Para que aflore la Independencia deben morir los grupos concentrados

06-09-16 |

En la Argentina llegamos a una opción de fierro: o los grupos concentrados, o la vida. La incompatibilidad es manifiesta.

Nadie es más que nadie.

Que los más infelices

sean los más privilegiados.

 

El Estado no sirve a la Independencia sino a la colonia, y mientras debamos padecerlo tenemos que saber, para transformarlo, que favorece a las clases altas asociadas a los grupos concentrados.

En la Argentina llegamos a una opción de fierro: o los grupos concentrados, o la vida. La incompatibilidad es manifiesta.

Al recordar en este año 2016 el Bicentenario de la Declaración de la Independencia en Tucumán, la Junta Abya yala sostiene que para defender la Independencia hoy se impone erradicar sin contemplaciones a todos los grupos concentrados parasitarios de la economía y la “cultura”, que buscan anestesiarnos y disgregarnos para asegurarse el predominio.

Debemos cuidarnos de los grandes grupos enviciados en la acumulación, con desprecio por la vida y el trabajo, y de los que controlan los precios. Al capital no se le habla al corazón, que no tiene: se le exige.

Hay que tender al exterminio del hipermercadismo y de la concentración del comercio en cadenas capaces de distorsionar los precios, chuparse los beneficios y burlarse de los trabajadores y las pymes, como lo hacen.

En la misma línea, y en vísperas de un aniversario del celebrado Reglamento de Tierras de José Artigas, la Junta Abya yala por los pueblos Libres llama a la abolición lisa y llana del latifundio y cualquier concentración, tanto en la propiedad como en el uso de la tierra. Repartir toda propiedad concentrada en unidades familiares o chacras mixtas comunitarias, cooperativas, para la vida en sintonía con la naturaleza y la producción abundante y sustentable de alimentos sanos, variados, en cercanía, con trabajo decente, y especial atención de los derechos precautorios, y libres de la competencia nociva del capital financiero especulativo (pooles, fideicomisos, etc).

Es indispensable, contra el bochorno de la “patria sojera” de hoy donde una minúscula mafia ecocida ha llegado al extremo inadmisible de adueñarse de las semillas.

Para conversar esos asuntos, la JAPL organiza para este sábado 10 de setiembre una mateada abierta en donde trataremos el tema “la tierra, el barrio, el trabajo y la biodiversidad”, en la sede de ATE en Paraná.

La JAPL saluda la resistencia popular de las asambleas contra los agronegocios, los transgénicos, la fractura hidráulica, la minería a cielo abierto, las mega-industrias contaminantes y los represamientos en ríos de llanura, e insiste en la necesidad de buscar energías saludables y realizar actividades con austeridad en el consumo.

Hay que proteger, recuperar o fundar bancos municipales y provinciales con participación y gestión cooperativa y de los trabajadores, que salven el capital del pueblo de la usura de las manos privadas.

Debemos emprender un decidido proceso escalonado de ajuste contra el poder de las multinacionales, considerando los daños de los grupos concentrados en los servicios, la producción, el comercio internacional e interno, el trabajo y especialmente en la biodiversidad, de la que formamos parte. Somos conscientes de que esta liberación requiere de otros modos de organización, porque el Estado actual es cómplice del estatus quo.

Hay que investigar y denunciar el fraude de la deuda, esa sangría que maniata la soberanía argentina, y terminar con los blanqueos de dinero espurio que distorsionan la economía y premian la corrupción.

Cubrir déficit (provocado por el dispendio en banalidades, los privilegios y el endeudamiento) con inflación o con más deuda son dos caras del mismo sistema perverso, reaccionario, contra el pueblo.

Desde el litoral, desde la patria del agua, alentamos a todos los habitantes de la región y nos comprometemos nosotros mismos a dar prioridad a la alimentación, la salud, la educación, el trabajo decente, el agua, el suelo fértil, la biodiversidad, como expresiones del mismo ecosistema. Seguros de que no habrá Independencia mientras dure el monólogo del gran capital, fuente de corrupción y saqueo.

Si vamos a liberarnos de esa condición perversa debemos tomar conciencia de nuestro estado de resignación, que proviene de un paulatino alejamiento forzado de los saberes milenarios de nuestros pueblos y de sus luchas de resistencia que llevan siglos.

Es decir, si en vez del individualismo, la acumulación, el consumismo, el apuro, el “crecimiento” a cualquier costo y la soberbia de la especie, nos basáramos en los principios de armonía, complementariedad, comunidad, serenidad, vivir bien en suma (sumak kawsay, tekó porá, küme mongen), entonces no nos encontraríamos en el estado actual propio de una civilización decadente, sufriendo el consumismo como un soborno que descompone el espíritu de lucha.

En vez de quitarnos de encima los amos, el gobierno actual y sus socios entusiasman al capital con una (en apariencia) cándida apertura. Nosotros repetimos en cambio una consigna: ni amos viejos ni amos nuevos, ningún amo.

Para decirlo con todas las letras: ni Estados Unidos de América, ni China. Ambos imperios lideran dos bloques muy claros con sus multinacionales, y nos quieren subordinados vendiendo materias primas, pero vivos (por ahora) para que ejerzamos el rol de consumidores bobos.

La pobreza debe medirse en la falta de alimentos, techo, salud, educación, espacio adecuado para la existencia y degradación de los bienes comunes, en paralelo al despilfarro y el enriquecimiento de los privilegiados que se alternan directa o indirectamente en el gobierno. Nadie ataca la pobreza armando asociaciones ilícitas desde el estado para el latrocinio ni facilitando el enriquecimiento de una minoría, como es usual, y tampoco permitiendo que algunos servidores públicos (sean jueces, legisladores o funcionarios) manoteen los recursos del pueblo adjudicándose ingresos obscenos.

Al recordar en estos meses los 500 años del desembarco europeo en nuestras costas del Paraná-Uruguay, verificamos que la actitud del Estado argentino es colonial: no toma nota de los saberes milenarios de este suelo, no lee los pensamientos decoloniales (contra los patrones de poder), desconoce las luchas libertarias, subestima los planes imperiales de subordinación y saqueo (mediante el dinero, la propaganda, las presiones; o el asalto a la educación formal en todos los órdenes para convertirla en apéndice del sistema dominante, pese a la resistencia de algunos trabajadores docentes); subestima el terrorismo y las guerras imperiales, y también hace la vista gorda ante los países poderosos como Gran Bretaña que, por la fuera de sus armas, desconocen las decisiones de las Naciones Unidas y prosiguen con su política colonial, invasiva, guerrera.

Aspiramos a la emancipación para que nuestros pueblos desplieguen sus potencialidades con libertad. Estamos con la guardia en alto por la influencia imperial en agrupaciones como la Alianza del Pacífico, a la que se arrima el nuevo gobierno, en una suerte de ALCA disfrazada.

Sabemos que los políticos cambian y los grupos concentrados siguen. Pero también sabemos que hay miles y miles de compañeras y compañeros que estudian, analizan con sentido crítico, se reúnen en asambleas, centros de estudios o sindicatos, luchan en las calles por derechos obreros o ambientales, por ejemplo, así como se difunde la creciente conciencia feminista contra el autoritarismo patriarcal.

Por eso es imprescindible discernir entre aquellos dirigentes políticos y empresarios que, por ser corruptos y servir al gran capital engañan al pueblo, y los ciudadanos que siguen o han seguido de buena fe ciertas ideas y proyectos. Los trabajadores y sectores populares que militan con autenticidad por un ideal no deben cargar con las responsabilidades de los dirigentes que los traicionan.

Es cierto que la unidad de obreros, campesinos, estudiantes y sectores populares podría hacer frente al gran capital, pero este tiempo nos encuentra fragmentados, aflojados y penetrados. De ahí la necesidad de recuperar la unidad de los pueblos, la conciencia por la emancipación, y el sentido de pertenencia a un paisaje y a una cultura que no se arrodilla.

Capítulo aparte para un mal que aqueja en particular a los argentinos: el colonialismo interno, herencia de la vieja constitución unitaria y oligarca del país.

Para la historia argentina, unitario significa disgregante, vertical, déspota y colonial. Y ese es el régimen. La coparticipación misma es unitaria; debiera ser a la inversa. Durante años la Junta Abya yala ha plantado bandera en el arroyo Espinillo con una consigna: “¡Federales! No siervos”. Hoy la repetimos. Federales hacia adentro y confederales hacia Nuestra América.

La Argentina es un mercado común integral, constituido por decenas de regiones (que deben recuperar su autonomía), aunque distorsionado, disperso y frenado por los intereses sectoriales y la mezquindad centralista.

Debemos romper la colonialidad interna dominada por la metrópolis, establecer lazos y puentes horizontales entre las regiones autónomas, refundar el federalismo desde las raíces de la revolución artiguista sin menospreciar la experiencia adquirida hasta el siglo XXI, conscientes de que autonomía equivale a distribución, pero es mucho más que eso porque involucra tanto aspectos culturales, sociales, históricos, ambientales, como económicos.

Eso implica respetar la soberanía particular de los pueblos y revertir la macrocefalia argentina como expresión cabal de los daños de la desertificación en vastas extensiones y el hacinamiento racista en los barrios.

 

Junta Abya yala por los Pueblos Libres

Paraná, Entre Ríos, setiembre de 2016.

 

Daniel Tirso Fiorotto

Víctor Hugo Sartori

Alberto Dorati

Carlos Alberto Godoy

Juan José Rossi

Carlos Weber

Fortunato Calderón Correa

Pedro Aguer

Américo Schvartzman

Gustavo Lambruschini

Mario Alarcón Muñiz

Celia Taffarel

Mario Daniel Villagra

Abel Schaller

Juan Antonio Vilar

Silvina Suárez

Lucrecia Brasseur

Mario Escobar

César Baudino

Claudio Puntel

Jorge Villanova

Martín Barral

Santiago Fiorotto

María José López Ortiz

Andrés Petric

Antonio Tardelli

Carlos Natalio Ceruti

Martha Bader

Ignacio González Lowy

Julio Majul

Marcos Tonina

Oscar Milocco

Mercedes Fiorotto

Ricardo Bazán

Julio Barbagelata

César Pibernus

Sergio Daniel Verzeñassi

Mario Leonardo Londero

Carlos Andrade…