuando se usa gas o fuel-oil para generar electricidad.

Cuando se quema madera se devuelve al aire el dióxido de carbono que la planta sustrajo del aire en su momento para formar la madera. En cambio, cuando se quema petróleo no hay tal circulación de carbono. En realidad, el petróleo que está bajo tierra ahí debiera quedar, y si no es así es porque hay intereses fortísimos que lo cambian de lugar.

Hay que contemplar también que del petróleo se obtienen una enorme diversidad de productos sintéticos o derivados que hoy se nos han hecho “imprescindibles”. Cuando el petróleo se agote, no se nos acabará una fuente de energía solamente sino una base de elaboración de numerosos productos que no se podrán obtener de otro lado. Esta sería otra razón para dejar de  gastar petróleo quemándolo.

Según las mediciones la extracción del 11 por ciento del crecimiento anual del bosque chaqueño, en un área de 363.000 hectáreas, permite satisfacer sustentablemente la demanda de una planta de generación térmica con una capacidad instalada de 113 megawatts (equivalente a un tercio de Atucha 1) a lo largo de toda la vida útil de la planta.

Con una red de alta tensión, la energía generada en el bosque chaqueño se podría utilizar en cualquier cordón industrial o ciudad del país.

Ahora, ¿hemos evaluado el daño que provocó a la biodiversidad el uso de biomasa para la energía en este siglo? ¿Cuántos miles de hectáreas por año se llevó la provisión de carbón vegetal en un corto lapso, con especies nativas, con selvas enteras?

¿No se compara esa tala rasa a la provocada por la expansión agrícola actual, para la producción de porotos que darán de comer a los cerdos de otro continente, o de diversas semillas que usarán en biocombustibles?

¿Cómo contribuimos en nuestra región, en sólo 100 años, a la abrupta reducción del stock biológico del planeta?

La producción de bioelectricidad podría no implicar un cambio radical del uso del suelo como cuando se lo desmonta para cultivar soja, y a la vez podría representar en ciertos casos un uso más eficiente respecto de la producción de carbón que se realiza en esos bosques bajo condiciones de trabajo extremadamente precarias. Pero no es ocioso insistir: la soja para biodiesel es biomasa, los bosques talados para madera, biomasa. Los bosques talados para sembrar soja eran biomasa, los pastizales quemados eran biomasa, los deshechos de los biodigestores son biomasa, los alimentos son biomasa, los alimentos transgénicos también, el carbón vegetal viene de la biomasa, el alcohol carburante y la alconafta vienen de la biomasa…

La energía hidráulica

En Entre Ríos se construyó la represa de Salto Grande, en el río Uruguay al norte de Concordia, con la consecuencia del anegamiento de la vieja ciudad de Federación y la generación de un cinturón de miseria en la llamada “Capital del Citrus”.

Luego, cuando se quiso construir otra represa en el Paraná a la altura de la isla del Chapetón frente a Villa Urquiza, una reacción generalizada de una población ya inmunizada llevó a la legislatura a votar una ley que establece que la provincia es “libre de represas”.

De no resolverse la causa  de la búsqueda alocada de energías, que es el sistema económico y el consumismo, el poder seguirá buscando satisfacer las “necesidades”. Una prueba es que la exitosa lucha contra el represamiento del Paraná Medio vuelve a ponerse en escena con anuncios de un represamiento un poco más al norte según los intereses del grupo inversor Goldman Sachs (los directivos de la financiera fueron recibidos en enero de 2014 por el ministro Julio de Vido, que tiene en carpetas los represamientos), y represas sobre el Uruguay (Garabí y Panambí). Los habitantes de una región, o una provincia, podrían comprometerse a una vida austera, a reducir al máximo sus consumos innecesarios de energía, lo cual significaría enormes esfuerzos en su modo de trabajar, viajar, tomar vacaciones, ambientar los lugares, etc. Pero tropezarán con el sistema producción y transporte de grandes volúmenes, que es el principal demandante. En lo que respecta a las represas, este trabajo agrega al final un Anexo I. Es un estudio de impacto del represamiento del Paraná Medio, realizado por el Licenciado Carlos Natalio Ceruti, que sostuvo las luchas sociales que frenaron el proyecto. El documento no está actualizado, pero tiene plena vigencia. Allí puede observarse cómo el interés por la energía incide sobre el entorno y su complejidad.

La energía que proveen las centrales como Salto Grande es limpia y renovable, pero tiene inconvenientes derivados del impacto ambiental de los embalses

La construcción de las grandes presas genera efectos negativos sobre el entorno durante el periodo de construcción y en ocasiones permanentes, como fue la pérdida definitiva de la Vieja Federación

Las presas hidroeléctricas modifican el hábitat de muchas especies y destruyen en gran medida vegetación lindante, además de afectar el ciclo natural de los peces al constituir un obstáculo artificial; modifica la flora microbiana (bacterias, hongos, etc), y  las poblaciones de insectos con la consiguiente aparición de nuevas enfermedades transmitidas.

Muchas regiones de la Tierra enfrentan ya problemas de abastecimiento de agua y la que debe destinarse a la población, al ganado y a los cultivos no es suficiente. No hay entonces suficiente para la represa. En Salto Grande, construida en un río que debe llevar un caudal medio de 6000 metros cúbicos de agua por segundo, muy poco tiempo hay suficiente para permitir el trabajo a pleno de sus 14 turbinas y en ocasiones trabaja una sola

Tanto Salto Grande como el Chocón o Yaciyretá, las grandes centrales hidráulicas argentinas, y las menores como Alicurá, Piedra del Aguila, Planicie Banderita y Futaleufú, están lejos del gran centro de consumo que es Buenos Aires.

Por eso se hizo necesario el tendido y mantenimiento de costosísimas redes de distribución de electricidad en alta tensión, que no sólo provocan pérdidas inevitables de energía sino que generan otro impacto ambiental que está siendo cada vez mejor conocido y más rechazado.

En Federación los habitantes de la ciudad sepultada bajo el agua del lago de Salto Grande se estaban mudando con tristeza sin medida a las casas de la nueva ciudad, que parecía un desierto bajo del sol de verano. Dejaban la vieja ciudad ahogada en agua, como ellos en penas, la ciudad que había crecido orgánicamente durante siglos, donde cada casa tenía su historia y sus moradores conocían las familias de sus vecinos desde generaciones como conocían desde el nacimiento, porque los habían plantado, los cercos vivos de sus terrenos.

En la ciudad nueva los vínculos que trenzó largamente el afecto se cortaron de golpe, para dejar los muñones. Los viejos pobladores, en momentos de bajante del río, iban a la ciudad vieja a instalar sus sillas sobre en las baldosas remanentes de la que había sido su casa demolida.

Cada cual quedó separado de su vida anterior en una vivienda igual a todas, levantada en un terreno extraño, igual a cualquiera. Había publicitadas algunas ventajas: las casas tenían termotanques eléctricos porque la energía de Salto Grande, a la que Federación se había sacrificado, iba a costar muy poco. La obra de la represa ya había terminado y lo que dejó hasta ahora fue un cinturón de miseria sobre todo en Concordia que no había sido comentado por los que prometían trabajo, progreso, etc, etc. Pronto les llegó la hora a los habitantes de la Nueva Federación de mandar al galponcito del olvido los termotanques eléctricos, porque a ellos la energía, según la boleta, les costaba más que en Buenos Aires, para la que en realidad se había hecho la obra.

Distinto es el caso de las “Mini Centrales Hidroeléctricas Flotantes de Aprovechamiento Cinético”, que parecen muy interesantes para nuestro sistema de ríos. Generadores de electricidad montados sobre turbinas hidráulicas flotantes que no requieren embalses, no modifican el paisaje en gran medida, no dificultan la navegación, no alteran la fauna ictícola…

En Entre Ríos serían muy útiles pequeñas represas para los arrozales, por ejemplo, y para atenuar el efecto de las sequías. Y sobre todo permitirían disminuir o eliminar el uso de energía eléctrica o de gas oil para bombear agua de las napas.

Hay turbinas pequeñas, producidas en Europa, que permiten obtener energía del caudal evacuado de esas represas cuando su nivel es superado por el flujo de las lluvias o los arroyos. El procedimiento existe, la técnica se usa. En cuanto a si implica “paisajicidio”, la afectación del paisaje es inevitable pero no romperían la resiliencia. En este caso sería menor que un campo de molinos eólicos, por ejemplo, que suele ser desolador.

La fusión nuclear

Salvo alguna novedad espectacular, el petróleo se agotará. Está claro que ya pasamos el momento de mayor “producción” (pico) y venimos en franco retroceso. La vuelta al carbón lo agotará también. A pesar de sus peligros y del rechazo generalizado, la fuente de energía ya disponible que permitiría reemplazarlo es la nuclear…

Eso no equivale a legitimar esa fuente, y tampoco a ignorar la capacidad de la eólica y la solar para reemplazar a los fósiles en el futuro.

Ahora bien, el método que se trata de hacer viable es la fusión nuclear, la misma reacción de transformación de hidrógeno en helio que se produce en el centro del sol.

Se procura un reactor que haga posible la fusión del deuterio (²H) y el tritio (³H), ambos isótopos del hidrógeno, una reacción que generaría gran cantidad de energía, helio y un neutrón.

Para obtener la cantidad de energía que producen por esta vía cinco gramos de deuterio y tritio, se necesita casi una tonelada de carbón.

En la Tierra existe suficiente deuterio para abastecer durante miles de años los reactores de fusión nuclear; pero casi no hay tritio, por lo que se debería producir artificialmente.

Se ha propuesto usar sales de un metal llamado litio, que cuando es irradiado con neutrones genera una reacción de fisión nuclear en la que se produce tritio y helio.

Entonces el reactor de fusión produciría tritio a partir del litio pero no desechos radioactivos.

La fusión nuclear suele presentarse como una panacea de la energía. Abunda el deuterio, pero del tritio se habla poco, no hay tritio y hay que fabricarlo a partir del litio.

El litio es relativamente abundante en la corteza terrestre pero no en concentraciones de mineral que hagan sustentable su extracción, salvo en algunos lugares como los salares de la Puna de Atacama. Pero ahora que se usa más en las baterías, su precio aumenta de manera exponencial. No es difícil imaginar lo que ocurrirá si llega a necesitarse en las centrales de fusión. Además su explotación minera también es un problema adicional que hay que analizar, advertidos como estamos de las consecuencias de la minería a cielo abierto.

Otro problema es cómo contener el reactor en que se produciría una reacción solar dentro del planeta. Cuando sale el sol y la luz inunda el mundo, saludamos sin saberlo una monumental reacción nuclear ante nuestra vista. Por ahora no hay cómo trasladarla a la tierra y domesticarla para usar su energía.

Por ahora, todos los reactores nucleares, como los de Atucha, los franceses, japoneses, rusos y norteamericanos, son de fisión nuclear. Utilizan elementos pesados como el uranio. Al fisionarse sus átomos se producen grandes cantidades de desechos radiactivos.

Un reactor de fusión no rompería los átomos sino que los uniría sin producir residuos

Dentro de medio siglo el costo de la energía producida por la fusión, si se resuelven los problemas técnicos involucrados, será comparable al de la energía que producen los reactores de fisión o las usinas alimentadas con petróleo, gas o carbón.

Un reactor de fusión nuclear de tres mil megavatios necesitará 500 gramos de tritio por hora.

El estrangulamiento energético que llevó a pactar en condiciones humillantes con Chevron, la ex Standard Oil, también impulsó un plan de extensión de la energía nuclear en la Argentina. Pero se trata de centrales de fisión, con todos los inconvenientes conocidos.

Las posibilidades de la fusión son todavía teóricas. Una central construida con los recursos técnicos actuales debería tener el tamaño de una ciudad como Rosario…. ¿e incluiría el uso de fisión como detonante?

Los digestores

En Entre Ríos ya hay experiencias con biodigestores, por ejemplo en Cerrito. Un biodigestor es un artefacto capaz de producir gas a partir de desechos orgánicos o biomasa. Se ha dicho que lo que para unos es basura para otros es tesoro; pero quizá mejor sea que no hay basura que no pueda transformarse en tesoro si se sabe ver.

Hay comunidades que convierten la bosta, los desechos humanos y la basura degradable en energía para cocinar, bañarse o alumbrarse. La clave son los biodigestores, instrumentos sencillos para producir el gas que de todas maneras producen los desechos, pero que suele perderse en el aire si no se lo conduce adecuadamente.

El biogás es metano o gas de los pantanos, el más sencillo de los hidrocarburos, que se puede capturar cuando se desprende de los desechos en descomposición. Las plantas de tratamiento de residuos cloacales despiden metano. Si se captura y no se lo deja diluirse en el aire, se puede usar en la casa como combustible o para generar electricidad.

Por ejemplo, se puede acoplar a las plantas de tratamiento de efluentes cloacales una planta de producción de gas y distribuirlo a los consumidores, totalmente purificado, por tuberías.

Hay biodigestores que contienen bacterias que descomponen la basura y recoge el metano en un recipiente que se usa para alimentar una cocina… Como sea, queda la idea de que los biodigestores nos permitirían una suerte de reciclaje permanente.

Parques eólicos flotantes

La energía del viento fue una de las primeras que se utilizaron además de la muscular de los animales, usados como bestias de tiro para la agricultura. Pero el viento es inconstante, por lo que el conocimiento de las corrientes que cruzan el mar era muy preciado entre los navegantes que se arriesgaban lejos de las costas.

Actualmente, es posible usar la fuerza del viento para mover las palas de grandes molinos, en la cima de las montañas, en amplias llanuras o en el mar, sobre todo donde soplan vientos más o menos permanentes, como en la Patagonia. Sin embargo, el aporte de la energía eólica al sistema interconectado argentino es todavía marginal, muy por debajo de sus posibilidades.

El molino Forclaz, hoy atracción turística en el departamento Colón, Entre Ríos, era un molino de viento construido por inmigrantes suizos. Nunca funcionó, y los turistas reciben la explicación que fue por falta de vientos suficientes. Sin embargo, no había en Suiza vientos tanto mejores que en Colón. El molino, un ejemplo de utilización de la energía eólica, estaba mal construido y por eso se le agregó un malacate para usarlo con fuerza de animales.

En Noruega y Dinamarca hay parques eólicos en el mar, que se pueden apreciar desde buques en navegación. Las aspas de casi 100 metros y 5000 toneladas alimentan turbinas que generan en total más de dos megavatios. Esas turbinas no están ancladas, flotan libres en zonas de hasta 700 metros de profundidad, lejos de la costa de modo de no contaminar el paisaje. Los parques flotantes prometen suministrar en el futuro hasta el 15% de toda la energía utilizada.

Algunos inventos bien intencionados, pero…

La atención que merece la energía llevó a algunas ideas curiosas, a veces bizarras, pero en ocasiones interesantes para mantener “en carpeta”.

Por ejemplo, en Holanda, en un bar, se instaló una puerta que al ser abierta y cerrada continuamente por clientes que entran y salen produce electricidad que se usa para encender las luces del techo.

En los países opulentos las minorías pedalean furiosamente en los gimnasios para bajar peso sin privarse de comer excesivamente. Alguien instaló dínamos en las bicicletas para usar los ímpetus de los gorditos en la producción de electricidad.

La misma idea llevó a un inglés a instalar generadores en los juegos de las plazas y los jardines de infantes, tras verificar con cálculos precisos que en 10 minutos de juego la energía infantil puede encender la luz del aula durante una hora.

Para lugares donde el agua pasa de manera continua, como canales o acequias, una empresa irlandesa diseñó un generador con forma de aleta de tiburón, que operando continuamente genera electricidad para unos 700 hogares.

Posiblemente un diseño similar se pueda usar en los innumerables arroyos entrerrianos y con más razón en los ríos Paraná y Uruguay, con pequeñas modificaciones o construcción de canales para instalar los generadores en ellos.

Otro invento para aprovechar la energía de los cursos de agua es una boya anclada al fondo. La boya se mueve aumentando ligeramente su altura cuando la ola llega. Ese movimiento incesante se transmite a un pistón y a un cigüeñal que transforma ese movimiento en rotativo y luego en electricidad. Aunque parezca raro, hay granjas en los países más desarrollados que usan este sencillo procedimiento para generar su propia electricidad

Una empresa japonesa produjo un panel fotovoltaico que concentra mediante lentes de plástico transparente la luz y el calor del sol donde está el material sensible, de modo que aumentar la eficacia de éste, que es caro.

Si bien a veces es necesario refrigerar el sistema cuando se recalienta, también se puede instalar un circuito para calentar agua con el calor sobrante, generar vapor y mover una turbina.

Fuentes de energía

Las fuentes de energía pueden ser clasificadas de distinta manera, pero una de particular interés es la de energías renovables y no renovables.

No renovables son el carbón, el petróleo, el gas natural, la energía geotérmica producida por el calor interno de la Tierra, y la energía nuclear. Hay otras fuentes de energía prácticamente inagotables por la extrema lentitud de su degradación o renovables: ríos, olas y mareas que producen energía hidráulica, el sol, el viento y la biomasa.

El concepto de renovable o no renovable es clave en este trabajo, pero a su vez es esquivo, y acepta variables culturales.

Un ejemplo: el calor del centro de la Tierra que aflora en geiseres, aguas termales volcanes y otros, es limitado, hasta donde sabemos no se regenera, pero es muy probable que su duración esté más allá de los tiempos que podamos manejar con cierta previsión. La solidaridad intergeneracional es uno de los principios de la sustentabilidad, pero es difícil pensar en las generaciones que vivirán dentro de mil años (por exagerar un período).

Por otro lado, el agua de los ríos se renueva constantemente y seguirá haciéndolo mientras nos caliente el sol, pero esa renovación tiene un ritmo natural que no podemos acelerar y hemos llegado a un uso tan intenso de esos caudales que muchos ríos ya han disminuido su caudal a límites insustentables, incluso algunos ya no llegan al mar.

Algo parecido podría decirse de la biomasa: cambiamos trigo por soja porque con la soja se puede hacer biodiesel para alimentar máquinas y con el trigo sólo alimento para las personas. Las grandes masas vegetales con las que hemos hecho leña y carbón también se han agotado.

La idea de cultivar soja para alimentar pollos y chanchos que comerá la gente y para saciar así el hambre del mundo es contraria a la de eficacia de la energía en los vegetales.

Es decir que hay criterios distintos para clasificar a algunas fuentes como la geotérmica, los ríos, la biomasa.

La energía solar para producir agua caliente es atractiva, y dentro de las reglas del juego que por ahora predominan, es rentable

La energía mecánica es la empleada para hacer mover a otro cuerpo. Ésta se divide a su vez en dos energías: la energía potencial (es la que poseen los cuerpos debido a la posición en que se encuentran, es decir un cuerpo en altura tiene más energía potencial que un cuerpo en la superficie del suelo) y energía cinética (es la que poseen los cuerpos debido a su velocidad).

Un tipo de energía potencial muy conocido es el de la energía potencial hidráulica que es la que se obtiene de la caída del agua desde cierta altura a un nivel inferior lo que provoca el movimiento de ruedas hidráulicas o turbinas. En esta categoría podría incluirse también la energía del mar, que se puede obtener del movimiento de sus aguas, ya sea como olas o como mareas.

Energía calórica

La energía calórica o térmica se trasmite entre dos cuerpos que se encuentran a diferente temperatura por efecto de la diferencia de temperatura o gradiente térmico. El calor es interpretado por la teoría atómica como el efecto macroscópico sobre nuestros sentidos de la vibración de moléculas de un cuerpo. La energía calórica se usa para causar movimientos de diversas máquinas, entre ellas las de los motores a explosión.

El calor es energía en tránsito, en último análisis todo proveniente del sol. No es una propiedad de los cuerpos, que solo pueden recibirlo o cederlo a otros cuerpos.

El calor provocado por las radiaciones solares que llegan a la Tierra se puede actualmente almacenar en aparatos con el fin de lograr con ellos algún tipo de trabajo. En estas condiciones se llama “energía solar”

El calor se transfiere por conducción, por ejemplo a través de un vidrio se enfría o calienta una habitación según la temperatura exterior: por radiación y la convección. La conducción se puede ejemplificar con una corriente de aire que mezcla ámbitos calientes con fríos y la radiación se transmite mediante vibraciones electromagnéticas, como los rayos solares, que no necesitan de materia para propagarse.

Energía química

La energía química es la que nos mantiene vivos por efecto de la degradación de las moléculas de los alimentos en el estómago y en los intestinos (ahí se reduce el tamaño de las partículas que deben pasar el torrente sanguíneo para llegar a las células) y también la que nos permite viajar en auto, ya que es la energía de enlace de las moléculas de los hidrocarburos fósiles que son los combustibles.

Energía radiante es toda la que se transmite por radiaciones, como la que transportan las ondas de radio o los hornos de microondas, pero suele llamarse así a la lumínica. Se propaga en todas las direcciones, se puede reflejar en objetos y puede pasar de un material a otro e incluso atravesar algunos como el vidrio.

La luz es un fenómeno fundamental del universo entero, que está lleno de ella y lo estuvo tanto más cuando mas cerca del momento original imaginemos estar. La luz del sol es producto de reacciones nucleares de potencia inimaginable en el interior de la estrella. Pero entre nosotros la produce el fuego como consecuencia de la incandescencia de los gases de combustión, el rayo por el extremo calentamiento de la atmósfera en su vecindad, las luciérnagas por complejas reacciones químicas luminiscentes y la electricidad cuando es usada para calentar un alambre en los focos tradicionales o para provocar la luminosidad de ciertos gases en los artefactos de bajo consumo. Además de la luz, son energía radiante las ondas de radio, los rayos X, los rayos ultravioleta y los rayos cósmicos.

La radiación solar se puede usar mediante colectores solares o espejos curvos, con los que se genera energía eléctrica y en algunas zonas sirven como cocinas.

Para definir conceptos: fuente de energía es cualquier sistema (natural o artificial) de donde podemos obtener alguna forma de energía útil, es decir que nos permita realizar un trabajo o provocar algún tipo de transformación.

Son fuentes de energía un geiser, el agua caliente de un manantial termal, el centro caliente de la Tierra, el viento, un río, las mareas, las olas, el sol, una pila eléctrica, una batería, el hidrógeno, el uranio, un alimento, un combustible, un rayo, la gravedad terrestre, la gravedad lunar, etc.

Muchas de estas fuentes son interdependientes y a su vez pueden recibir la energía que tienen de otra fuente, por ejemplo: las olas son provocadas por el viento que a su vez es provocado por el calor del sol o la rotación terrestre; un río corre porque lo atrae la gravedad  terrestre y recupera su agua en las fuentes por la evaporación provocada por el calor del sol y los vientos provocados por el calor del sol. Podemos resumir que hay pocas fuentes primarias (que no reciben su energía de otra): el sol, la gravedad, el centro caliente de la tierra, los elementos con posibilidad de fusión (hidrógeno) o fisión y radiactividad (uranio y radiactivos).

Las formas o tipos o clases de energía son las distintas manifestaciones de la energía en función de nuestra capacidad de observación y de los diferentes fenómenos que producen.

La primera distinción es entre energía en acción, en acto, actual o cinética (porque la mayor parte de los actos implican el movimiento) y energía en potencia, potencial, en reserva.

Así por ejemplo: cualquier cuerpo en movimiento, un auto, un río, el viento, las olas, un chorro de vapor, una turbina, la rueda de un molino, etc, tienen energía cinética y son capaces de transferir esa energía a otros cuerpos o sistemas mecánicos y provocar un fenómeno observable o un trabajo útil.

Un objeto caliente y aislado, un alimento, un combustible o cualquier sustancia con energía química o electroquímica, el agua de un embalse, un gas comprimido o cualquier cuerpo a cierta altura o sometido a fuerzas elásticas (una gomera o un arco tenso), el uranio, el hidrógeno, etc. tienen energía potencial, es decir como almacenada pero lista para producir alguna transformación.

Otra distinción más común se hace por el tipo de fenómenos que producen. En esta clasificación es donde aparecen las que comúnmente llamamos formas o clases de energía: mecánica (cinética o potencial), térmica (cinética de las partículas), eléctrica, magnética, gravitatoria, nuclear débil, nuclear fuerte, luz y demás radiaciones, química, acústica o sonora.

En el lenguaje popular y periodístico se suele designar como forma de energía a algunas manifestaciones de estas formas. Por ejemplo la energía hidráulica no es una clase más sino un caso particular de la energía mecánica del agua, la energía eólica lo mismo, es un caso particular de la energía cinética, en este caso del viento, así la mareomotriz es la energía mecánica de las mareas, la geotérmica es la térmica del centro caliente de la Tierra, la solar es la lumínica y térmica y otras del sol. En todos esos casos el adjetivo que acompaña al sustantivo energía hace referencia a la fuente, al origen, y no a la forma.

De un modo más confuso se suele asignar calificativos erróneos a la energía. Por ejemplo energía hidroeléctrica, o termoeléctrica, o nucleoeléctrica o fotovoltaica, palabras que se refieren a un dispositivo o sistema por el que se transforma una clase de energía en otra y deberían aplicarse a ese dispositivo (central termoeléctrica, panel fotovoltaico, etc) y no a la energía que es eléctrica o hidráulica pero no las dos cosas a la vez.

Esta energía (cualquiera) puede transformarse (cambiar a otra forma o clase) y transferirse (pasar a otro sistema o cuerpo o lugar). Las formas de transferencia (conocidas al menos) son tres: mediante fuerzas de contacto (choques, tracción, empuje, etc), mediante fuerzas a distancia o de campos (imanes, cargas eléctricas, gravedad, nuclear, etc,)  o mediante radiaciones u ondas electromagnéticas.

Habitualmente llamamos energía mecánica a la que es capaz de transferirse por fuerzas de contacto, por lo que debe haber un cuerpo material que la reciba o la ejerza, que esté en movimiento o pueda ponerse en movimiento sin aportarle más energía; y energía radiante a la que se transfiere por medio de ondas electromagnéticas y por lo tanto no necesita de un cuerpo material que la transmita, lo hace por sí misma aún o mejor aún a través del vacío (pertenecen a este grupo las ondas de radio, las microondas, los rayos infrarrojos, lumínicos, ultravioletas, “X” , “γ”, etc.).

Es decir que las fuerzas, los campos y las radiaciones no son en sí mismas energía sino diferentes formas de transferencia de la energía.

Ahora bien: esto nos llevaría a pensar en la luz como una forma de transferencia y no como forma de energía, lo cual sería rigurosamente cierto. En muchos casos, para facilitar la lectura y la comprensión, se permiten licencias.

Electricidad

La energía eléctrica es el movimiento de electrones a través de un conductor. De importancia fundamental para trasladar la energía de un punto a otro, se ha popularizado tanto que se identifica con la vida moderna, y era casi desconocida hace apenas un siglo, al menos en sus usos domiciliarios.

La electricidad (como llamamos a la corriente eléctrica) se produce en centrales eléctricas, que transforman una forma cualquiera de energía en electricidad. Puede ser la energía mecánica de una caída de agua en las centrales hidroeléctricas, la combustión de fuel oil o gas natural en las centrales térmicas, la combustión del carbón o la fisión del núcleo de elementos radiactivos en las centrales nucleares.

(Aclaremos que la corriente eléctrica, la energía eléctrica se produce, la electricidad no. No son sinónimos, al menos en el concepto científico. La electricidad es una propiedad connatural de la materia, está en ella, en sus electrones, en sus protones, no la podemos producir, sólo ponerla en movimiento a través de los conductores y eso es la corriente eléctrica).

La energía nuclear es la más reciente descubierta por el hombre, pero la más antigua y esencial en el universo. Toda la energía que usamos, incluida la de nuestro cuerpo, tuvo origen en las reacciones nucleares del centro del sol en la reacción que consiste en transformar hidrógeno en helio.

Volvemos al asunto porque muchos vuelven los ojos a la energía nuclear, cada vez que escasean las fuentes restantes, pero insistimos: el problema de la energía nuclear es que incorpora a nuestro entorno peligros y residuos inevitables que no existían antes y que no queremos ni necesitamos, y con los que no sabemos qué hacer. Chernobyl, Fukushima y tantos otros casos menos publicitados son síntomas de la enfermedad.

Ese problema técnico del destino de los residuos no está resuelto y no sabemos cuándo ni cómo se resolverá. Las “soluciones” que ha recibido, como enclaustrar el material radiactivo en grandes contenedores de cemento enterrados, son precarias y pueden terminar peor que en Chernobyl.

La energía magnética fue una de las primeras que llamaron la atención del hombre, pero la que durante más tiempo negó sus secretos a la ciencia. Hoy se fabrican imanes potentes con usos industriales hechos casi siempre de distintas aleaciones de acero, ya que el hierro es uno de los pocos minerales magnéticos, junto con el cobalto y el níquel. Del hecho de que la Tierra tenga campo magnético, se ha deducido que su centro, a miles de grados de temperatura y a presiones enormes, está compuesto de hierro y níquel. Esa esfera interior se llama “nife”, de Ni, símbolo químico del níquel

La energía llamada metabólica es la que generan los seres vivos debido a los procesos químicos de oxidación de los alimentos que ingieren y que les sirvan para moverse, crecer y sostenerse vivos.

La energía del panel fotovoltaico es la producida por las células fotovoltaicas, capaces de transformar en electricidad (con las aclaraciones que ya realizamos) la energía radiante del sol que llega a nosotros.

La energía mareomotriz

Los océanos, que llegaron a existir en la Tierra posiblemente por aporte de agua de los cometas provenientes de los límites exteriores del sistema solar que la bombardearon intensamente hace miles de millones de años, son fuente de energía debido a que se mantienen en movimiento por los vientos, las diferencias de temperatura entre la superficie y el fondo y el ecuador y los polos, que engendran corrientes y olas grandes olas

La energía mareomotriz retiene el agua durante la marea alta y la libera para pasar por turbinas durante la bajamar de modo que se libera la energía potencial del agua en su mayor nivel

Las mareas se deben a la gravedad de la Tierra y de la Luna, los gradientes de temperatura entre la superficie y el fondo, a la energía solar directa y al viento.

La diferencia de temperatura entre la superficie y las profundidades es la fuente de energía mareotérmica y las olas se intentan aprovechar por distintos medios.

El viento es una fuente de energía muy variable, por lo que los parque eólicos o usinas de energía proveniente del viento se instalan en lugares donde los vientos son constantes, pero se usó desde hace milenios en la navegación a vela y en los molinos de viento que se usaban y se usan para obtener agua de las napas y para moler cereales

La energía de las olas

Para capturar la energía de las ondas marinas en sus oscilaciones verticales se dispone de flotadores capaces de transmitir el movimiento vertical mediante un vástago a generadores eléctricos. El inconveniente es que las máquinas dispuestas a captar energía gratuita del mar son seriamente afectadas por la gran potencia que deben captar

El museo oceanográfico de Mónaco recibe su energía del océano, como corresponde, gracias a un dispositivo al pie del promontorio rocoso en que está Mónaco. Es un pozo que comunica por su parte inferior con el mar. A lo largo de este pozo se mueve un flotador guiado por unas barras de hierro empotradas en la pared. El flotador desciende por el empuje vertical del agua del mar y conforme con las oscilaciones de la superficie. Mediante palancas articuladas, el flotador transmite su empuje a los vástagos de los cilindros de dos bombas hidráulicas aspirantes impelentes que elevaban el agua hasta el Museo Oceanográfico.

Sin embargo la máquina fue destruida al cabo de una década por las olas a pesar de su robustez y construcción sencilla. No tenía gran rendimiento y solo sirvió para mostrar lo que se puede hacer en esta materia

Hasta ahora los resultados prácticos de los ingenios que tratan de aprovechar la energía del mar han sido escasos. En 1929 se usó el rotor de Savonius, rueda formada por dos semicilindros asimétricos montados sobre un mismo chasis. Fue inutilizado por la acción corrosiva del agua de mar.

Si bien el uso de la energía vertical de las olas parece tener dificultades grandes, mejor pronóstico tiene el aprovechamiento de la variación del nivel del mar, provocada por las mareas, que es de varios metros en las costas de la Patagonia.

Un artefacto noruego es un tubo hueco de hormigón, de diez metros de largo, dispuesto verticalmente en el hueco de un acantilado. Las olas penetran por la parte inferior del cilindro y desplazan hacia arriba la columna de aire, lo que impulsa una turbina instalada en el extremo superior del tubo. Esta central tiene una potencia de 500 KW y abastece a una aldea de 50 casas.

El pato de Salter consiste en un flotador alargado cuya sección tiene forma de pato. La parte más estrecha del flotador se enfrenta a la ola con el fin de absorber su movimiento lo mejor posible. Los flotadores giran bajo la acción de las olas alrededor de un eje cuyo movimiento de rotación acciona una bomba de aceite que se encarga de mover una turbina.

La balsa de Cockerell consta de un conjunto de plataformas articuladas que reciben el impacto de las crestas de las olas. Las balsas ascienden y descienden impulsando un fluido hasta un motor que mueve un generador por medio de un sistema hidráulico instalado en cada articulación.

El rectificador de Russell está compuesto por módulos que se instalan en el fondo del mar, paralelos al avance de las olas. Cada módulo consta de dos cajas rectangulares, una encima de la otra. El agua pasa de la superior a la inferior a través de una turbina.

La boya de Nasuda es un dispositivo flotante que aprovecha el movimiento de las olas para mover un generador.

Hasta aquí nuestro aporte que entendemos inconcluso, abierto. Sin dudas, las agrupaciones sociales, las universidades, los estados, los sindicatos, las corporaciones, los investigadores, los pensadores, deben analizar en cada región los efectos del sistema predominante y los modos de conocer y superar la encerrona, lo cual no se logrará sólo buscando fuentes alternativas de energía en base a riquezas regionales, sino en otro sistema que haga de la austeridad, la complementariedad, la sustentabilidad y la armonía un principio. Lo que en gran medida constituye un necesario retorno a antiguas tradiciones del Abya yala.

Junio de 2014.-

JUNTA ABYA YALA POR LOS PUEBLOS LIBRES –JAPL-

GRUPO DE REFLEXION AMBIENTAL MINGACHÉ

Redacción: Fortunato Calderón Correa. Colaboración: Norberto María Fiorotto.

ANEXO I

Apuntes para el análisis del proyecto hidroenergético de Paraná Medio, de Carlos Natalio Ceruti. (Archivo aparte).

*Aporte al llamado de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres a la presentación de estudios sobre producción sustentable de alimentos, arraigo, biodiversidad, y uso y tenencia de la tierra.