Repudiamos los apuros de los pagadores seriales

15-03-16 |

La Junta Abya Yala por los Pueblos Libres –JAPL- advierte que todo nuevo pago de deudas fraudulentas, sin previas investigación integral y denuncia, y haciendo caso omiso de las causas judiciales en trámite, convierte a los gobernantes argentinos de los tres poderes en cómplices de una estafa histórica.

El gobierno actual se apresta a colocar un moño al paquete armado por sus antecesores, siempre con la misma apariencia de ahogo, a fin de garantizar impunidad a los responsables de delitos encadenados en el país. Repudiamos el sometimiento de esos sucesivos gobiernos (desde la dictadura hasta el día de hoy, con matices), a la usura internacional para endeudar y domesticar a los pueblos. Así es que el bicentenario de la independencia será una fecha clave para avergonzarnos de la obediencia colonial, e imaginar colectivamente los caminos para revertir este estado de cosas.

La mayor parte de los padecimientos se originaron en la dictadura con una deuda ilegítima inflada luego con intereses usurarios, una estafa de la cual son responsables principales también los pretendidos acreedores. Ante actos viciados en origen y por eso nulos, la Argentina no debe pagar un centavo sin esclarecer antes qué parte (muy menor) de esa deuda podría ser probada.

La deuda argentina alcanza la magnitud de una catástrofe. No reconocemos a la dirigencia ningún derecho a tratar el problema con parches, que en eso consiste el nuevo pago a especuladores para facilitar nuevos préstamos.

El monstruo del endeudamiento debe ser enfrentado con valentía. No caemos en la red de temores que pretenden tejer desde el gobierno con los aprietes bajo la falsa dicotomía “pago o abismo”; menos aun cuando conocemos causas tramitadas en la Justicia por una cadena de defraudaciones que los gobiernos ocultan para dar impunidad a las maniobras delictivas de sus socios.

DOBLAR EL LOMO

Sabemos que el sistema capitalista enriquece a unos pocos, saquea las riquezas, destruye el ambiente, idolatra la ganancia y busca uniformar a los pueblos para adecuarlos a las necesidades del mercado global, en un acuerdo de la alta burguesía con el capital financiero. De ese casamiento nace el vicio de gobiernos que se dicen distintos pero coinciden en una línea, como pagadores seriales a los parásitos de los trabajadores y sectores populares que deben doblar el lomo para que otros doblen los bienes, como dice Sampayo.

Según distintos analistas, la deuda argentina toca ya los 300 mil millones de dólares, a pesar de los desembolsos (sin investigar el fraude) por más de 11 mil millones de dólares anuales en esta década. Hay decenas de ejemplos en el mundo, en que gobiernos de diferentes países muestran las responsabilidades del prestamista en una operación, cuando la deuda es considerada odiosa porque fue contraída por una dictadura, o cuando el repago resulta a todas luces imposible. Conocemos otros tantos ejemplos de no pago decididos por Francia, México, Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Costa Rica, Nicaragua, y las razones sobran en el gran fraude que padecemos los argentinos.

Alejandro Olmos calificó a la deuda como la mayor estafa en la historia de los argentinos, deuda odiosa nacida en pleno terrorismo de Estado y expandida con la corrupción de un Estado colonial. Para Olmos, el endeudamiento es un método de dominación que ha consagrado una nueva forma de esclavitud del hombre y de los pueblos.

El juez Jorge Ballestero denunció los beneficios del endeudamiento a los negocios privados, y pidió infructuosamente al Congreso que lo investigara. Para Ballestero la deuda puso de rodillas al país. Los sucesivos gobiernos en la dictadura y en la llamada democracia siguen de rodillas, y ante una infinidad de alternativas se allanan al peor de los consejos: el de los supuestos acreedores.

HIPOCRESÍA

Si el fraude de la deuda desnuda el sometimiento de los gobernantes como política de Estado, también exhibe la hipocresía de los que hasta ayer pagaban sin chistar a los buitres y al Club de París, y hoy se postulan, en un relato fantástico, como garantes en defensa del interés popular. El fraude de la deuda muestra las coincidencias allá arriba, entre los que se alternan para sostener un régimen de engaño que procura sepultar las causas judiciales en trámite y las que deben ser reabiertas.

No ignoramos responsabilidades compartidas de ayer y de hoy, en la nación y en provincias que, sumergidas en el centralismo, a la hora de afrontar las consecuencias de sus administraciones deficitarias pretenden juntar cabezas para aprobar endeudamientos a como dé lugar.

No tiene razón, Mauricio Macri con sus premoniciones apocalípticas, como no tiene razón Cristina Kirchner con su pretensión de que la deuda ha sido legitimada por el paso del tiempo. Son desviaciones con que la alta burguesía da pista libre a sus negocios.

Como los sucesivos gobiernos cedieron jurisdicción (otra vergüenza) a tribunales extranjeros en esta materia y estos obligan algunos pagos, los funcionarios buscarán soluciones técnicas de ocasión pero jamás como excusa para nuevos endeudamientos que sigan hipotecando a los argentinos del mañana.

Ante la puntillosa continuidad de la entrega del país en materia de bancos, comercio exterior, agronegocios, transgénicos, energía, megamineria y falsa deuda, el pueblo juzgará.

Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL-.

Juan Antonio Vilar, Juan José Rossi, Pedro Aguer, Silvina Suárez, Lucrecia Brasseur, Jorge Villanova, Abel Schaller, Luis Lafferriere, Américo Schvartzman, Martín Barral, Santiago Fiorotto, Alberto Dorati, Víctor Hugo Sartori, Andrés Petric, Antonio Tardelli, Carlos Natalio Ceruti, Carlos Weber, Daniel Tirso Fiorotto, Martha Bader, César Baudino, Claudio Puntel, Ignacio González Lowy, Julio Majul, Marcos Tonina, Mario Alarcón Muñiz, Mario Daniel Villagra, Bernardo Zalisñak, Oscar Milocco, Mercedes Fiorotto, Ricardo Bazán, Julio Barbagelata, Fortunato Calderón Correa, Gustavo Lambruschini, Carlos Alberto Godoy, Celia Taffarel, César Pibernus, Mario Escobar, Santiago García, Sergio Daniel Verzeñassi,Santiago Weber, Mario Leonardo Londero

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