EL PROFESOR JUAN VILAR Y SUS 80 AÑOS

27-07-15 |

Una semblanza del compañero y maestro Juan Antonio Vilar, miembro de la Junta Abya Yala por los Pueblos Libres, en la pluma del periodista Guillermo Alfieri.

Cada día, Juan Antonio Vilar escribe páginas de la saga Argentina – Americana, de la que ya se editaron dos tomos; en el Club Estudiantes nada la distancia de 40 piletas;  por las calles de Paraná camina kilómetros que no cuantifica. Pronto cumplirá 80 años de edad, porque nació el 27 de julio de 1935, período de tiempo en el que murió Carlos Gardel, vino al mundo Mercedes Sosa, Jorge Luis Borges publicó la Historia Universal de la Infamia, en el Senado de la Nación asesinaron a Enzo Bordabehere y el voto cantado era módulo del fraude patriótico.


Herminia, Enrique Víctor, Silvia, María Emilia y Juan Antonio. Cinco fueron los hijos de Enrique Vilar y Victoria Silvia Laferriere. El papá representó a la empresa que comercializaba las máquinas de coser Singer, trabajó en la Dirección de Vinos y como corrector del diario La Acción. La mamá, Silvia en el trato social, enseñó el idioma francés y dirigió la Escuela de Comercio.

La familia habitó la casa de calle La Paz 120, hasta que se mudó al barrio Corrales, donde por entonces funcionaba la Escuela Las Heras. Allí cursó la primaria Juan Vilar, como antesala del bachillerato en el Colegio Nacional. Con vocación definida, eligió el andarivel de Historia para recibir el título expedido por el Instituto del Profesorado. En la iniciación laboral, Juan Vilar tomó la posta de su papá en el control de calidad en La Acción y cubrió horas de clases en carácter de suplente. La oportunidad más firme llegó de la mano de la profesora Irma “Negra” Segovia, que lo recomendó para reemplazarla en centros educativos de la ciudad de Monte Caseros, provincia de Corrientes. La emigración de Juan Vilar, tuvo consecuencias románticas. Conoció a la correntina Elena Leticia del Rosario Ferreyra y el noviazgo culminó en casorio, en 1961.

Juan Vilar extendió el viaje a Resistencia, Chaco, para ser docente en la Facultad de Humanidades, durante dos años y medio. El regreso a Paraná se demoró hasta 1967. Poco después, Juan Vilar se incorporó a la cátedra Facundo Arce, en el Instituto del Profesorado, con Beatriz Bosch en el rectorado. Para mejorar el presupuesto, también se empleó en el Instituto del Seguro de Entre Ríos.

Abortos habituales, que  no tenían remedio y ahora sí, postergaron el arribo de la descendencia. La paciente insistencia de Elena y Juan horadó la dificultad. El 20 de marzo de 1976 nació Ofelia Vilar Ferreyra. A los cuatro días, la alegría se neutralizó con el sobresalto: Juan Vilar fue detenido por la dictadura. Lo trasladaron a la cárcel de Gualeguaychú y lo liberaron a los seis meses, con la obligación de concurrir al comando del Ejército, con asiento en Paraná, diariamente. Nunca le formularon cargos, ni siquiera lo interrogaron. Cuando tuvo chance le preguntó al jefe militar de turno, de qué lo acusaban. La respuesta reveló la índole de la represión. Juan Vilar pertenecía a la “zona gris” de la subversión, una especie de ideólogo. El cómo, dónde, cuándo, co quién y para qué eran detalles menores para la represión, que convirtió a Juan Vilar en cesanteado sin causa.

Vendió, puerta a puerta del vecindario, cacerolas y ollas de marca norteamericana. Cambió de rubro y se asoció con Ernesto Collura para ofrecer libros del Centro Editor de América Latina. Armaron exposiciones en patios de recreo, de escuelas de Paraná y del interior. Ganaron el pan sin dejar de discutir, entre ellos, la coyuntura política. La amistad sólo fue quebrada por la prematura muerte de Collura, dirigente del gremio docente y afiliado activo del radicalismo.

El 8 de julio de 1977, la cuna de los Vilar Ferreyra acogió a Delfina, segunda hija del matrimonio. El grupo familiar se instaló, en 1982, en la vivienda de calle 25 de Junio 337. Antes de la fuga del autoritarismo civil y uniformado, el descuido totalitario le permitió a Juan Vilar recuperar el ejercicio de la docencia del otro lado del río, en Santa Fe. Con la normalización institucional, retomó sus horas de cátedra en Paraná.

Conocí a Juan Vilar en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos, donde también funciona la carrera Licenciatura en Comunicación Social. Tuvo a su cargo las materias Conocimiento de la Realidad e Historia de las Ideas.

Participó en la reactivación de la academia devastada por la tiranía, animó debates, no esquivó la responsabilidad de integrar los cuerpos orgánicos, liderados por la decana Martha Saldías de Uranga. Quizá, en el estudiantado hubo algún cuestionamiento a criterios pedagógicos de Juan Vilar, pero nadie dejó de guardarle el merecido respeto a su coherente decencia.

Juan Vilar se atribuye ser autorriguroso, cualidad que pretendió asumiera el alumnado. Su formación respondió a los cánones tradicionales, pero con el estudio permanente agudizó la crítica a la historia oficial. En la especialidad, valora a los argentinos José Luis Busaniche y Emilio Ravignani. Al inglés Eric John Ernest Hobsbawm (1917-2012) lo considera un pensador clave del siglo XX.

En la galería de personalidades estimadas, le da podio al faraón Akenatón, padre de Tutankamón, que más de 1.300 años antes de Cristo pregonó la paz, promovió la reforma religiosa, al igual que en el campo de la política y la cultura. De los protagonistas de la Revolución Francesa rescata a Robespierre. Elogia a José Gervasio Artigas, Leandro N. Alem y Lisandro de la Torre. Se declara guevarista, antiimperialista y agnóstico.

Se jubiló en 2001. Con contratos, dictó clases hasta 2011, en la UNER y en la Universidad Autónoma de Entre Ríos. Por entender que persiste el vacío de una integral saga Argentina – Americana, puso manos a la obra para abarcar desde la época de la colonia hasta 2001. De los 12 tomos previstos, la Editorial de la UNER colocó dos en circulación.

Juan Vilar investiga y redacta, nada y camina, pese a que la columna vertebral no está en línea correcta y la artrosis hace doler a los huesos y articulaciones. Mantiene el buen humor y la capacidad intelectual. Le preocupa que hagan pelota al planeta Tierra con la incesante agresión al medioambiente.

Es abuelo de Juan Manuel y de Joaquín, de siete y cinco años de edad, hijos de la médica endocrinóloga Ofelia Vilar, que vive en Paraná. Delfina Vilar se radicó en Rosario, con parte de sus días dedicados a ser directora técnica de equipo de hockey sobre césped. Los éxitos de River Plate lo alegran a Juan, que de la música prefiere el tango y el folclore, con énfasis en el del Litoral.

Quise saber qué opina de la vejez. Largó su franca carcajada y citó a Jorge Amado: “la vejez es una porquería”, para aclarar que “la llevo bien. Me siento realmente bien”.

Desde hace mucho, pienso que Juan Vilar, con su peinado a lo Gardel, los anteojos infaltables y el clásico vestir, es la fachada de un súper héroe, del tipo de Clark Kent – Superman.