Terratenientes, con pelos y señales

17-10-15 |

La alianza de comerciantes, militares, banqueros y políticos para desplazar pueblos y registrar tierras, un proceso de siglos que pinta a la Argentina. El historiador entrerriano Juan Antonio Vilar brindó en Paraná una conferencia inolvidable sobre la propiedad de la tierra en la Argentina, organizada por Agmer Paraná y la Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL-.

Conferencia

Con los ingleses, dijo Juan Antonio Vilar, los terratenientes se adueñaron del país y fueron principales cómplices de la matanza de los pueblos nativos en el siglo XIX para escriturar sus territorios.

“Los grandes propietarios finalmente organizaron este país, esta Argentina, y por lo menos la gobernaron durante 100 años y su influencia socioeconómica sigue siendo trascendente hoy día”, manifestó el estudioso en un relato pormenorizado de las estrategias del gran capital (comerciantes, banqueros, políticos, militares) para acaparar tierras, a sangre y fuego.

Para el autor de la obra “Revolución” y otras de una serie que está publicando gradualmente la Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos –Eduner-, la apropiación de inmensas superficies comenzó con la invasión europea y la incursión de los jesuitas, siguió con las leyes impulsadas por Rivadavia (enfiteusis), y se consolidó con otras normas y con las matanzas de pueblos originarios organizadas por Juan Manuel de Rosas y Julio Argentino Roca.

Tras enumerar a los principales terratenientes que marcaron al país ganadero y granero, expresados en la Sociedad Rural Argentina y entidades similares que supieron reunir a lo más granado de la aristocracia, el profesor se detuvo en el contraste de ese capitalismo concentrado con el reglamento de Tierras dictado por José Artigas.
Es que el Reglamento, que cumplió en setiembre 200 años, fue la excusa de la conferencia realizada en la sede de los docentes de Agmer Paraná.

El reparto
“Es 1815 un año de apogeo del federalismo y paz breve de la Banda Oriental, sin la presencia de portugueses, españoles, y porteños que obstinadamente estaban atacando al caudillo federal, porque su proyecto político (el de Buenos Aires) era absolutamente antagónico al proyecto de Artigas de república federal y popular”, dijo Vilar.

“Y precisamente este Reglamento de 1815 muestra a Artigas en toda su dimensión, en este aspecto contradictorio con las políticas porteñas. Establecía la distribución de las tierras entre indios, zambos, negros libres, criollos pobres, viudas, en suertes de estancia de una legua y media de frente por otro tanto de fondo, considerando que los más infelices fueran los más privilegiados”.

“Y qué tierras: las de los malos europeos y peores americanos, es decir, los enemigos de la revolución. O sea que el Estado confiscaría las tierras a los terratenientes de la Banda Oriental para distribuirlas, pero entonces con condiciones, y no como en la enfiteusis de Rivadavia sin ninguna condición más que pagar el canon que no pagaban”.

Un abismo
La conferencia se refería, precisamente, a la comparación del Reglamento de Artigas con las políticas de Rivadavia, Rosas, Urquiza y Roca.

Vilar repasó la vida comunitaria y complementaria de los pueblos antiguos que no concebían la apropiación del suelo, y luego recorrió las propiedades de los jesuitas y descendientes de Garay  y Hernandarias, pasando por las extensiones del marqués de Yavi (en sus distintas generaciones) que sostuvieron en el noroeste la encomienda de indios hasta el siglo XX; como las estancias de los Vera y Mujica, Larramendi, García de Zúñiga, Barrenechea en el litoral, sostenidas con las armas.

El orador se detuvo en la ley de Enfiteusis dictada por Bernardino Rivadavia, que entregó más de seis millones de hectáreas en la provincia de Buenos Aires con un canon cuyo valor dependía de la opinión interesada, por supuesto, de los mismos enfiteutas, y que aun así no pagaban.

“Con la recaudación del canon el gobierno por lo menos iba a afrontar la amortización y el pago de intereses del empréstito (de la Baring Brothers), que importaba por año 325.000 pesos fuertes… A partir de la entrega de tierras, el estado recaudó algo así como 4.000 pesos”, comparó Vilar.

“Aparecen ya los apellidos de Anchorena, Álzaga, Arana, Díaz Vélez, que en época de Rosas con motivo de una ley de mayo de 1836 se van a convertir en compradores de los grandes latifundios de los que habían sido enfiteutas”.

Las tierras de enfiteusis y las que se quitaron a los pueblos nativos en las primeras campañas fueron para militares, comerciantes, amigos y familiares. “La campaña de Rosas contra los indios no fue tan bondadosa como dicen los historiadores rosistas. En el testamento, Rosas dice que habían dado muerte a más de 20.000 indios, qué bondadoso ¿no?”, ironizó el historiador de Paraná.

Urquiza
En Entre Ríos alcanzó grandes propiedades Justo José de Urquiza, siendo gobernante. Si bien en el litoral se iniciaron colonias agrícolas (Esperanza, San José, etc.), eso no ocurrió en Buenos Aires, donde siguieron apareciendo familias acaudaladas como las de Pedro Luro o los Peralta Ramos.

Sobre Urquiza, dijo Vilar: “Se considera que tuvo alrededor de un millón de hectáreas, desde la década del 40 hasta su muerte. Las heredaron sus hijos e hijas, y ya divididas las estancias de Urquiza, las conservaron sus descendientes. Por ejemplo la estancia San Pedro, de la que terminó siendo propietario el general Luis María Campos. De ahí los Campos Urquiza. O la estancia Santa Cándida, donde hay un palacete, que terminó quedando en manos de los Sáenz Valiente. Y descendientes de Urquiza fueron los que donaron las tierras acá sobre las barrancas del Paraná, donde Bertozzi después realizara el Parque Urquiza”.

Martínez de Hoz
Ya sobre la llamada campaña al “desierto” de Roca, dijo Vilar: “El desierto era la pampa húmeda y semiárida. 60 millones de hectáreas… Esta campaña en parte iba a ser financiada por ‘generosos’ comerciantes y también terratenientes de Buenos Aires que iban a comprar anticipadamente una legua cuadrada por 400 pesos fuertes.

Se ponían en venta en total 4.000 leguas cuadradas en 4.000 bonos del estado. Con esto el estado iba a recaudar 1.600.000 pesos fuertes. Eran los adelantados en comprar de antemano las tierras que fácilmente serían ganadas porque ya el indio no tenía la menor posibilidad de enfrentar los adelantos tecnológicos de que disponía el gobierno nacional. Principalmente el Remington, el arma a repetición en el ejército de Roca, pero además el telégrafo y parte de las líneas ferroviarias que avanzaban sobre territorio bonaerense”.

“Algunos comerciantes de Buenos Aires financiaron la campaña a través de la compra de bonos, y se hicieron de algunos ‘terrenitos’. Por ejemplo la familia Martínez de Hoz, hasta ese momento de comerciantes. Compró la friolera de 1.000 leguas cuadradas, dos millones quinientas mil hectáreas”, subrayó Vilar.

La conferencia del historiador giró en torno del despojo y la matanza de indios para desocupar las tierras que entregarían a las altas clases sociales; a las arremetidas del ejército y a las maniobras para hacer enfrentar a los pueblos originarios entre sí, en distintos gobiernos.

Ya con varios siglos de experiencia, la expulsión de habitantes y a la vez la destrucción del ambiente para los negocios de carnes, granos, inmobiliarios o especulativos ha quedado en el ADN del poder de la Argentina, que es en definitiva lo que desbrozó la conferencia de Juan Vilar.

Las marquesas pontificias y los marqueses de Yavi
En el abanico de los terratenientes que presentó Vilar aparecen casos curiosos como las encomiendas de Jujuy, o la historia de Adelia Harilaos de Olmos.

“Rosas fue comandante de la frontera de Río Cuarto antes de su campaña y ahí intimó con un gran comerciante que se llamaba Ambrosio Olmos.
Fue proveedor del ejército en la campaña. También gobernador de la provincia de Córdoba”.

“Gran visionario y comerciante, Olmos va a comprar pacientemente los pequeños predios que les tocaron a soldados, suboficiales del ejército, y se convertirá en uno de los hombres más poderosos de la Argentina”.

“Era casado con Adelia Harilaos que va a enviudar siendo joven. Esta señora será una de las tres marquesas pontificias en la Argentina, gran beneficiaria del Vaticano. Donó palacios, donó dinero en cantidad al Vaticano, y ahí se fue la herencia que dejó Ambrosio Olmos”.

La aristocracia
Terratenientes más o menos déspotas, más o menos ilustrados, más o menos “filántropos”. Oligarcas de uno u otro lado en las luchas fratricidas. Algunos benefactores del Vaticano (con las tierras saqueadas al indio), otros exprimiendo la connivencia con los jefes políticos. Los poseedores de grandes latifundios no encajan en un solo molde. Ni los de ayer ni los de hoy.

La acumulación de propiedades comenzó con la invasión europea y no se sabe cuándo terminará, pero hay momentos clave que definen la historia, como La Forestal de los ingleses en el gran Chaco mencionada por Vilar, como la participación infame de Lucas González; o las extensiones del tamaño de verdaderos países de los Martínez de Hoz.

Ayer Álzaga Unzué o Mackinlay, hoy Carlos Pedro Blaquier del imperio Ledesma. Ayer Anchorena o Calvo Menéndez Behety, hoy Eduardo Elsztain del imperio Irsa-Cresud o el correntino Lázaro Báez hacendado en la Patagonia. Todos descendientes de viejos encomenderos, o amigos del poder en sucesivos gobiernos, sean dictaduras o “democracias”, y benefactores de distintas religiones y partidos. Ingleses, italianos, argentinos, el gran capital no repara en bandera ni credo.

Los nombres cambian, el destierro (cuando no la muerte) de muchos indios, obreros, campesinos, por la avaricia de unos pocos es lo que permanece. De hecho, el despoblamiento de vastos territorios y el hacinamiento es marca registrada de la Argentina.

Sin embargo, no faltaron advertencias, alertas y acciones contra la concentración de la propiedad de la tierra a lo largo de la historia, y entre ellas resplandece el Reglamento de Artigas. Allí se paró Juan Vilar en la conferencia convocada por Agmer Paraná y el centro de estudios artiguista Junta Abya yala por los Pueblos Libres, para analizar el problema ocasionado, en las antípodas, por la burguesía terrateniente.

En el noroeste
“Es algo excepcional lo sucedido con el más grande propietario de este subcontinente que fue el marqués de Yavi (marquesado del Tojo). A través de distintas encomiendas el marqués de Yavi fue señor de toda la Puna argentina y boliviana”, recordó Vilar.

“No deja de ser curioso también que el cuarto marqués de Yavi adhirió a la revolución de 1810 y después de luchar al lado de Güemes, sobre todo, fue tomado prisionero y murió en el cautiverio (Ese marqués era Juan José Feliciano Fernández Campero Pérez de Uriondo Martiarena). Pero finalmente hubo un quinto marqués de Yavi que reconquistó, o se le devolvieron las tierras.

Y en ese gran latifundio por muchísimo tiempo, mucho más allá de mayo de 1810, de la Asamblea del año XIII con sus reformas, los indios que habitaban esas tierras siguieron pagando tributo, derechos, al señor de Yavi. Hacia la década de 1870 los pueblos indígenas y algunos criollos que habitaban esas encomiendas se revelaron y se produjo un enfrentamiento mezclado con la lucha de mitristas y federales.

El asunto fue a recalar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que finalmente resolvió que los fundos de Cochinoca y Casabindo eran de la provincia. Pero resulta que los otros fundos de los marqueses de Yavi o sus descendientes continuaron siendo de su propiedad y los habitantes siguieron pagando tributo ¡hasta entrado el siglo XX!”.

“Señalo esto que puede ser una referencia muy colateral porque aquí en nuestro país se sancionan leyes solemnemente, las estudiamos, por ejemplo la actitud de la soberana Asamblea del XIII que eliminó las encomiendas… y pasado un siglo los descendientes seguían cobrando tributos”.

Tierra, colonia y capital financiero
Afirmó Juan Vilar que los terratenientes “fueron sí los dueños del país junto con los ingleses”, y mostró la casta terrateniente en presidentes y ministros.

Tras el atropello europeo se dio el atropello ya “argentino” con los Rivadavia, Rosas, Urquiza, Roca, y con alta presencia de la diplomacia y la banca extranjera. Una vez consolidado el reparto en enormes estancias, los presidentes, vicepresidentes, ministros estuvieron en su mayoría ligados a esa casta.

“Fueron casi todos grandes propietarios. Por ejemplo, Francisco Madero, Norberto Quirno Costa (vicepresidente), Carlos Pellegrini (presidente), Luis Sáenz Peña (presidente), Bernardo de Irigoyen (gobernador de Buenos Aires), Eduardo Racedo (gobernador de Entre Ríos y compañero de Roca). Carlos Tejedor (gobernador de Buenos Aires)…”.

“A partir de este momento, la clase dirigente argentina fue casi toda terrateniente. Hayan sido militares, comerciantes, intelectuales, etc.
Estas grandes familias se convirtieron en la clase alta de Buenos Aires y se apoderaron del país. Las propiedades sufrieron subdivisiones con el tiempo. Pero entonces llegamos a la época actual en que todavía estos apellidos de la clase alta siguen siendo grandes propietarios”.

“Los ingleses en esta ápoca de gran reparto van a ser  también grandes propietarios. Con Rosas muchos comerciantes y dueños de predios en la provincia se van a convertir también en acaudalados. Los ingleses harán los ferrocarriles y quedarán como dueños. Propietarios de grandes empresas, por ejemplo de frigoríficos, empresas de telégrafos, de electricidad. Además, el crédito Baring Brother todavía no se terminaba de pagar pero desde Mitre, para financiar fundamentalmente esa guerra que bien merece llamarse de la Triple infamia, del Paraguay, habrá un nuevo período de endeudamientos, de préstamos otra vez con la Baring Brother y con otros bancos de Gran Bretaña”.

De los Alvear al Petiso orejudo
“Entonces, quiénes fueron favorecidos por la distribución de tierras expropiadas, confiscadas, saqueadas, a los nativos por Roca en su campaña”, se preguntó Juan Vilar en la conferencia, y respondió: “por ejemplo: Diego y Torcuato de Alvear recibieron 97.500 hectáreas cada uno. Saturnino Unzué, gran propietario antes de esta generosidad que tuvo Roca con él, 250.000 hectáreas. Cambaceres 120.000, Eduardo Casey 270.000. Un personaje interesante Casey que terminó fundido debido a sus arriesgados negocios. Aparece el hermano de Roca con 42.000 hectáreas. Roca se quedó con la estancia La Larga, 60.000 hectáreas. Marcelino Ugarte, que después fue apodado el Petiso orejudo, gobernador gran fraudulento de la época conservadora, 175.700 hectáreas…”

Vilar repasó la vida de pueblos que no concebían la apropiación del suelo.

Eran adelantados en comprar tierras que serían ganadas al indio.

Entre las acciones contra la concentración resplandece el Reglamento.

El historiador se sombró de fortunas como las de Martínez de Hoz.

El catedrático desbrozó el ADN del poder en la historia Argentina.