Saludamos desde el litoral a los hermanos fueguinos

31-05-17 |

Podremos derrotar el estado de servidumbre en la medida que tomemos nota de nuestra pertenencia al Abya yala (América), con sus territorios, pueblos, saberes, tradiciones, artes y luchas, recuperando juntos la armonía de la mujer y el hombre en la naturaleza y la vida cooperativa. De nosotros depende.

 En el décimo aniversario de nuestro centro de estudios saludamos a los hermanos de Tierra del Fuego que declararon canción oficial la Marcha de las Malvinas. Vemos allí un símbolo de unidad y emancipación de la matria grande. También vemos una fuente de conciencia que revela la hegemonía del capital para afianzar el colonialismo y los privilegios no sólo en lo territorial sino por vías renovadas.
Decimos Matria, al reconocer nuestra fuente común en la Pachamama, la madre tierra, que se expresa en la bio-diversidad y allí la humanidad y las culturas.
A través del arte, los fueguinos nos recuerdan la agresión enquistada en el Atlántico Sur. Nosotros tomamos su testimonio para repudiar la colonialidad que sufre la Argentina toda, es decir, repudiar la prolongación del dominio territorial por distintos métodos, empezando por el predominio del capital financiero y las multinacionales, y las consecuencias de su imperio: el endeudamiento que compromete nuestro futuro, el saqueo de los bienes comunes, la enseñanza manipulada y el consumismo que nos convierte en engranajes y mercancías.
La causa Malvinas enciende la conciencia por la libertad y permite destapar sutiles modos de subordinación que en gran medida nos interrogan a nosotros, es decir, pueden revertirse desde la conciencia. Las Malvinas nos llaman a la emancipación en todos los planos, en el Atlántico Sur y en el continente. La colonialidad no es un mal que nos ataque sólo desde afuera: nos parasita desde adentro. Vemos sus frutos en: la propaganda, la destrucción del ambiente, la desocupación, el hacinamiento, la fragmentación, y la concentración de la tenencia y el uso de la tierra.

MALVINAS EN LA BANDERA
Sostenemos la importancia de incorporar en nuestra bandera nacional argentina a las Malvinas, en un punto rojo que simboliza la sangre derramada por la independencia, como bien lo escribió José Artigas hace 200 años al trazar la banda federal, y que muestra la continuidad de las luchas en nuestra conciencia por la libertad, el trabajo digno y el ambiente sano. Proponemos ese símbolo auténtico, cuando cumplimos 35 años de la recuperación de las Malvinas con la vida de nuestros hermanos, para hacer carne el sueño de Atahualpa Yupanqui: “hermanita, vuelve a casa”. Desde esa convicción anti-imperialista no olvidamos a nuestros hermanos que entregaron todo, sea los que protagonizaron la guerra de las Malvinas, como los desaparecidos de la dictadura.

 
MODOS DE LA COLONIALIDAD
La decisión de los fueguinos (del pueblo, más allá del Estado) nos ayuda a extender esa conciencia decolonial a otros modos aviesos de usurpación, originados en intereses ajenos o en vicios de nuestra propias comunidades. 
1-Propaganda: la difusión interesada y sectorial se ejerce para la colonialidad del saber y del poder. Es un método de dominación por vías diversas: publicidad, selección de programas y noticias del día, trivialización de los temas, control de la tecnología –tevé, internet, celular, cine-, penetración de grupos poderosos en las aulas, las pantallas y las ONG, etc. Sostenida por banqueros, multinacionales diversas, estados, corporaciones, la propaganda manipula los deseos, crea falsos conocimientos y debilita nuestra capacidad de respuesta inmunológica. Esa propaganda es un obstáculo para la conciencia, y un aceite del sistema que nos quiere colonizados y enfermos en el consumismo y las banalidades, enfrentados, divididos y adictos. Aspiramos a que todos adviertan cuál es el estado de servidumbre a que la propaganda comercial pretende llevarnos haciéndolos aceptar como simpáticas las peores herramientas de opresión
2-Ambiente: hoy saludamos la recuperación de la conciencia sobre la armonía del humano en el ambiente y el conocimiento del agua como centro de la vida. Volvemos la mirada hacia las tradiciones de nuestros pueblos, en coherencia con los desvelos ecologistas cuando el sistema productivista y de saqueo ya exige a la tierra lo que no tiene. Debemos mirar la tierra no como espacio para los negocios, la especulación y el saqueo, sino como la Pachamama que es; inclinarnos ante sus ritmos y mensajes, sabernos no enfrente ni arriba sino adentro del paisaje. Al humano no lo mueven sólo los intereses económicos, el individualismo o la ganancia como motor (esa trampa capitalista), sino los saberes, la solidaridad, el dar sin esperar recompensas, la amistad, la independencia.
El dinero, la guerra, la propaganda se han unido para someter la vida a las minorías, manipulando incluso la voluntad de cándidas mayorías sobornadas con el consumismo, tras la destrucción de culturas milenarias.
Pero ni las comunidades ni los saberes están todos sepultados ni la historia ha concluido. El conocimiento es la barrera más eficaz contra la propaganda y la contaminación. Nos queda abonar ese otro mundo auténtico desde la vida austera, liberada de la dependencia en que hemos caído del petróleo, el gas (peor aún con el fracking) y otras energías no sostenibles o excesivamente invasivas del ambiente como las represas en ríos de llanura, o altamente riesgosas y contaminantes como las plantas atómicas y la mega-minería. Ese otro mundo será alentado también desde una retirada del humano para revertir su actitud invasiva que es producto de ignorar la complejidad de la vida y actuar sin saber. 
3-Trabajo: el régimen de extractivismo, contaminación, productivismo y manoseo de la vida arremete hoy con la robotización que deja al humano dos papeles: estorbo del sistema o engranaje del consumo (para lo cual inventaron el despilfarro de la obsolescencia programada por caso). Es hora de pensar en las causas y los efectos del maquinismo y la “inteligencia” artificial. Vemos industrias que ya prescinden del humano. Pero la tecnología no debe destruir ni el trabajo ni la bio-diversidad en cada región, y tampoco obligar al uso de energías contaminantes). La economía de escala en el campo con organismos genéticamente modificados (y patentados) y un combo de químicos sea en agricultura como en ganadería no tiene licencia social. Grandes empresas eluden su obligación social (cajeros automáticos, contestadores automáticos, enormes sembradoras y cosechadoras, ensambles robotizados, industrialismo a escala, etc.
La colonialidad desprecia y oculta las alternativas, muestra un sistema como único, nos hace creer que no hay lugar para todos, que la desocupación es natural. Pero el trabajo decente para todos es posible y necesario. En algunos rubros bastaría con reducir las jornadas de trabajo, distribuir los bienes comunes con equidad y en comunidad, y salir de la vorágine del crecimiento económico permanente de unos pocos camuflado en el PBI. No vemos otra opción para los siete mil millones de habitantes del planeta que una vida austera, serena y compartida. Debemos estar atentos a los obstáculos que interpone el sistema para que las mujeres y los hombres despleguemos nuestras potencialidades. 
4-Hacinamiento: el círculo vicioso al que fuimos empujados por el capitalismo está destruyendo los bienes, aniquilando la biodiversidad y desplazando al humano para amontonarlo. El sistema extirpa al humano de su entorno y de las fuentes de trabajo digno, a las que tiene derecho para hacerse de alimentos sanos y techo, y lo empuja a barrios hacinados, fuentes de enfermedades como la violencia estéril y las adicciones. Es la nueva marca del racismo. Los contrastes de este principio de siglo son ya inocultables: por un lado, mujeres y hombres embarcados en un retorno a la vida complementaria, conscientes del valor de la comunidad. Por otro lado, la modernidad sostenida en una visión reduccionista del humano frío, individualista, atropellador, apurado, donde unos pocos calculan la reducción de poblaciones y especies para sostener sus privilegios. De ahí a las adicciones, la violencia, el femicidio, un solo paso.
Se impone entonces la necesaria expulsión del gran capital (banqueros, terratenientes, grandes grupos y cadenas) y la conversión de sus pretendidas propiedades en espacios para la vida y el trabajo comunitario, con celo por la soberanía particular de los pueblos, entendida como una autonomía participativa, comunitaria, que respete tanto los modos regionales como la unidad de los pueblos.
5-Fragmentación: el sistema de pensamiento fragmentario tiene buena prensa (propaganda) y es fruto del atropello. Más peligroso si lo aceptamos con resignación y colocamos en un escalón inferior los otros modos de pensar, conocer, comunicarse, de vivir en suma, que tejimos los humanos de Abya yala y del mundo. La fragmentación como sistema de pensamiento se expresa también en la práctica en el tradeunionismo de nuestros sindicatos, la mayoría dispersos, mirando los problemas comunes como ajenos y por eso estériles. Los sindicatos tienen como misión la libertad y por tanto la destrucción de los mecanismos de opresión. Pero han restringido su campo de acción en muchos casos a la defensa de intereses corporativos, la negociación de salarios (con resultado dispar) y la recreación, y se han resignado.
Sin perder de vista su función, además de curarse de la burocracia enfermante, los sindicatos deben atender hoy problemas que antes no se veían con claridad, como los derivados de la destrucción ambiental que nos pone al borde de un abismo. Contaminación del agua y el suelo, pérdida de biodiversidad, son temas centrales para la vida y el trabajo, como la modificación climática que (como la inflación) afecta principalmente a los desposeídos. Si los sindicatos no se impregnan de los saberes milenarios del Abya yala; si no abandonan su mirada localista y abren los ojos ante la situación de la vida en el planeta (incluidas las hambrunas de hoy) se harán funcionales al sistema economicista, productivista, consumista, es decir, a la mentalidad occidental. La biodiversidad está dando gritos que los sindicatos no oyen por ahora, fragmentados como están. El problema del agua es nuestro porque los trabajadores tomamos agua, el problema de la velocidad porque los trabajadores morimos en accidentes de tránsito (21 por día en la Argentina, mayoría niños y jóvenes); el problema del suelo y el subsuelo y la relación con la naturaleza porque los trabajadores somos parte del paisaje y no meros espectadores, el problema del hacinamiento porque allí el humano está preso; e incluso (y principalmente) el problema del capitalismo y el consumismo, ¿qué nos impide colocar esos temas profundos en el centro?
6-Tierra: ante el proceso de concentración de la propiedad, urge preservar la biodiversidad, las cuencas, el arraigo, el trabajo comunitario, y garantizar la vida sostenible de las especies a través de una actitud de mínima invasión humana. Se impone el cuidado de los alimentos sanos, diversos, en cercanía, la protección del suelo y el agua. La manipulación genética de las semillas de los alimentos y su patentamiento por multinacionales son ejemplos de la destrucción acelerada de la vida a través del producto más brilloso del sistema que es el capitalismo.
El endeudamiento externo, la especulación, la corrupción a escala, la presencia abusiva de la metrópolis en las decisiones, el fraude del régimen representativo (delegación obligada) que pone al Estado al servicio de la alta burguesía, son algunos de los complementos del sistema de opresión instalado y del relato mentiroso. Así pretenden sepultar la participación. Incluso llamando “democracia” a la plutocracia. Otro eje del sistema: el retorcido régimen impositivo sobre los alimentos, y las desigualdades.
Lo nuestro es comunicación en vez de propaganda; ambiente sano en vez de erosión y contaminación; trabajo digno en lugar de hacinamiento; mirada integral en lugar de fragmentaria; tierra en comunidad y alimentos sanos en vez de avaricia y saqueo: ¿qué organizaciones enfrentarán los desafíos del siglo XXI?
Por eso el mensaje de Tierra del Fuego nos resulta vivificante.
Por el vivir bien y bello y buen convivir, por la vida comunitaria sin exclusiones, por el arte en todas sus manifestaciones, por el trabajo digno, por la participación informada de los pueblos, por la preservación de la naturaleza y allí el humano austero y libre, sin mandones.
 
Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL-
23 de Mayo de 2017.
 
A 10 años de la fundación de nuestro centro de estudios el 23 de mayo de 2007, bajo la luz de José Artigas, Atahualpa Yupanqui, Aníbal Sampayo y nuestros pueblos milenarios. Y a 20 años de las sabias luchas civiles del litoral contra el represamiento del Paraná Medio y por la libertad de los ríos.
 
 
Juan Antonio Vilar                   Alberto Dorati
Profesor                                             Periodista
Presidente JAPL                             Vicepresidente JAPL
 
La JAPL es un Centro de estudios con sede en Paraná, que integran trabajadoras y trabajadores ecologistas, estudiantes, docentes, periodistas, historiadores, cooperativistas, escritores, economistas, artistas y militantes sociales del litoral argentino.